sábado 15 de agosto de 2009

Tito de verano - CRÍTICA: PURO TEATRO


Animalario ha tenido la valentía de poner en escena un Tito Andrónico en versión completa, aunque falte sangre

El joven Shakespeare buscaba un taquillazo, un melodramón de venganza y degüello,

Durante la primera parte se diría que Lima está un poco con el culo entre dos sillas, sin acertar en la graduación de la sangría

Una vez remontada la escarpada cima del dolor, Alberto Sanjuán ya puede remansarse en una locura cósmica

en la línea de la Tragedia española de Kyd y, sobre todo, de El judío de Malta, de su envidiadísimo

Marlowe. Con Tito Andrónico consiguió su primer gran éxito: fue una de las obras más representadas

de la época. Luego le negaron la autoría: aquella empanada de horrores no podía ser suya. Que si

fue un encargo, decían unos, como si no hubiera escrito nunca a medida; que si George Peele pergeñó

el primer acto, decían otros. El caso es que Tito no fue “recuperada”hasta casi dos siglos más

tarde, cuando los estudiosos comenzaron a trazar el árbol genealógico: Tito es el abuelo de Lear;

Aaron desciende en línea directa de Ricardo III y anticipa a Yago en su maldad químicamente pura,

sin justificaciones. A mediados del veinte, Peter Brook se dijo: “¡Artaud, Artaud! ¡Teatro de la

crueldad, cincuenta kilates!”. Siempre se exagera por un lado o por otro, quizás por contagio: Tito

es excesiva en su retórica y un tanto mecánica, casi autoparódica, en su acumulación de atrocidades,

pero tiene pasajes maravillosos y una formidable energía inventiva, una locura burbujeantemente

juvenil, caliente y espumosa como, justo, la sangre recién derramada. Animalario, a las órdenes

de Andrés Lima, ha abordado su nuevo montaje (en el apropiado Matadero, tras su presentación en

Mérida) con sensatez esencial, sin coloraturas “modernas”, y con una loable ambición: yo diría

que es la versión más completa (casi tres horas) realizada en España, a cargo de Salvador Oliva,

que ya firmó la traducción al catalán del estupendo montaje de Rigola hará casi diez años. La escenografía

de Beatriz San Juan es sencilla y eficaz: un giratorio circular, con baldosines romanos, que se acelera

como un carrusel cada vez que el espanto se desboca. Un manto de hojas secas lo convierte en bosque, y

un mantel blanco, en mesa del convite fatal. En el centro hay un pozo, sumidero o boca del infierno

que se traga a los fiambres. A izquierda y derecha, un trompeta (Raúl Miguel) y una chelista (Aurora

Martínez). Música sobria, sin grandilocuencias. Durante la primera parte se diría que Lima está

un poco con el culo entre dos sillas, sin acertar, en mi opinión, en la graduación de la sangría,

frenando el pedal del pathos y con extraños acelerones burlescos. El desmadre lo encarna Tomás Pozzi,

un actor que es la quintaesencia de la energía mochales (algo así como Ulises Dumont on speed) y

cuyo Saturnino, que alterna con Javier Gutiérrez, podría llamarse Caligulín o Peroncito: muy divertido,

pero no sé si era necesario hacerlo tan pasado de vueltas. El villano Aaron (Fernando Cayo), por

su parte, recuerda al Frank Furter de Rocky Horror Show: las muecas y el maquillaje a lo Kiss ayudan

mucho. Y se diría que Alberto Sanjuán duda largamente entre interpretar a Tito Andrónico como un

venerable carlista vasco,un boxeador sonado o Robocop. Su primer gran monólogo (“tierra, no bebas

la sangre de mis hijos”) es espasmódico, artificioso, con escasa emoción, muy lejos de su espléndido

Sade. Enric Benavent (Marcus, hermano de Tito) está envaradísimo y no logra sacar adelante la larga

tirada que sigue a la violación de Lavinia, aunque hay que reconocer que el envite se las trae:

Muñoz Seca parodió, con justicia, momentos similares en el “qué lindo tiempo perdí” de Don Mendo. Y

falta ferocidad en Demetrio (Luis Zahero) y Quirón (Alfonso Bergara), los violadores/mutiladores

de la hija de Tito.

Así las cosas, el gato al agua se lo llevan limpiamente Nathalie Poza una Tamora sensual, suculenta de perfidia, con una dicción curiosamente cercana a

los ritmos de Blanca Portillo, y Elisabet Gelabert, cuya Lavinia, clara y emotiva, es uno de los

mejores trabajos que le he visto. La segunda parte es un subidón colectivo. Una vez remontada la

escarpada cima del dolor, Alberto Sanjuán ya puede remansarse en una locura cósmica, más helada,

más plausible, y más descansada para el oído. La energía de esa demencia le libera también de la

gestualidad de abuelete robótico, que troca por un perfil de hidalgo alucinado. En esa meseta,Tito

se “leariza” a pasos de gigante, y Sanjuán alcanza grandes cotas: el bellísimo pasaje “si hubiera

alguna razón para mis desgracias”, la escena de la mosca o el sublime momento en que ordena arrojar

flechas al cielo (aquí piedras, no sé por qué) con mensajes para los dioses, seguida de la irrupción

del rústico (Julio Cortázar,hasta entonces un soso Bassiano, y ahora hilarante), inequívoco toque

shakesperiano. También Fernando Cayo sube muchísimos enteros porque tiene más carne que mascar.

Su Aaron revela las esencias de Marlowe (mitad Barrabás, mitad Tamerlán en su arrogancia demoniaca:

“Si alguna vez se me ocurrió una buena acción, me arrepiento de ella con toda mi alma”), pero Shakespeare

le concede orgullo racial (“el negro vale más que todos los colores, pues desdeña recibir cualquier

otro”) y esa conmovedora pasión por su hijo recién nacido: pedazo de personaje. Hay una escena que

siempre suele suprimirse o dejarse en los huesos (el último y fallido engaño de Tamora y sus hijos) y

que Lima no lima, felizmente: está muy bien servida por el tándem Poza/Sanjuán, y Zahera y Bergara

consiguen al fin la temperatura adecuada. En ese último tercio me llamó la atención el trabajo de

un joven actor de la RESAD, Juan Ceacero,que interpreta con aplomo y fuerza a Lucio Andrónico, el

sucesor de la saga. La masacre final suele ser, nunca mejor dicho, un plato servido: el director

centrifuga literalmente la espiral de violencia, aunque para mi gusto se queda corto de sangre.

Quien dice sangre dice nervio, músculo y tripa (carencias, ya digo, de la primera parte), pero

también en sentido estricto y general. La contención siempre será bien recibida en esta casa, si

bien Tito Andrónico es de las pocas obras que piden a gritos manchar un poco los manteles, y sentir

los tajos, y ver emerger el pastel caníbal del hoyo: un Tito exangüe es, disculpen el pésimo chis-

(ya llevo dos: va a se el calor) un Tito aguado un Tito de verano

miércoles 12 de agosto de 2009

Federico León: el dueño del cruce


A los 26, debutó en el San Martín con "Cachetazo de campo". Incursionó en el cine y ahora, mezcla ambos géneros con "Yo en el futuro", que estrena el sábado en la Lugones.

Federico León moldea la charla con una fisonomía de tiempos largos. Allana el camino en busca de las líneas que definen el complejo entramado de Yo en el futuro, estrenado en Bruselas y presentado en el último Festival de Aviñon, que este fin de semana debuta en la Sala Lugones del San Martín. "Un espacio donde vi las películas que más me influenciaron - explica-. Nunca se hizo una obra de teatro ahí y me gustó la idea de una sala de cine dentro de un teatro."

León tiene 34 años y tres espectáculos teatrales -Cachetazo de campo (1997), Mil quinientos metros sobre el nivel de Jack (1999) y El adolescente (2003)- fueron suficientes para sacudir con la radicalidad de su lenguaje el teatro porteño. Se pueden discutir en profundidad cada una de sus creaciones y propuestas, pero es indudable que su producción contiene una potencia y una identidad inusitadas. Y que logró un lugar destacado, luego de las producciones gestadas por los directores consagrados en los años noventa.

Sin embargo, reconoce algunas coordenadas claves en su formación: Norman Briski, Ricardo Bartís y fundamentalmente su propia práctica escénica. "Entré a lo de Briski con 15 años -recuerda- y era un lugar complejo. Empecé actuando en varieté, hacía números cómicos a la manera Briski. Con Bartís tomé clases como actor, pero lo más valioso fue verlo cómo intervenía en los trabajos. Mi formación esencial fue haciendo, eso fue lo más importante y concreto. Pero me cuesta armar relaciones o agrupaciones de lo que hago en relación a un contexto. En todo caso, mi forma de producir tiene que ver con la posibilidad de trabajar en lo que tengo ganas. Siempre lo veo en relación a la fuerza de una idea, de un proyecto. En ningún caso existe una continuidad con la manera en que se producía, por ejemplo, hace diez o quince años."

Yo en el futuro es el tercer espectáculo que monta en el San Martín. Una de las características de sus obras es el uso del tiempo, tanto entre cada obra como dentro de cada proceso de trabajo. Por ejemplo, entre El adolescente, inspirado en textos de Dostoievski, y su nuevo espectáculo, pasaron seis años. Para su última creación se tomó tres, aunque en el medio realizó dos películas: Estrellas y Entrenamiento elemental para actores, un telefilme que dirigió junto a Martín Rejtman y que se verá en septiembre en el Camarín de las Musas.

Cuenta que para Yo en el futuro, que contiene el trabajo de un equipo de filmación y transcurre casi en su totalidad en el proscenio de la Lugones, tuvo distintas inquietudes "en torno a cosas muy diferentes de lo que terminó siendo la obra -dice-. Había algo de inicio que tenía que ver con la reproducción exacta, con hacer una instalación que consistía en repetir videos tal cual fueron creados. Por ejemplo, tomar la entrega de premios de un club en los años cincuenta y reponerla con actores de hoy. Después aparecieron otras ideas para la realización de la obra: tres hombres de alrededor de ochenta que contratan a tres jóvenes para que reproduzcan sus videos de infancia y juventud."



En un proceso de ensayo tan largo, ¿cómo se fue modificando tu mirada respecto a los materiales que finalmente definieron este trabajo?

En varios momentos se nos ocurría pensar qué estábamos haciendo. Eso lo sentí más que en otros espectáculos. En la medida que uno intenta no explicar ni bajar de manera racional lo que siente de la obra, quien la ve recibe algo múltiple. Fue un proceso diferente en el tiempo porque dedicarle cinco meses a un casting es algo más cinematográfico que teatral. Fue realmente una mezcla de cine y de teatro. Por ejemplo, se filmaron escenas para una película de media hora, que proyectamos durante el espectáculo. Algunas escenas las hicimos con extras vestidos, peinados de los años cincuenta, para una imagen que dura veinticinco segundos en la obra. Por otro lado, pensé que la construcción de Yo en el futuro no tuvo que ver con la interpretación. Antes, para mí, el actor era el centro de la dramaturgia y de la puesta. En este caso, fue diferente. Los actores fueron instrumentos, formaban parte de una totalidad. No estaban en el centro.

¿Necesita el teatro del cine?

Creo que no. Me parece que cada proceso necesita cosas diferentes. Pienso, sí, que hubo un marcado interés en los últimos cuatro años del cine hacia el teatro.



¿En qué?

Basicamente, creo que el cine tomó actores, procesos de trabajo y producción utilizados por el teatro. Por otro lado, para mí siempre existió el deseo de la gente de teatro de involucrarse en el cine.



El eje de "Yo en el futuro" es cierta reconstrucción como ritual escénico, ¿qué particularidad tienen estos personajes y cuál es su relación?

Es un proyecto de tres personas que deciden registrar distintos eventos a lo largo de su vida. Todo empieza en una salida de ellos a un cine en la década del cincuenta, donde ven un número vivo, aquellos que durante el peronismo les daban trabajo a los artistas de variedades. En ese momento, antes de una película, el espectador podía ver a un amaestrador perros o una pianista en escena. Por eso, para rememorar aquellos números en vivo, el espacio donde se hace la obra es muy angosto. Yo en el futuro propone un juego, una especie de quién mira a quién en distintas épocas hasta que en un momento se pierde la temporalidad. Resurge una idea recurrente acerca de que todos los tiempos confluyan en uno solo. Por ejemplo, estos personajes, a los ochenta años, intentan repetir un beso que se dieron a los diez. Tienen una especie de obsesión por repetir, algo que podría continuar incluso después de su muerte. Una transmisión ritual.



¿Cuál fue la propuesta desarrollada en los ensayos para recrear este procedimiento de "repetición"?

Tuvo que ver con pensar cómo transmitir nuestras ideas. Convocamos actores y extras, a los cuales leíamos nuestro guión de acciones, porque no teníamos un texto convencional. Les decíamos la manera de asociar el vivo, es decir el espectáculo de los actores en el teatro, con el video ya grabado. Gran parte del proceso de ensayos eran esas lecturas donde parábamos la filmación y explicábamos la propuesta a los actores que se iban sumando a nuestro proyecto ya filmado. También transmitimos una cuestión con los objetos, muy obsesiva para nosotros, que aparecen en la película.



¿Cuál es actualmente tu relación con la escritura?

Siempre la vi relacionada a la dirección. En Estrellas había una dramaturgia sutil, ligada a cosas inventadas por nosotros. Lo nuevo es que Estrella, Entrenamiento elemental para actores y Yo en el futuro fueron escritas en conjunto. Son trabajos de grupo.

martes 4 de agosto de 2009

NUEVA OBRA DE CARLOS CASELLA Cuando el azar altera el orden


En el Centro de Experimentación y Creación del Teatro Argentino de La Plata, que dirige Martín Bauer, hoy se estrena "Random".

El Centro de Experimentación y Creación del Teatro Argentino de La Plata (TATEC) estrena una sala, hoy, con un espectáculo coreográfico de Carlos Casella. La obra cuenta con música de Alejandro Terán, escenografía de Juan Cavia y Pablo Calmet, vestuario de María González e iluminación de Federico Cantini. El elenco está conformado por Leticia Mazur, Noelia Leonzio, Margarita Molfino, Pablo Lugones, Mariano Kodner y Lucas Cánepa.

Carlos Casella describe la obra, titulada Random, como "ese momento inespecífico e inesperado en el que aparece el azar alterando el orden, la planificación o el diseño que da origen a las cosas. Ese movimiento, un poco incongruente, imprevisible, genera a veces un monstruo de caprichosa belleza". El término inglés random alude a las decisiones que se toman sin un método preciso; sin embargo la información difundida previamente aclara que este concepto no debe aplicarse de manera literal a la pieza que se estrena hoy.

El TACEC es dirigido por Martín Bauer, que anteriormente y durante un extenso período dirigió el Centro de Experimentación del Teatro Colón. En cuanto a Carlos Casella, su carrera se inició a fines de los años '80 curiosamente como voz líder del grupo Modelo Blanco. Paralelamente comenzó su trabajo como coreógrafo y bailarín y en 1990, junto con Ana Frenkel, fundó el grupo de danza-teatro El Descueve. También formó parte de la compañía original que realizó el espectáculo Villa-Villa (grupo De la Guarda) y realizó varias coreografías de manera autónoma. Habría que destacar la creación de Play Back, concebida especialmente para el Ballet Contemporáneo del Teatro San Martín, por la que recibió en 2007 el Premio Clarín Espectáculos. Casella sigue igualmente desarrollando su carrera de músico y cantante -tanto compositor como intérprete- de distintas obras teatrales y coreográficas. Las entradas generales para este espectáculo tienen un valor de $ 5 y pueden adquirirse en las boleterías del Teatro Argentino de martes a domingos de 10 a 20. Información gratuita en el 0800-666-5151.

lunes 3 de agosto de 2009

EL EXTRANJERO


Jamie Lloyd: El joven timón de una gran obra

Tiene 28 años. Dirigió en Londres "Piaf" y fue convocado para la versión local. Habla maravillas de Elena Roger y dice que a nivel actoral la versión argentina es de mayor calidad que la estrenada en Europa.
A los 28 años, el británico Jamie Lloyd asentó su prestigio como director con Piaf,

el potente espectáculo protagonizado por Elena Roger, que recientemente se estrenó en Buenos Aires. Bajo su dirección, la obra debutó el año pasado en el Donmar Warehouse de Londres y cosechó tantos elogios como la versión que se presenta ahora en el Teatro Liceo.

El director se instaló en Buenos Aires por dos meses para tomar las riendas del montaje en la Argentina, con elenco y técnicos locales. Sin embargo, tuvo el mismo dínamo esencial del espectáculo con el que contó en Londres: Elena Roger. Lloyd no se cansa de repetir elogios hacia la actriz argentina. "La conocí cuando fui asistente de Michael Grandage en Evita. Elena es excepcional. Una artista íntegra con gran ductilidad."

Jamie Lloyd comenzó sus estudios en 1999 en el Liverpool Institute for Performing Arts, escuela por donde pasaron Ringo Star y Paul McCartney, entre otros. "Era una formación integral, pero con los años fui relegando la actuación y me concentré en dirigir mis proyectos —dice—. Me di cuenta de que disfrutaba mucho más dirigir que actuar. Al poco tiempo llevé mi trabajo al National Student Drama Festival y a Edimburgo. Pero fue la versión que dirigí para un teatro de Sheffield de The Caretaker, de Harold Pinter, con la que se me abrieron las puertas de espacios importantes en Londres, como el Donmar Warehouse o el Royal Court".

Con un intenso recorrido en teatro de texto, Piaf es el primer musical que dirige Jamie Lloyd. "Sin embargo —aclara— la obra de Pam Gems es un texto que otorga mucha libertad al director que decida abordarlo. Escuché detenidamente cientos de canciones de Piaf, porque la música crea situaciones dramáticas que acompañan diferentes momentos de su vida. Piaf no es un musical en el sentido más tradicional, es un viaje que recorre episodios de una vida. Son canciones hermosas, de melodías y letras sofisticadas. Y creo que a nivel sonoro y de clima, funciona mejor aquí que en Londres. El Teatro Liceo es lo más adecuado para este espectáculo porque pertenece al formato de salas donde justamente cantó la Piaf."



En líneas generales, estás contento con esta versión.

No sólo eso. Sinceramente, creo que a nivel actoral la versión argentina es de mayor calidad que la estrenada en Donmar. La energía de los actores, la conexión emocional que tuvieron con la trama y los personajes de Piaf hizo un espectáculo sumamente intenso.



¿En qué se modificó, según tu visión, el trabajo de Elena Roger al interpretar el papel en castellano?

Pudo encontrar mucho más detalles del personaje. Ella fue brillante en Londres pero aquí se la ve más real en su interpretación. Elena recorre la vida de Piaf desde joven, en las calles parisinas, hasta la vejez en sólo una hora cuarenta minutos. Sin descanso y nunca deja el escenario. Ese viaje por la vida de Edith Piaf es mucho más creíble aquí, porque Elena no tiene la presión del idioma y eso la libera para ingresar de un modo mucho más profundo en la vida del personaje.



¿Cómo fue, tras la puesta original, trabajar con la versión porteña?

Fue comenzar desde cero, con los actores, los técnicos. Encontrarme con ellos y poder mostrar mi punto de vista sobre el espectáculo. Esa relación creó algo muy distinto a la versión estrenada en Londres. -

jueves 16 de julio de 2009

Bellos y sufridos corazones . . .


Con la dirección de Carlos Casella, Ana Frenkel y Daniel Cúparo, se estrena Corazón idiota, una comedia con una impronta bien Descueve

Hace dos años, cuando Carla Peterson recién arrancaba con las grabaciones de Lalola y ni imaginaba todo lo que vendría después de la mano de Los exitosos Pells , y Griselda Siciliani todavía estaba ocupada con Patito Feo y no figuraba en su horizonte protagonizar una comedia dramática en plena avenida Corrientes dirigida por Daniel Veronese, estas dos actrices ya empezaban a pergeñar una aventura que mañana llega al escenario de la sala Pablo Neruda del Complejo La Plaza.

Es que Corazón idiota ?la obra en cuestión? nació de las ganas de estas dos intérpretes, que se conocieron durante las grabaciones de Sos mi vida, donde Peterson era la malísima Constanza y Siciliani, la boba de su prima Debi. De compartir tanto diálogo desopilante surgió una amistad que las llevó a descubrir que les gustaba lo mismo, que habían hecho un recorrido artístico semejante, que disfrutaban de producir sus propios espectáculos y que se morían de ganas de hacer algo juntas. Algo que les exigiera transitar por los lenguajes de la danza, el canto y la actuación, que les permitiera contar una historia, que les significara un nuevo y mayor desafío.

Así fue como a Siciliani se le ocurrió la idea de invitar a Carlos Casella para que las dirigiera. Ella quería esa impronta que había probado cuando participó ?por un reemplazo? de Hermosura, la obra del grupo El Descueve que él había dirigido junto con Ana Frenkel y en la que también actuaba Daniel Cúparo, precisamente quienes luego se sumaron al equipo de dirección. Entre los cinco armaron un equipo compacto que durante meses imaginó y probó historias, esquemas de trabajo y lenguajes escénicos que finalmente arribaron a lo que es hoy Corazón idiota, título que sumado a la foto promocional del espectáculo (en el que la dupla Peterson-Siciliani aparece llorosa, sufriente y eterna perdedora) puede dar una idea de hacia dónde va la cosa. Pero casi seguro que la idea es equivocada, ya que con tres ex Descueve firmando texto y dirección nada se puede predecir.

"Es una comedia, un musical, pero no una comedia musical", arranca Peterson. "Es una comedia que tiene música y humor", se suma Siciliani. Ellas cantan, bailan, actúan e interactúan entre sí y con otros cuatro actores-bailarines (Fernando Tur, Leo Kraimer, Rakhal Herrero y Diego Rosental), que interpretan a los miembros masculinos de una banda de música de la que ellas son las coristas. Desde ese lugar ?falsamente secundario? Peterson y Siciliani cuentan la historia de estas dos mujeres en permanente estado de alteración.

"Para ellas, la vida, el amor y los deseos son puro sufrimiento, están todo el tiempo en carne viva, al límite. Viven las cosas con una intensidad que no tiene nada de costumbrismo ni naturalismo. Llega un momento en el que pareciera que el espectáculos se te viene encima", se entusiasma Siciliani. "Es que en el estado en que están no se puede pensar mucho, sólo reaccionan hacia lo que sienten", secunda Peterson.

Maneras de sufrir

De allí que los corazones de estas dos mujeres sean un poco idiotas, aunque sufren distintos tipo de idiotez. "Si vas al diccionario, en idiota aparece «falto de instrucción», y ahí hay una clara diferencia, a cada uno de nuestros corazones le falta una instrucción diferente, por lo que no sufren de la misma manera", sigue Peterson, que para hacer latir su corazón al ritmo que le exigía la propuesta que ella misma estaba engendrando tuvo que prepararse con una voluntad y una decisión inusitadas.

Es que la vida le llegó a esta actriz, y un viento fuerte de popularidad y oportunidades la despeinó y le llenó la agenda de otros ensayos, otras grabaciones, otros compromisos que bien podrían haber desplazado eternamente esta idea loca de "hacer algo juntas". Concluyó Lalola, llegaron los premios, empezó y terminó (anoche nomás) Los exitosos Pells y Peterson tuvo que hacer malabares para estar en todas partes y no dejar su sueño atrás. "La verdad nunca estuvo en duda la idea de seguir, siempre tuvimos las ganas intactas", explica Siciliani, quien también se las vio negras para combinar los ensayos, primero, y luego las funciones de La forma de las cosas ?la obra en la que la dirige Veronese? con estos ensayos que hoy terminan.

En los momentos de encuentro aparecía la voz de Frenkel desde algún rincón de la sala: "A correr, a correr". Y luego de horas y horas de grabación o ensayo las dos actrices sacaban fuerzas de donde no tenían para entrar en clima y ponerse a la par del resto del elenco, que las esperaba con paciencia. "Era genial, ellos (por Frenkel, Casella y Cúparo) trabajan de una manera muy rigurosa y con mucho entrenamiento durante los ensayos. No es sólo pasar la obra: se prepara el instrumento para esta propuesta en particular, con clases especialmente pensadas para esto", sigue Siciliani. Entonces, en esos espacios en los que era difícil juntarlas, el trabajo pasaba por profesores especiales que apuntaban allí donde más lo necesitaban.

Y la música ?en este sentido? era un punto de alta demanda. Es que detrás de esa banda que se armó arriba del escenario, detrás de sus canciones originales o de las reversionadas, está la firma de Diego Vainer, otro ex Descueve. El los entrenó para que funcionaran como una banda de verdad y para que ellas fueran sus auténticas coristas. Aunque en el caso de Carla Peterson el desafío implicó un trabajo particular y extensivo: "Es la primera vez que canto en público, imaginate que me daba vergüenza hacerlo delante de mi profesor, así que esto de cantar con una banda, con pista, con micrófonos y todo fue el mayor desafío. Muchísimo más que bailar. Ahí tuve que volver a poner el cuerpo en movimiento, pero yo bailé durante mucho tiempo, no era algo extraño para mí".

Ni ellas imaginaron a lo que llegaría esa idea de hacer algo juntas. Nunca se les habría ocurrido pensar en la calle Corrientes, en tenerlo a Ariel Baccaro pensando la escenografía o a Gonzalo Córdova pergeñando la iluminación. Sólo se habían animado a invitarlo a Casella y se sorprendieron con todo lo que llegó. Es claro que en estos dos años sus carreras artísticas crecieron de tal forma que era de esperar que esta propuesta creciera con ellas. Y acá está este sueño que empezó chiquito y con mucho corazón, pero sin lugar a dudas uno que no tenía nada de idiota.

Para agendar

martes 30 de junio de 2009

Se estrenará Random, en el Centro de Experimentación platense


Casella armó un equipo que promete A merced del reconocido coreógrafo, seis jóvenes bailarines muy interesantes salen a la cancha en el Argentino

Sin patrón, aleatorio, impredecible; carente de cualquier plan definido, orden u objetivo. Todas estas son posibles definiciones para traducir del inglés la palabra random . De modo que tal vez como elección arbitraria -o quizá sean los movimientos los arbitrarios-, el coreógrafo Carlos Casella llamó así a su nuevo trabajo, una obra comisionada por el flamante Tacec (Teatro Argentino Centro de Experimentación y Creación), que se estrenará pasado mañana. Con esta puesta, quedará inaugurado un espacio para 140 espectadores ubicado debajo del escenario de la gran sala Ginastera.

Pero antes de que la idea de caos les gane a las de investigación y creación -es a sus frutos que se orienta este centro-, con gran experiencia detrás, Casella apunta: "El espectáculo alude a ese momento inespecífico e inesperado donde aparece el azar alterando el orden... Ese movimiento incongruente, imprevisible, genera a veces un monstruo de caprichosa belleza". Y si para la danza contemporánea local un estreno de Casella siembra, en sí mismo, una semilla de expectativa, más prometedor resulta esta vez reparar en el equipo que el señor Descueve armó para salir a la cancha.

Se trata de seis jóvenes habitantes del circuito de la danza y el teatro independiente de nuestro país, que pese a sus cortos años ya han dado muestra en su carrera de unas cuantas buenas acciones. Varios de ellos, inclusive, conectados entre sí.

Es el caso de Leticia Mazur, artista de sólida formación aquí y allá, y también más allá de la danza, que en la última década trabajó -como bailarina y también como coreógrafa- en infinidad de espectáculos: del Villa Villa, de De la Guarda a la halagada y exportada Secreto y Malibú, de Diana Szeinblum, y más acá en el tiempo, la Guaranía, de Casella, su magnífica creación como coreógrafa llamada Ilusión (2008) y Los quiero a todos (2009). En tren de conexiones, en estas dos últimas obras Mazur trabajó con la segunda de las tres mujeres que tendrá Random , Margarita Molfino, bella bailarina que conquistó al público de la danza contemporánea con su fascinante rol en el dueto romántico que fue Ilusión -obra que, tras su éxito, planea reposición para este año-. La tercera dama que les pondrá el cuerpo a los azares de esta pieza es Noelia Leonzio quien, como Molfino, fue partícipe de la Planicie Banderita, de Andrea Servera, supo sumarse al Grupo Krapp en tiempos de Mendiolaza, yrecientemente se la pudo ver en el Festival Ciudanza como intérprete de una versión outdoor de aquel Amanecer moscovita que Pablo Lugones creó y dirigió este año para el ciclo Menores de 25 del Rojas.

Y con esto se enlaza un nuevo eslabón en la cadena de antecedentes, puesto que Leonzio y Lugones ya habían hecho juntos Alaska , de Szeinblum, y Montecarlo , de Casella (y de Szeinblum y de Casella hay que remarcar su influencia en la generación posterior). Lugones aparece más fresco en la memoria como uno de los seis actores que Lola Arias puso en escena en la reciente Mi vida después , esa sencilla y a la vez tan compleja puesta de una colección movilizante de relatos en la que el bailarín platense, nacido en 1983, dejó ver entre muchos otros atributos su pasado folklórico.

Todavía en cartel con Pura cepa , el muy físico Lucas Cánepa (ex De la Guarda y Fuerza Bruta) se suma al dream team de Casella, que tiene en Mariano Kodner su sexta pieza, la más actoral. Dream team que por sus relevantes cualidades no podría entrañar un verdadero imprevisto ni un auténtico random .


Random, obra con coreografía, idea y dirección de Carlos Casella.

Tacec, Calle 10 y 53. Pasado mañana, el viernes y el sábado, a las 20.30; el domingo 5, a las 17. Entradas: 5 pesos. Más información: 0800-666-5151.

lunes 22 de junio de 2009

Fernando Peña: Crónica de una muerte anunciada


El actor y conductor de radio murió ayer a los 46 años, de un cáncer de hígado. Desde hacía 8 años era portador de HIV. Polémico y transgresor, compuso una galería de entrañables criaturas. Hasta la semana pasada condujo "El parquímetro" desde su casa. Estaba realizando un documental sobre su enfermedad.

Lo que pasa es que yo me hago mucha mala sangre", solía bromear Fernando Peña sobre su enfermedad y su muerte siempre inminente, temas recurrentes desde hace ocho años, cuando declaró públicamente ser portador de HIV y decidió transmitir su ciclo de radio, El parquímetro, desde la clínica donde le aplicaban quimioterapia.

Actor de teatro y TV, inefable conductor de radio (elegido dos años consecutivos "Hombre de radio" en los Premios Clarín Espectáculos), personaje mediático, transgresor y entrañable, ayer, a las 16.40, Peña murió en el Instituto Fleming de Belgrano, adonde estaba internado por un cáncer de hígado. Sus restos eran velados anoche en la Legislatura porteña.

Había cumplido 46 años el 31 de enero. Hasta la semana pasada seguía haciendo su programa radial desde su casa. Y, hasta hace un mes, protagonizaba en teatro Diálogo de una prostituta con su cliente.

"La gente que vive apasionada muere joven. Yo imagino así mi suicidio: voy a ir en el auto, a 80 kilómetros por hora, feliz y distraído, y me voy a llevar una columna por delante", fantaseaba hace unos años, cuando su enfermedad parecía controlada. No pudo cumplir ese deseo. La muerte no lo encontró distraído: lo encontró presente, peleando, resistiendo hasta el último minuto.

"Claro que me importa morir, pero más me importa vivir bien", desafiaba, y no era mera provocación. De hecho, cuando una neumonía parecía haberle ganado la batalla, decidió suspender los cócteles y los tratamientos, que cada vez le traían más efectos secundarios y le impedían vivir la vida que había elegido. En este último mes, con un diagnóstico de cáncer terminal alojado en el hígado, Peña supo que esta vez sí era el final: protagonista de su propio reality, empezó a filmar un documental que incluyó imágenes de sus médicos y de sus últimas internaciones. Era su "legado": una manera de desdramatizar la muerte y familiarizar a la gente con la enfermedad, dijo en una última entrevista televisiva.

Nacido en Montevideo en una familia acomodada, con un hermano músico, Federico, y un probable hijo al que nunca conoció, Peña era un hombre feliz. Contaba sin ruborizarse que solía mirar el cielo y decirse a sí mismo "pensar que esto es todo lo que soñaste". Su sueño realizado era hacer teatro en una sala céntrica porteña, vivir de su trabajo, producirse a sí mismo y abastecer a su pequeño grupo de "incondicionales": dos docenas de personas con las que armaba sus espectáculos.

"Me conoce todo el mundo, mamá", decía que le hubiera gustado gritarle a su madre -la imponente actriz y cantante española Malena Mendizábal-, que nunca confió en su talento. Cuando ella murió, en el '97, Fernando Peña no existía. Era, todavía, la misteriosa voz de Milagritos López en un programa radial que conducía Lalo Mir por la Rock & Pop.

Cuenta la leyenda que Lalo lo descubrió en un vuelo de American Airlines, la aerolínea en la que Peña trabajaba como comisario de a bordo. De tanto escuchar a una cubana que deliraba por el altavoz, Lalo la quiso conocer, y así comenzó la carrera radial de Peña. Pero ese no fue, en rigor, su debut. Su primera entrada había sido en la infancia, cuando su padre, el conocido periodista deportivo Pepe Peña, lo llevó a un programa. "Papá, me meo", fueron sus primeras palabras al aire.

De columnista de Lalo, Peña -que había estudiado teatro desde chico, cuando vino con su familia a vivir a Buenos Aires, y había sobrevivido dictando clases de inglés- pasó a su programa propio: El parquímetro (por FM La Metro) se emitía de lunes a viernes de 10 a 14, y fue un éxito indiscutido durante tres años, en los cuales desplegó una enorme galería de personajes que se disputaban el micrófono, superponiendo sus voces (ver Los rostros...).

De La Metro pasó a la noche de la Rock & Pop con Cucuruchos en la frente, un ciclo que no tuvo tanta suerte. Pero ya tenía sus fans. Mientras sorprendía con sus unipersonales teatrales (en los que escandalizaba e interactuaba con el público), el personaje de transgresor que alimentaba para los medios evolucionaba hasta dejar de ser un marginal, temido por sus declaraciones, para convertirse en el "niño mimado" de la TV. Amigo de Jorge Rial, de Juan Castro, de Luis Majul y de Oscar González Oro, todos seducidos por sus opiniones sin filtro, su indisimulable bonomía y la inocencia infantil que se traslucía detrás del personaje.

"Yo no celebro estar vivo, la vida para mí no es maravillosa, es una circunstancia y punto", se jactaba antes de estrenar La burlona tragedia del corpiño, dedicado a su madre y a su abuela, Gloria Ballardo, que lo crió leyéndole a Lorca y a Juan Ramón Jiménez.

Peña dijo alguna vez que si no se hubiera dedicado a actuar, hubiera sido un "puto triste... Un Barreda, un asesino serial". La locura -que había amenazado a toda su familia- era una de sus obsesiones, y la exorcizaba actuando: "Yo a la locura la despliego en el escenario, le tengo pánico a esa gente contenida, tan compuesta".

Decía que no creía en los finales felices, y solía sentirse malinterpretado cuando lo acusaban de provocador: "A mí me encantaría pararme en el Obelisco y decirles a todos: déjenme terminar, pero escuchen bien lo que tengo que decir". ¿Qué? "Que soy un romántico, que no provoco al pedo, que mi provocación tiene un sentido y un rumbo... que la necesito, para poder embellecer el final". Un final anunciado, pero igualmente triste.

jueves 18 de junio de 2009

Fernando Peña: el artista de la provocación


Murió ayer la figura polémica y multifacética, que dividió aguas con su estilo áspero y frontal

Víctima de un cáncer, el actor Fernando Peña falleció en la tarde de ayer a los 46 años en la clínica Alexander Fleming, de esta capital, donde había sido internado tres días atrás. El anuncio del deceso fue hecho por el animador Matías Martin en FM Metro, donde Peña era figura y hace muy poco ?el 30 de abril último? festejaba los diez años de su exitoso ciclo El parquímetro con una transmisión especial de 14 horas ininterrumpidas.

Nacido el 31 de enero de 1963, en Montevideo, hijo del reconocido y polémico periodista deportivo Pepe Peña, fue una figura multifacética y dueño de un incansable espíritu provocador. Su estilo irreverente, su manera de decir lo que sentía y lo que le parecía no sólo acumulaba multas del Comfer, sino también seguidores que se sentían identificados con sus decires y detractores de dos tipos: aquellos que se escandalizaban y quienes, simplemente, no compartían su manera absolutista de pensar.

A comienzos de 2001 dijo: "La muerte es una obsesión. Desde hace seis o siete años vengo con esta idea de que ya está, de que me encantó pero ya está. Y no es que le huya a algo. Lo que pasa es que me aburro todo el tiempo". Portador de VIH, Peña contrajo el virus en 1987 a través de su pareja, que falleció por el mismo motivo. Se enteró de esa condición en 2000, año en el que desarrolló un linfoma agudo inextirpable. Luego de un severo tratamiento de quimioterapia y cócteles de drogas, logró minimizar la carga viral hasta volverla casi indetectable. "Estaba cuatro días por semana, las 24 horas, conectado a la máquina de quimio. Y a la semana me empezaban los dolores, los calambres, la falta de aire, me dolía todo. Pero, bueno, lo eliminé", confesaba por entonces.

Aunque, según sus propias palabras y los comentarios de sus allegados, ya estaba "cansado". Llegó a decir a LA NACION: "Nunca fui tan feliz como cuando tuve cerca a la muerte. Sentí una paz interna tremenda, una enorme felicidad y una alegría desconocidas". En los últimos tiempos, las preocupaciones sobre su salud reaparecieron, pero a través de un cuadro oncológico. Sólo con el agravamiento del mal fue dejando sus múltiples compromisos: la radio (siguió casi hasta el final conduciendo desde su lugar de internación), el teatro (debió cancelar hace tres semanas su última obra, Diálogo de una prostituta con su cliente ), columnas semanales en el diario Crítica y una gran exposición mediática. La última fue el 17 de mayo, en DDT , el ciclo de Jorge Lanata, frente a Luis D´Elia. Antes, Peña había sido el primer destinatario concreto de los odios del dirigente piquetero, que anoche hizo públicas sus condolencias.

Un actor en el aire

Peña empezó a estudiar actuación a los 15 años junto a Hedy Crilla, y siguió aprendiendo con profesores de la zona norte del Gran Buenos Aires, donde vivió la mayor parte de su vida. Su primera obra teatral fue Shadow Box (1982), en el teatro de Icana, hablada enteramente en inglés. El dominio de ese idioma lo llevó a trabajar varios años como comisario de a bordo en una aerolínea norteamericana (su libro de memorias, Gracias por volar conmigo, se convirtió en un best seller) y ése fue su pasaporte a la fama.

Durante un vuelo tomó el micrófono y les habló a los pasajeros como la cubana Milagritos López, su personaje más querido. Entre los oyentes estaba Lalo Mir, quien no dudó en convocarlo y contratarlo para la radio. Esa fue su primera tribuna.

Pasó por Horizonte (junto a Elizabeth Vernaci), Rock & Pop (con Mir), Energy y la Metro con populares personajes como Palito, Mario Sabino, Martín Reboira Lynch, La Mega, Roberto Flores, Dick Alfredo y Albert. Su mayor éxito en ese medio, junto a Diego Ripoll, fue El parquímetro , blanco del Comfer en tantas oportunidades que debió ser levantado en 2001.

La masividad le llegó a través de la televisión. Un buen día, la curiosidad de Susana Giménez por conocer al hombre de las mil voces la llevó a invitarlo a su programa. "¡Los productores empezaron a correr por todos lados y me pusieron la musiquita!", recordaba hace poco entre carcajadas. Fue cuando se le ocurrió definirse en una forma que lo caracterizaría: "Soy un puto sufrido". A partir de allí se hizo tremendamente popular en muy pocas semanas.

lunes 18 de mayo de 2009

TEATRO: "HEDWIG AND THE ANGRY INCH"

Un canto transexual Comedia musical de culto, aquí se presenta en el Roxy Live, con Germán Tripel y Florencia Otero.

Un canto transexual Comedia musical de culto, aquí se presenta en el Roxy Live, con Germán Tripel y Florencia Otero.
Un canto transexual Comedia musical de culto, aquí se presenta en el Roxy Live, con
Germán Tripel y Florencia Otero.
Sobre el escenario, una batería, un teclado, dos guitarras y un bajo esperan. De pronto, envueltos en humo, la banda entra, se apodera de ellos, y segundos después la escena es la de cualquier recital de rock.

En medio de esa potencia sono ra, una mujer escupe, con visceral masculinidad, las estrofas de una canción y sostiene una actitud desafiante frente al público. Frente a sus músicos. Y frente a Yitza, el barbado y menudo muchacho que le hace coros con voz de mujer.

Así arranca la versión local de Hedwig and the Angry Inch (Hedwig y la pulgada rabiosa), el musical que John Cameron Mitchell escribió en 1997, que lleva más de 50 producciones en distintos lugares del mundo, y que pasó al cine con ingreso casi directo a esa categoría que llaman "de culto".

"En este caso lo que se trató de reproducir aquí es la puesta teatral, que tiene diferencias importantes con la película", aclara Germán Tripa Tripel, quien tras su participación en Rent, invirtió su verano en la preparación del rol principal.

Ambientado en el lado Este de Berlín, el comienzo de la historia muestra a un preadolescente que se debate en la definición de su sexualidad. Enamorarse de un oficial del ejército norteamericano lo impulsa a elegir la transexualidad. pero un error en la cirugía lo deja con una molesta pulgada que marcará su vida, más allá de la caída del muro y los cambios que vivió el mundo después de los '80. Esa es la historia que Tripel, enfundado en vestidos que dejan al descubierto buena parte de su cuerpo, cuenta entre canción y canción. Una trama que tiene en Yitza, que interpreta Florencia Otero, a la mitad complementaria del protagonista.

La pareja cuenta que meterse en sus personajes les requirió un entrenamiento de varios meses. "Primero, con Mosquito Sancineto, quien nos impulsó a hablar con transexuales, con gente a punto de operarse: las verdaderas Hedwig. Y luego con Gustavo Carrizo, el coreógrafo", apunta Otero. "Son dos personajes muy complicados, que hablan y viven una continua dualidad, que desde lo conceptual provoca cierta molestia y desde lo actoral propone un desafío", agrega Tripel, con rastros, en su rostro, del maquillaje que lo caracteriza. Un trabajo de make up de casi dos horas.

Casi lo mismo que dura esa mezcla de concierto y stand up a lo largo de la que se desarrolla el guión. Planos que el espectáculo resuelve en forma despareja. En tanto que la acertada interpretación musical de Tripel, con un muy buen manejo vocal, no consigue ser igualada los monólogos que, en pos de reproducir una acentuación y una entonación extranjera, pierden frescura y, por momentos, rozan la monotonía. Un detalle que, en parte, conspira contra la muy buena relación que se establece entre los cantantes, la banda y las canciones.

miércoles 13 de mayo de 2009

El gran desafío de Karina K - TEATRO: CRITICA - "SOUVENIR"

La actriz se luce interpretando a la peor cantante lírica de la historia y se convierte en lo mejor de la obra.

La actriz se luce interpretando a la peor cantante lírica de la historia y se convierte en lo mejor de la obra.
La composición que hace del personaje, una mujer bastante mayor que ella, es brillante. Souvenir es una nueva oportunidad para que Karina K se luzca y la actriz la sabe aprovechar muy bien.

En su búsqueda de Florence Foster Jenkins, Karina encontró un arsenal de recursos altamente rendidores. Con un andar lento, expresiva gestualidad, una acertada postura corporal, la impostación de la voz y un vistoso vestuario que remite a la época, construye a esta soprano estadounidense que vivió entre 1868 y 1944 y que se hizo famosa como la peor cantante lírica de la historia que, pese a eso, triunfó en Broadway. Un desafío para Karina que, siendo dueña de una voz afinada, logra desentonar con gracia; equivoca las notas en los lugares exactos, de modo que su desafinación resulta natural.

El texto, que a nivel dramatúrgico presenta algunos problemas, favorece de todos modos a la actriz: porque es un libro para sólo dos intérpretes y el peso protagónico está repartido entre ellos y porque su personaje es sumamente querible. Souvenir es una obra de Stephen Temperley, que se centra en la vida de Florence Foster Jenkins desde la mirada de Cosme McMoon -a quien interpreta Pablo Rotemberg-, el pianista que acompañó a Florence durante los últimos 12 años de vida de la cantante. La puesta muestra los ensayos, los recitales que ofrecen juntos (primero en una sala más íntima y luego en el Carnegie Hall) y el vínculo entre la cantante y el pianista; pero por momentos las situaciones se vuelven reiterativas.

Dirige el espectáculo Ricky Pashkus, quien buscó imprimirle dinamismo con recursos como la entrada de Pablo Rotemberg desde la platea. Renata Schussheim capturó con el vestuario la esencia de un personaje extravagante, que en su último recital luce un vestido por canción.

A Pablo Rotemberg le falta todavía afianzarse en su rol. No le tocó un personaje fácil: como relator, tiene mucho parlamento; en la representación de situaciones, debe sostener a Florence. Protagoniza gags cómicos y momentos emotivos, además de tocar hábilmente el piano en vivo.

Ella dice convencida que tiene oído absoluto. Cosme procura preservarla de las burlas del público y de algún modo, sobre el final, termina mintiéndose a sí mismo sobre el talento de esta dama de la sociedad, proclive a la caridad. El desenlace, onírico.

domingo 12 de abril de 2009

Julio Chávez y Cecilia Roth: ficción por partida doble

Son los protagonistas de Tratame bien, el nuevo unitario de Canal 13, y de la segunda temporada de Epitafios

En sus mejores días, cuando sus implacables críticos se sienten benévolos, la televisión es considerada la forma más popular del entretenimiento. En sus peores días, a la pantalla chica se le cuelga el mote de boba y se la acusa de terribles crímenes contra la inteligencia colectiva. Para contrarrestar tantos bombardeos -a veces, acertados-, para probar que la TV vale la pena, quizá baste con tener un buen abogado defensor o dos. Dentro de pocos días, Julio Chávez y Cecilia Roth aparecerán en el televisor protagonizando no una, sino dos ficciones. El miércoles, a las 22.45, se estrenará Tratame bien , el flamante unitario de Pol-ka para Canal 13, y el domingo llegará a la pantalla de HBO la segunda temporada de Epitafios . Con pocos días de diferencia, Chávez y Roth, dos rara avis para el espectador televisivo, aparecerán en la TV por duplicado.

-¿Qué tienen estos dos ciclos para que decidieran hacer televisión?

Roth: -Ambos proyectos me resultaron muy interesantes. Epitafios 2 es una continuación de la primera parte, a la que apenas me había integrado en el capítulo ocho. La verdad es que al ser HBO no lo sentí como un proyecto de televisión; teníamos seis meses para hacer 13 capítulos, que se rodaban en fílmico. La sensación era de que estábamos haciendo cine. Aunque hice algunas pequeñas participaciones en Amas de casa desesperadas y Mujeres asesinas, hace once años que no hacía televisión con continuidad, desde Laura y Zoe , y creo que Tratame bien se dio porque se trataba de trabajar con el mismo director, Daniel Barone, y el mismo productor, Diego Andrasnik, que en Epitafios.

-Y ahora salen los dos programas en la misma semana...

Roth: No quiero pensar en eso. El tema es el trabajo cotidiano, la alegría, la búsqueda. Toda la parte que implica estar en un proyecto en el que hay una presión fuerte, expectativas. Prefiero no pensarlo.

Chávez: -De todos modos, aunque la salida del programa no tiene que ver con nuestro trabajo, tampoco somos ingenuos, y cuando uno toma la decisión de hacer algo, piensa, tiene estrategias. Tiene que ver con apuestas que uno hace, tanto profesionales como expresivas. Hoy por hoy, Pol-ka, este elenco, mi compañera, conforman un espacio en el que encuentro una posibilidad de desarrollar algo de mi oficio. Fue así en Epitafios 2 y acá lo vuelvo a elegir como uno de los lugares en los que puedo desarrollar una manera de pensar mi profesión. La TV es un ámbito del que algunas personas pueden desear salirse y, para mí, en este momento, es un lugar interesante donde también puedo pensar.

Compañeros

"Lo único que quiero saber es si puedo contar con mi compañera", le dice Renzo Márquez, el duro policía que interpreta Chávez en Epitafios 2 a Marina Segal, su impasible colega protagonizada por Roth. Claro que la pregunta dicha con otro tono y otro fondo bien podría ser formulada por José a Sofía, con la que está casado hace 22 años y con grandes posibilidades de no llegar al aniversario número 23. La pareja que está en el centro del conflicto de Tratame bien atraviesa crisis solistas y a dúo, motivadas por el fracaso profesional de él, los sueños relegados de ella y los hijos, interpretados por Martín Slipak y María Alche.

"Al hacer este trabajo, tengo el gusto de estar actuando en escenas en que no he actuado todavía. Como la de los hijos, por ejemplo. Situaciones que para mí son inéditas y que, si bien las vi 28.000 veces, porque si hay algo que he visto es a familias comiendo tostadas a la mañana, yo no las hice. Y Epitafios también tenía eso. Policías se hicieron 48.000, pero ahora me toca a mí. Es el placer de decirle a un actor de 18 años «hijo»", cuenta Chávez. Aunque si lo piensa un poco el gusto de lo nuevo viene acompañado de cierto desconcierto: "Yo le decía a Cecilia que cuando recibo los libros hago un gran esfuerzo por no estudiarme la letra del hijo. La verdad es que me dan ganas de mirar al cielo y preguntar: «¿Qué pasó, Señor?» Lo interesante, además, es que Cecilia y yo nos conocimos más o menos a la edad que tienen los chicos que hacen de nuestros hijos".

A su lado, Roth asiente, ríe y recuerda aquel tiempo en que el cine, el teatro y la televisión eran destinos tan exóticos para ellos como China o la India. "Nos conocimos en el casting de No toquen a la nena . Fue el primer trabajo de Julio y el mío, aunque yo era más comparsa", cuenta la actriz sentada, junto a Chávez, a la mesa del living de esta familia tipo a punto de "implotar".

Escrita por Pablo Lago y Susana Cardozo ( Locas de amor ), la historia de Tratame bien parece empezar por donde la mayoría de las historias terminan. Una pareja que ya no sabe cómo ser o si quiere seguir siéndolo, y a la que las respuestas de sus terapeutas individuales ya no le alcanzan. Por eso, por recomendación de la psicoanalista de ella, interpretada por María Onetto, y el psiquiatra de él, papel que hace Norman Briski, consultarán a una tercera, Clara Lombardo, especialista en terapia de pareja que interpretará Cristina Banegas.

Tratame bien tiene que ver con el tema del trato en el sentido del contrato. Los contratos tienen letras chicas y cada uno escribe ahí algo que el otro no llega a leer. Muchas veces, el amor o la juventud hacen que esos contratos parezcan fantásticos, pero después algo empieza a pasar en los vínculos, en las relaciones con los hijos, con los padres...", reflexiona Chávez, y su compañera de fórmula continúa: "En ese punto, uno empieza a repactar y a revisar el contrato".

En el proceso de decidir si renegocian o rescinden su matrimonio, José y Sofía pasan muchas horas en divanes repitiendo lo que ya dijeron mil veces, sufriendo para conseguir, tal vez, dejar de sufrir. Y, créase o no, la neurosis de unos en la ficción causa gracia a otros que miran del otro lado del televisor.

"Hace unos días, decíamos con María Onetto que, mirado desde afuera, siempre hay un costado ingenuo en la terapia porque uno se pregunta las mismas cosas una y otra vez. Uno las sufre profundamente, pero esa repetición, mirada desde afuera, con la frialdad de una cámara, causa gracia", explica Roth.

Puestos a interpretar sus papeles en Tratame bien, a pesar delos años de experiencia, los actores se encontraron con un par de sorpresas que cerraron el círculo en el lugar menos pensado.

"La primera vez que le dije a mi hijo en la ficción «hijito», me empezaron a transpirar las manos y me agarró una emoción tan grande... Me di cuenta de que es una palabra que mi naturaleza necesita construir. Yo empecé a estudiar teatro por esto. Cuando era chico, una compañera en un campamento me dijo que fuera a estudiar teatro y yo le pregunté qué hacían ahí. Me lo explicó muy simple: «Vos me matás y yo me hago la muerta». Y yo pensé que era lindo eso de tener un lugar donde podía matar a alguien sin consecuencias", dice Chávez, y se ríe mientras Roth revisa su propio arcón de los recuerdos: "Yo le decía a mi hermano menor que jugáramos a que él me mataba y yo me hacía la muerta durante horas, y el pobrecito se quedaba pagando. Porque yo convertía en verdad ese juego. Y aquí estamos: convirtiendo en verdad a esta familia; convirtiendo en verdad un hijo para Julio; convirtiendo en verdad una hija, este departamento...".

EL MUNDO SEGÚN CASCIARI


Leí una vez que la Argentina no es mejor ni peor que España, sólo más joven. Me gustó esa teoría y entonces inventé un truco para descubrir la edad de los países basándome en el 'sistema perro'.

Desde chicos nos explicaron que para saber si un perro era joven o viejo había que multiplicar su edad biológica por 7. En el caso de los países hay que dividir su edad histórica entre 14 para saber su correspondencia humana. ¿Confuso?

En este artículo pongo algunos ejemplos reveladores.

Argentina nació en 1816, por lo tanto ya tiene 190 años. Si lo dividimos entre 14, Argentina tiene 'humanamente' alrededor de 13 años y medio, o sea, está en la edad del pavo.

Es rebelde, pajera, no tiene memoria, contesta sin pensar y está llena de acné (¿será por eso que le dicen el granero del mundo?

Casi todos los países de América Latina tienen la misma edad y, como pasa siempre en esos casos, forman pandillas.

La pandilla del Mercosur son cuatro adolescentes que tienen un conjunto de rock. Ensayan en un garaje, hacen mucho ruido y jamás han sacado un disco.

Venezuela, que ya tiene tetitas, está a punto de unirse a ellos para hacer los coros. En realidad, como la mayoría de las chicas de su edad, quiere tener sexo, en este caso con Brasil, que tiene 14 años y el miembro grande.

México también es adolescente, pero con ascendente indígena. Por eso se ríe poco y no fuma ni un inofensivo porro, como el resto de sus amiguitos, sino que mastica peyote, y se junta con Estados Unidos, un retrasado mental de 17, que se dedica a atacar a los chicos hambrientos de 6 añitos en otros continentes.

En el otro extremo está la China milenaria. Si dividimos sus 1,200 años por 14 obtenemos una señora de 85, conservadora, con olor a pipí de gato, que se la pasa comiendo arroz porque no tiene -por ahora- para comprarse una dentadura postiza. La China tiene un nieto de 8 años, Taiwán, que le hace la vida imposible.

Está divorciada desde hace rato de Japón, un viejo cascarrabias, que se juntó con Filipinas, una jovencita pendeja, que siempre está dispuesta a cualquier aberración a cambio de dinero.

Después, están los países que acaban de cumplir la mayoría de edad y salen a pasear en el BMW del padre. Por ejemplo, Australia y Canadá, típicos países que crecieron al amparo de papá Inglaterra y mamá Francia, con una educación estricta y concheta, y que ahora se hacen los locos. Australia es una pendeja de poco más de 18 años, que hace topless y tiene sexo con Sudáfrica; mientras que Canadá es un chico gay emancipado, que en cualquier momento adopta al bebé Groenlandia para formar una de esas familias alternativas que están de moda.

Francia es una separada de 36 años, más puta que las gallinas, pero muy respetada en el ámbito profesional. Tiene un hijo de apenas 6 años: Mónaco, que va camino de ser puto o bailarín... o ambas cosas. Es amante esporádica de Alemania, camionero rico que está casado con Austria, que sabe que es cornuda, pero no le importa.

Italia es viuda desde hace mucho tiempo. Vive cuidando a San Marino y al Vaticano, dos hijos católicos idénticos a los mellizos de los Flanders. Estuvo casada en segundas nupcias con Alemania (duraron poco: tuvieron a Suiza), pero ahora no quiere saber nada con los hombres.

A Italia le gustaría ser una mujer como Bélgica: abogada, independiente, que usa pantalón y habla de política de tú a tú con los hombres (Bélgica también fantasea a veces con saber preparar espaguettis).

España es la mujer más linda de Europa (posiblemente Francia le haga sombra, pero pierde espontaneidad por usar tanto perfume). Anda mucho en tetas y va casi siempre borracha. Generalmente se deja follar por Inglaterra y Después hace la denuncia.

España tiene hijos por todas partes (casi todos de 13 años), que viven lejos. Los quiere mucho, pero le molesta que, cuando tienen hambre, pasen una temporada en su casa y le abran la nevera.

Otro que tiene hijos desperdigados es Inglaterra. Sale en barco por la noche, se tira a las pendejas y a los nueve meses aparece una isla nueva en alguna parte del mundo. Pero no se desentiende de ella. En general las islas viven con la madre, pero Inglaterra les da de comer. Escocia e Irlanda, los hermanos de Inglaterra que viven en el piso de arriba, se pasan la vida borrachos y ni siquiera saben jugar al fútbol. Son la vergüenza de la familia.

Suecia y Noruega son dos lesbianas de casi 40 años, que están buenas de cuerpo, a pesar de la edad, pero no le dan bola a nadie. Cojen y trabajan, pues son licenciadas en algo. A veces hacen trío con Holanda (cuando necesitan porro); otras, le histeriquean a Finlandia, que es un tipo medio andrógino de 30 años, que vive solo en un ático sin amueblar y se la pasa hablando por el móvil con Corea.

Corea (la del sur) vive pendiente de su hermana esquizoide. Son mellizas, pero la del norte tomó líquido amniótico cuando salió del útero y quedó estúpida. Se pasó la infancia usando pistolas y ahora, que vive sola, es capaz de cualquier cosa.

Estados Unidos, el retrasadito de 17, la vigila mucho, no por miedo, sino porque le quiere quitar sus pistolas.

Israel es un intelectual de 62 años que tuvo una vida de mierda. Hace unos años, Alemania, el camionero, no lo vio y se lo llevó por delante. Desde ese día Israel se puso como loco.

Ahora, en vez de leer libros, se lo pasa en la terraza tirándole piedras a Palestina, que es una chica que está lavando la ropa en la casa de al lado.

Irán e Irak eran dos primos de 16 que robaban motos y vendían los repuestos, hasta que un día le robaron un repuesto a la motoneta de Estados Unidos y se les acabó el negocio. Ahora se están comiendo los mocos.

El mundo estaba bien así, hasta que un día Rusia se juntó (sin casarse) con la Perestroika y tuvieron como docena y media de hijos. Todos raros, algunos mongólicos, otros esquizofrénicos.

Hace una semana, y gracias a un despelote con tiros y muertos, los habitantes serios del mundo descubrimos que hay un país que se llama Kabardino-Balkaria. Un país con bandera, presidente, himno, flora, fauna...y ¡hasta gente!

A mí me da un poco de miedo que aparezcan países de corta edad, así, de repente. Que nos enteremos de costado y que, incluso, tengamos que poner cara de que ya sabíamos, para no quedar como ignorantes Y yo me pregunto:

¿Por qué siguen naciendo países, si los que hay todavía No funcionan?

martes 7 de abril de 2009

BARROCO

lunes 6 de abril de 2009

Carta de Jorge Lanata a los lectores del diario


Debo ser una de las personas que más se ha despedido en los medios. Hay quienes lo han visto como una postura dandy. Seguiré vinculado a Crítica de la Argentina y vuelvo a la TV.

Debo ser una de las personas que más se ha despedido en los medios. Me despedí de Página/12, de Veintitrés, de la radio. Me despidieron de la televisión. Me he despedido como víctima de la fatalidad o como ejercicio de libertad. Hay quienes lo han visto como una especie de postura dandy: -Se aburre y se va - dicen, etiquetando.

Hace muchos, muchos años decidí vivir de acuerdo a lo que pienso. Vivo, entre otras
contradicciones, la de levantar empresas sin decidirme a ser un empresario: no creo que el dinero otorgue la razón, ni siquiera que sea un mérito tenerlo. Siempre me causó gracia esa costumbre que lleva a los demás a felicitar al dueño de un auto o una casa nueva, “Te felicito”, dicen. Nunca te felicitan por tener una idea. Dirigir un diario exige no sólo luchar para captar lectores, tener buenas notas, comunicarlas con ingenio, pelearse con los otros medios, el poder, etc., sino también desvelarse por la distribución, el costo del papel, los ajustes de salarios, la falta de publicidad, las estrategias de crecimiento, los bancos y las cuentas. Comencé esta empresa con un veintiocho por ciento de su propiedad y después de volver –otra vez– a vender una casa y poner mis ahorros pero el vértigo del primer año paralelo al crecimiento del proyecto, llevó a que el necesario aporte del resto de los socios redujera mi participación a un 5%. Una empresa, claro, no sólo depende del dinero para comenzarla, sino del flujo para mantenerla mientras se estabiliza. Vivo de mi trabajo, no tengo capital y realmente no soy útil en la desgastante pelea entre quienes disponen del dinero y quienes lo gastan en la producción.

En acuerdo con el resto de los accionistas decidí dejar la dirección periodística de Crítica de la Argentina, aunque seguiré vinculado al diario escribiendo cada domingo el panorama político junto a Luciana Geuna y Jesica Bossi. Marcelo Figueiras, el presidente de la empresa, Antonio Mata, el resto de los accionistas y los editores de la redacción continuarán con su trabajo de siempre en un diario que crece y se consolida en el camino hacia su segundo año en el mercado.

Nuestro contacto, de todos modos, seguirá siendo cotidiano: desde el próximo martes 14 vuelvo a la televisión con Después de todo, un ciclo diario de 20.00 a 20.30 en el Canal 26. Y los domingos en Crítica de la Argentina. Sigo buscando, como ven, motivos para complicarme la vida.

PD: Párrafo aparte merece la reacción de ayer de algunos medios al informar con verdadera mala leche sobre esta noticia. Es gracioso y patético verse corrido por izquierda por Clarín: que el diario que convivió e hizo grandes negocios con los militares (Papel Prensa, junto a La Nación), gerenciado por la señora que se sospecha apropiadora de hijos de desaparecidos, que implementa el terror como política laboral (no tiene, por ejemplo, comisión interna) sostenga en un artículo sin firma que Crítica “moderó últimamente su posición sobre Kirchner” es tan torpe que resulta cándido. “Lanata se va por la caída en las ventas” dice Clarín luego de aclarar que no tiene cifras del IVC sino afirmaciones del mercado. Crítica tiene, sin embargo, cifras del IVC: en febrero Clarín cayó 61.875 ejemplares los domingos y 26.213 de lunes a viernes. Cifras altas incluso para los 250.000 ejemplares promedio de Clarín. El diario que montó ilegalmente Radio Mitre, que obtuvo Canal 13 del menemismo y logró la fusión monopólica del cable con Kirchner nos acusa de falta de independencia. Clarín no soporta que no le tengan miedo. Me hubiera gustado, al menos, dar esta pelea con Roberto Noble, su creador, y no con su lobbista Héctor Magnetto y el genuflexo señor Kirschbaum, cada día más encorvado por decir que sí. Nada de lo que digan sobre nosotros cambiará la imagen que ustedes tienen al mirarse al espejo.

miércoles 1 de abril de 2009

El grupo Animalario vuelve a triunfar en los Premios Max


Animalario, el grupo más controvertido y polémico del teatro español, se ha hecho adicto a las estatuillas de Joan Brossa con las que se otorgan los Premios Max de las Artes Escénicas y además le da risa serlo. Se hizo con cuatro de las cinco a las que aspiraba el pasado lunes por la noche (director de escena Andrés Lima, mejor adaptación teatral Alberto San Juan, mejor actor protagonista Javier Gutiérrez y mejor productor privado, galardón éste último que se lleva por cuarta vez en cinco años) y dejó para el Teatre Lliure la de mejor espectáculo teatral por 2666, impactante y bellísimo montaje dirigido por Àlex Rigola e inspirado en el texto de Roberto Bolaño, que también se hizo con el Max a la mejor escenografía de Max Glaenzel y Estel Cristià. Cabaret líquido de Lavi e bel obtuvo el Max al mejor espectáculo musical y Sirena a la plancha, de Sol Picó, el de danza. Los hubo que se llevaron las estatuillas por partida doble como Carles Santos (dirección musical y composición); Germanes (Carol López, autor catalán, y Paul Berrondo actor de reparto); Teresa Nieto (coreografía e intérprete de danza); La tortuga de Darwin se hizo con los dos premios a los que optaba (Juan Mayorga, autor en castellano, y Carmen Machi, actriz protagonista); Barroco (iluminación de Juan Gómez Cornejo y figurinista Angelina Adlagic).

El Max de Honor fue para el director Miguel Narros, que lo recibió con una calurosa ovación del público; el hispanoamericano, para el autor argentino Roberto Cossa, y el de nuevas tendencias, para Escena Contemporánea . El Premio de la Crítica que concede un jurado de expertos teatrales recayó en El mes de la danza, de Sevilla.

Hubo otros galardonados en la gala de los XII Premios Max celebrada en el Teatro Cuyás de Las Palmas, con aromas humorísticos y de teatro independiente. Fue más grata de seguir en directo que por TVE y en ella destacaron Sexpeare, Ángel Ruiz, Ron La La y Leo Bassi.

El momento más emocionante llegó con la intervención de Alberto San Juan, que pidió más apoyo para los emigrantes, como el argelino de su obra, porque "no se está haciendo una guerra contra la pobreza, sino contra los pobres".

martes 24 de marzo de 2009

Unica Funcion . . . Cafe Teatro . . . Los espero

viernes 6 de marzo de 2009

"ESTOY EN CONTRA DE QUIENES PIDEN LA PENA DE MUERTE"


“Esta gorda de mierda está en pedo. Es fascista, derechista, no tiene ni idea...”


Así comienza la demoledora columna que en el día de ayer el actor Fernando Peña publicó en el diario “Crítica de la Argentina”, en relación con los polémicos exabruptos de Susana Giménez inmediatamente después de ser notificada del asesinato de su asistente personal.
El conductor y actor fue muy duro al opinar sobre las declaraciones de la diva tras el asesinato de Gustavo Lanzavecchia.
“Que lean antes de hablar”, reza en su título el texto de Peña en “Crítica...”. “No estoy a favor de la pena de muerte. Hay que hacer una reforma profunda y nadie tiene la paciencia para hacerlo correctamente”, concluye Peña en su nota.
En relación con los dichos de “Su”, el actor no dudó en descargar su temible carabina verbal: “Esta gorda de mierda está en pedo. Es fascista, derechista, no tiene ni idea. Hizo su plata sobre la base de un sistema capitalista y no sabe quién es Grondona ni Neustadt. Nunca leyó un libro en su vida. Esto es muy serio: la gente no mata al pedo, la gente mata porque no tiene qué comer. Acá se está mezclando todo. Una cosa es un puto que mete tres tipos en su casa y otra es que te peguen tres tiros en la nuca mientras metés el auto en el garaje...”.
Y cerró con elocuencia: “No estoy a favor de la pena de muerte y estoy en contra de la gente que la está pidiendo. Hay que hacer una reforma muy profunda y nadie tiene el tiempo ni la paciencia para hacerlo correctamente. La mayoría quiere resultados inmediatos, pero nadie tiene la preparación intelectual como para poder ver una situación global. ¿Cuánta gente en este país abrió un libro de filosofía, democracia y contrato social? Primero a los libros y después que opinen”.
Moria Casán y Sandro salieron a defender a Susana de las reacciones que despertó en quienes no avalan el “ojo por ojo” propuesto por la diva de los teléfonos, considerando la divisoria de aguas que provocó.
“El Gitano” dijo que quien señalase a la diva “debería cortarse un dedo” y la polémica ya se adentró en el ambiente artístico.
Peña fue letal en su descargo. Otra intervención, polémica por cierto, del actor sobre un tema de permanente actualidad.

jueves 5 de marzo de 2009

Tengo una chica en mi cuerpo . . . Tendencia: actores que hacen de mujeres

Enrique Pinti, Antonio Gasalla y Fernando Peña retoman esa costumbre ancestral del teatro en la que los roles femeninos eran para los hombres

Enrique Pinti, Antonio Gasalla y Fernando Peña retoman esa costumbre ancestral del teatro en la que los roles femeninos eran para los hombresEl primer suspiro que la dulce Julieta deslizó por Romeo sobre el balcón provino de un joven de rostro empolvado y senos postizos que conmovió al público del teatro inglés de la época isabelina como la adolescente que muere por amor. En aquel entonces, las mujeres tenían prohibido por ley subirse a las tablas y la pasión de las heroínas shakespearianas latía en el cuerpo de actores de voz aflautada, provistos de pelucas y otros delicados menesteres.

Hubo épocas en las que los hombres tuvieron excusas para subirse a los tacos y envolverse en los estrechos trajes de los personajes femeninos. Como en 1629, cuando la misma barrera se interpuso entre las actrices y las tablas del Kabuki -forma teatral tradicional del Japón- que fueron expulsadas por relacionar su arte con el escándalo y la prostitución y reemplazadas por los Onnagata , actores que gracias al uso de maquillaje y un elaborado y fascinante vestuario adoptaban (aún hoy lo hacen) aires y formas femeninas.

Un tiempo después, a pesar de la generosa oferta y de la ausencia de limitaciones locales para que las mujeres suban a escena, tres actores, Antonio Gasalla, Enrique Pinti y Fernando Peña, deciden adentrarse en la psiquis femenina en Más respeto que soy tu madre , Hairspray y Diálogo de una prostituta con su cliente , respectivamente.

Con una peluca de rulos estáticos, un deslucido vestido floreado que le llega a las rodillas y unas chinelas gastadas, Antonio Gasalla se transforma en Mirta Berttoti -o el prototipo de ama de casa cincuentona y de clase media- cada vez que se sube al escenario del Metropolitan. No es la primera vez que el cómico se pone en la piel de una mujer. Ha transitado por la de la abuela inmortal, la verborrágica empleada pública, la enfermera indolente, la nena malcriada, la señora estirada (por el bisturí), la apocalíptica y depresiva Soledad Solari, y muchas más. "Jamás pensé que me iba a vestir de mujer en un escenario. Vengo del Conservatorio y, a lo sumo, en las horas libres nos disfrazábamos de mujer en broma -dijo el humorista, que dirige y actúa en Más respeto que soy tu madre , en una entrevista con LA NACION, a mediados de enero-. Lo que pasa es que alguna vez hice una mujer que tuvo éxito y después empezaron a preguntar por la próxima... Más allá de eso, creo a los personajes para contar cosas y hay conflictos de los últimos años que se pueden contar mejor a partir de una mujer. Cuando con Enrique (Pinti) escribimos Matilde queríamos hablar, en plena época de los militares, de cómo se estaba viniendo abajo la clase media. Y eso es más fácil hacerlo con una mujer en medio de su casa y llena de problemas que con un tipo que se quedó sin trabajo". Sobre su personaje, que provoca un mar de carcajadas en la platea, apuntó: "Es un ama de casa, como Matilde, otro personaje mío. Lo que no tiene es el disparate o el nivel de cosa exagerada y gruesa que a veces manejo".

Antes, usaban gomina

"El otro día estaba hablando con Antonio (Gasalla) y le dije que estamos los dos haciendo de viejas, uno en una cuadra y el otro en la otra", señala Pinti, que se convierte en la gruesa y chillona matrona de Hairspray . "Edna (su personaje) es una mujer dulce y frustrada. La gordura la pudo y no quiere que su hija sufra. En la primera versión del musical, el personaje era más zarpado. La construí desde un costado más solidario; es una versión desinfectada de Edna", describe el actor que ya hizo muchos roles femeninos en distintos espectáculos, como Salsa Criolla . "No tienen la pretensión que tiene Edna, son más caricaturescos", distingue.

"Quería hacer una mujer desde mi personalidad, por eso no acepté que me pintaran como a una puerta ni que me borraran las cejas como aparece en la gráfica. Sí acepté el cuerpo postizo porque le da más naturalidad. Quería trabajar con mi cara, por eso base, colorete y nada más", aclara Pinti, que cierra el musical contoneándose dentro de un colosal y titilante vestido de lentejuelas rojas pronto a reventar, en el Astral.

Sobre el desafío que implica cambiar de género, apunta: "Lo más difícil es no hacer una caricatura de mujer: no hacer de travesti, ni amanerar al personaje, porque eso sería la exageración de la mujer. Por eso tiene que ser natural y hay que cuidarse mucho de eso. Tienta pensar: me pongo más femenino. Tampoco hay que deformar demasiado la voz, y el cuerpo falso te ayuda a caminar como una mujer".

Para Fernando Peña, en cambio, el proceso es distinto. Quizá porque el personaje al que le da forma en Diálogo de una prostituta con su cliente también lo es. "Construir una mujer a través de un hombre tiene un poco de esos movimientos hiperexagerados. Las medias de red nunca van a ser lo suficientemente escandalosas, los tacos siempre serán demasiado bajos. Es divertido porque disfruto del desparpajo y la libertad", dice Peña, que se convierte en Manila, una prostituta con 16 años de profesión sin pelos en la lengua, en el Metropolitan. "Es un bollo de carne. Para interpretarla me recuesto mucho en Susana Giménez y en Moria Casán", dice el actor, que buscó inspiración en las bailarinas del Tabarís y en las Rockettes de Nueva York para moldear su personaje, que esconde detrás de la peluca rubia y los párpados fucsia un íntimo secreto.

"Tengo muchos tipos que llaman a la radio y me dicen que Manila es un camión, que tiene una cola sensual y buenas piernas. Nunca pensé en eso y me hizo sentir responsable de hacerla bonita", dice el actor, que en la mitad de la puesta se envuelve en un boa multicolor y sobre un balde con hielo seco baila al ritmo de George Michael para su cliente. "Cada vez que interpreto a una mujer pienso en lo que arden las medias, lo que duelen los tacos y en el rouge", detalla Peña, que hace poco se retiró del teatro vestido como Manila. "No sabés lo que era yo caminando por Corrientes", recuerda entre risas.

"Estamos llegando a que, dentro de poco, todos seremos sólo seres humanos. Aunque creo que esto, como todo, es una moda", opina sobre el hecho de que los actores se sumerjan en papeles femeninos.

Hay obras en las cuales existe una necesidad dramática, según el autor de La Nona , Roberto Cossa, para que un hombre ocupe el papel de una dama. "Es verdad que las mujeres se quejan de que hay menos roles para ellas, pero en aquel caso ( La Nona ) una mujer octogenaria no tiene la fuerza que debería tener el personaje. Lo que pasa es que tiene que haber una necesidad dramática, no simplemente un travestismo para ser original", opina Cossa. El creador de una de las obras del teatro argentino más representadas en el mundo recuerda la génesis de La Nona : "Fue escrita pensando en un hombre, pero no por razones estéticas, sino porque se originó para un programa de televisión en el que todos los personajes eran interpretados por Osvaldo Soriano. Entonces surgió que fuera él quien lo actuara y que fuera una mujer. Después, en 1977, la llevé al teatro y ya pensé que tenía que ser un hombre, en este caso Ulises Dumont. Me di cuenta con las funciones de que el que fuera un hombre quien la interpretara le daba más fuerza metafórica: no era vista como una abuelita". El hambre de esa imparable abuela que todo lo devora y destruye fue caracterizado por Soriano, Dumont y Hugo Arana, entre otros, pero también se ha encarnado en rostros femeninos, como el de Diana Maggi, en el Teatro de la Ribera, a fines de los años 80, y en Patricia Durán, en la actualidad, en el 25 de Mayo. "Siempre aconsejé que la Nona fuera un hombre y se dio la casualidad de que cuando ha sido interpretada por una mujer no ha tenido ni la misma fuerza ni el mismo éxito", advierte.

El autor de Esperando la carroza , Jacobo Langsner, no está a favor de lo que se vislumbra como una tendencia. "¿Por qué si hay tantas actrices con una comicidad impresionante? Prefiero que se respeten los sexos", responde. Su obra salpicada de grotesco y realismo estrenada en los años 60 tuvo numerosas versiones y alcanzó su pico de popularidad al estrenarse la película, dirigida por Alejandro Doria, en 1985 (que en breve tendrá su continuación), donde la caracterización que realizó Gasalla de Mamá Cora quedó eternizada en el imaginario argentino como la de aquella abuelita que confundía mayonesa por flancitos y que nadie quería alojar en su casa. Sobre el nacimiento de la historia en su mente, rescata: "Pasó tanto tiempo que lo único que recuerdo es que la escribí en dos o tres días. Me inspiré en una noticia que había salido en un diario vespertino. Hablaba de Nápoles y de una pelea entre dos hermanos por el honor de velar a la madre. ¡Qué hipocresía!, pensé. Es que son más normales las peleas por quién se ocupa de la muerta o de quién la cuida cuando hay que trabajar".

Langsner nunca pensó que el personaje de la abuelita lo interpretaría un hombre. "No se me ocurrió. Creo que cuando un hombre se disfraza de mujer lo hace para crear comicidad, pero me parece muy fácil lograr la risa de esta manera", apunta, aunque reconoce que la personificación que logró Gasalla estuvo muy bien. "Hay actrices para esos roles y es una locura quitarles esa oportunidad. Desde el momento en que el actor hace gestos de mujer está burlándose y es una caricatura", insiste.

Una es la típica ama de casa, dueña de una moral escurridiza y bien argentina; otra, la madre sobreprotectora y chillona que no quiere que su hija sufra por esos kilos de más; la tercera, al margen de las dos primeras, es una prostituta sin pelos en la lengua con medias de red y peluca de rubia fatal. Son tres papeles de mujeres bien distintas, y en su lugar y bajo el maquillaje y cuerpo postizo descubrimos a Gasalla, Pinti y a Peña. ¿Ya no hay mujeres?

jueves 19 de febrero de 2009

Entrevista a Nahuel Pérez Biscayart


Joven actor de extensísima carrera en teatro y televisión. Ha hecho de huérfano, de travesti y de freaky cinéfilo con la misma naturalidad con la que día a día se mezcla con sus amigos y su habitualidad cotidiana. EscribiendoCine charló con uno de los actores que vienen (o ¡ya vino!) con todo.

¿Cómo fue que de pronto te reconozcan por la calle?
A veces sí, a veces no. La gente se olvida rápido. Es gracioso cuando la que me reconoce es la chica que trabaja en American Express. Que me dice: “ey!, te hago una pregunta... ¿vos trabajaste en Los Mansos?” (La obra basada en el idiota de Dostoievsky) y eso es lindo.

¿Qué es lo que más te gusta de tu trabajo?
Estar con gente. Y más cuando estoy con gente que admiro, que disfruto, que quiero cerca, Verónica Llinas un gran ejemplo de eso que siento.

¿Te acordás del casting de Tatuado?
Si. Claramente. Con Jime Anganuzzi. En un escritorio. En una sala de Puente Producciones. Sentados a una mesa leyendo la escena en la que Paco cuenta la historia del día que lo tatuaron. Ahí conocí a quien sería mi primer director Eduardo Raspo, fuente de dulzura y picardía.

¿Sentís que Martín Piroyansky, Inés Efrón y vos son los actores que se vienen?, desde afuera da la sensación de que la van a romper (más aún).
Error, ya vinimos! Son mis amigos. Y si gustamos, ¿que más feliz? Nada más lindo enterarme de que voy a actuar con ellos. Ine fue la dupla más hermosa que tuve al actuar en las clases de Nora. Es parte de mi vida. Martín otra persona de mi vida. Si hablamos de romperla faltan unos cuantos… Nahuel Viale, Guadalupe Docampo, Ailin Salas! Y mas… más!

¿Quién te contacta para filmar una versión de 12,50 Pounds de Robbie Williams?
Nahue Lerena. Por medio de Marquitos Odasso y Emma Miño.

¿Ves cine?
Si.

¿A qué actor admirás? (¡Ojo!, te pregunto “admirás” y no ¿cuál es tu espejo bla, bla, blá)
Ufh… Miles. Me gustan actuaciones más que actores. A los que admiro los admiro por lo que hacen, pero mucho más por personas que son. Por experiencias compartidas. Me gusta mucho Verónica Llinás.

¿Qué te dejó Cara de Queso – Mi Primer Ghetto?
Jugar con el cuerpo. Pegarme un ojo con mastik. Decolorarme todo el pelo del cuerpo. Afeitarlo. Intervenirlo. Ariel Winograd y su mirada estimulante. Vivir una sensualidad de verano en country que nunca había vivido. Actuar con actores que admiro. Mi gata de toda mi vida que se murió. Un momento de mi vida de los mas únicos.

Tengo bronca porque me gustaba mucho Aquí No Hay Quién Viva... ¿Qué pasó que dejó el aire?
Plutón sabrá… Lamentablemente no estaba más en el programa cuando terminó.

¿Cuál de tus trabajos fue el que más satisfacción te dio?
Tatuado Aprendí todo lo que después me sirvió para disfrutar más y más de los rodajes. Me conocí en rodaje. Actuando 30 días seguidos. Mucha intimidad con el proceso. Autoconocimiento. Aprendí a mirar a mis compañeros.
Glue El único verano de mi vida que vi nieve caer del cielo. Vivir con gente un mes en una casa en el sur. Atardeceres en el desierto. Escribir escenas actuando, una por una. Un rodaje muy sensual y vital. Admirar el grupo. Disfrutar cena, rodaje, fiesta. Sentirse parte de algo que no queres dejar nunca.
La sangre brota Más fragmentado el proceso. Pero una vez que la vi… wow… que placer de sutiles detalles, de lenguaje cinematográfico, de humor sanguinario. Una obra maestra.

En una entrevista del año 2005 dijiste “Estoy cada vez más perdido”. Hoy, 4 años después, ¿sentís lo mismo?
Aun más. Y ahí está la magia. Y el horror. En no saber a donde todo esto lleva.

miércoles 11 de febrero de 2009

Alejandro Urdapilleta . . . Una vez mas GENIAL . . .


"¿Cómo se llama... esa cosa de cuando la mariposa va volando y marca el signo de...? ¡¡¡La metáfora!!!"
Alejandro Urdapilleta

Si alguien alguna vez puede llegar a ser el mejor algo en algún ítem, creo que Alejandro Urdapilleta sería el mejor actor que nos ha dado esta república. También dirige varias de sus puestas, y escribe; poesías, obras de teatro... hay un libro de recopilación de textos suyos llamado "Vagones transportan humo". Y encima ahora está colaborando con Mabuse. Un honor realmente excepcional.

Hace unas semanas nos encontramos a ver una película, hablar de ella y grabar eso. Queríamos hacer una nota. En serio. Bueno. Otra vez será. Igual, esto había que desgrabarlo.

La película la eligió Urdapilleta. No la había visto, se la habían recomendado, tenía que verla, por algún motivo... era Felicidad, de Todd Solonsz. Aquí van sus comentarios mientras la película corría, y la botella de whisky decrecía notablemente.

-Nunca ví un lechazo en el cine, es la primera vez... ¡¡Que haya más!!
-Es como una película comunista hecha ahí, en la factory, e e u u.
-A estos nenes hay que matarlos, son los actores del futuro.
-¿Cómo me traés algo así, con paidofilia? Esto es cosa de Mabuse. Yo iba a analizar una película normal. Esto es una indecencia. Soy hijo de un general, es una falta de respeto, un horror, deberían prohibirla. ¿Y la iglesia donde está? ¡¡Beccar Varela: hacé algo!!
-(Susurros) Yo quiero entrar en la paidofilia... Chicos: llamen. Soy gordito, borrachín y divertidísimo. Me pongo la nariz y soy un clown re-loco.
-Qué buena película. Es una inteligencia total...
-Viva Bin Laden. Que salga grande esto.
-Qué fuerte. Qué buena.
-Qué asco.
-Qué inteligencia.
-Basta, apagá, me aburrí de esta película. No me gusta el cine, me gusta el gran hermano. Me aburrí muchísimo porque tiene una cosa de sketches, que es muy americana, y ahí está la trampa. Yo odio a los americanos. Odio lo yanki, te juro por dios, pero no es una idea, eh, ya estoy cansado que después que se le murió la madre comen juntos el estofado en la cocina, no les pasa nada, todo circula, y sigue, la escena del asesinato viene, ya sabés que viene viene viene, y vino, y ya pasó, y si no es este es el otro, no hay mucha opción, y después todo se rearma, y se rearmó y terminó. Andá a la puta que te parió. Todo con acento en la ó. Y encima hay una cosa que todo tiene que coincidir... horroroso. No, a mí me gusta mucho más la vida humana que la película, vida humana, carne y carne, sangre contra sangre, sandra y celeste, mujer contra mujer, es mucho mejor.

Entonces, claro, paramos la película, y seguimos bebiendo y conversando. La pantalla del televisor se detuvo, básicamente, en el gran hermano y un documental con jirafas. En algún momento pensé en la posibilidad de convertir eso, (esto) en una nota. Editarla. No. ¿Para qué? ¿Cómo? Pero en la transcripción literal me pareció encontrar algo. No se bien qué. Tal vez algo del absurdo de los mecanismos verbales. De ese vacío que reposa tras el verbo.

-El problema es el verbo. Como dice la biblia. Y ese es un grán misterio. ¿Por qué el problema es el verbo? Y, la biblia dice que en el principio es el verbo, y mirá cómo estamos, o sea que el problema es el verbo, porque es el principio de todo esto. ¿Cómo nadie averigua eso?
-Como viste eso que decía Burroughs que el lenguaje es un virus.
-¿Eso decía? No vivía yo en esa época. Ese era un burro, un drogodependiente...
-Y decía que el lenguaje era un virus que nos estaba puesto, y eso nos llevaba toda la vida en una dirección, así como si te inoculan un virus te lleva toda tu vida en una direccción, todo el funcionamiento de tu cuerpo y de tu vida lo lleva en una dirección, que termina matándote salvo que tomes muchas... eh... aspirinas, o no me acuerdo cómo se llama ese remedio que se hace con papa, ¿cómo se llama?
-Eeehhhh... paponia.
-No.
-La merquecha.
-No boludo, cómo se llamaaaa...
-La papusa.
-No, boludo, el remedio que uno toma...
-¿En base a papa?
-Sí.
-Nunca tomé. No, no no. Tortilla de papa he tomado muchísimo.
-Eeehhhh... La reputa que lo parió se me borró el nombre ese.
-¿Un remedio en base a papa?
-Lo que toma todo el mundo para las defensas.
-¿Para el sida?
-No, suponete que tenés gripe, ¿qué tomás?
-¿Aspirina?
-No. Me vino un problema...
-¿Remedio para qué?...
-Que te sube las defensas, y que te hace mierda el estómago.
-¡¡Antibiótico!!
-¡¡Antibiótico!! Eso. Totalmente.
-El antibiótico es una cagada, yo jamás tomo antibiótico. Odio el antibiótico.
-¿Pero viste que es en base a papa?
-¿Ah sí? No sabía. Mirá que genial.
-Entonces que como... hasta que no te tomás un antibiótico el virus te pone el cuerpo en una dirección que te lleva a la muerte, el lenguaje también es un virus que...
-Sí... yo creo que viene todo del lenguaje, mi amorrr, de una. Acá estamos viendo la jirafa, mirá la jirafa. Es... son nobles, son gente noble la jirafa, viene la tortuga, viene todo, viene eeehhhh... la gendarmería animal... son pre-ciosas, gente bárbara, cada uno con su uniforme, que se manejan bárbaro, y nosotros nos manejamos como el orto. ¿Por qué? Por la problemática del verrrrbo. Sí, es un invento. Como el sexo.
-El sexo es otro virus tremendo espantoso, eh...
-Es tremendo, y es todo un invento del verbo.
-¿El sexo es un invento del verbo?
-Yo creo que son condicionamientos. Que estamos armados, programados, como cuando entrás en una página y te cae un programa... ¡¡Sexo Gay!! Y ya tenés el ícono que podés apretar. Que vos no pediste eso, que te encajaron... Y ya se te puso en la computadora y ya está, y se te puso la carita del Sexo Gay, la carita que pide garompa, o el ícono de manito que pide, o culo que pide, porque el culo pide... eso es otra cosa... el culo habla, el culo es verbo... Pero el problema es el verbo: lo que quiere decir.
-Hoy pensaba, en función de algo que decís respecto de tener una vida comprometida con el sexo, en tres maneras del sexo. La gente que "curte" el sexo, que suele ser bastante imbécil. La gente que tiene un compromiso estúpido con el sexo, que no puede hablar nada del sexo, ¿qué podés hablar del sexo? no hay nada interesante que escuchar del sexo, vas a una entrevista y decís ah, garché con tal, puta, puto, es aburrido, que te cuenten garchadas es aburrido...
-Sí, y a quién le importa quien es puto...
-...compromiso imbécil con el sexo te cuenta anécdotas imbéciles sobre el sexo, es un embole. Ahora un compromiso de verdad con el sexo lo que hace es que vos hables de otras cosas de una manera más inteligente. Es decir un compromiso de verdad con el sexo te lleva a ser más inteligente. Esa inteligencia te puede llevar a un lugar interesante.
-Yo creo que me lo garché a Embón.
-Noo, no seas hijo de puta...
-Aaaaaahhhhhhhh...
-Aaaaaahhhhhhhh...
-Sí, sabés que yo creo que sí... ese sería el título de la nota: Yo creo que me lo garché a Embón... Tengo un recuerdo, de chico, con uno que era igual a Embón. Yo creo que era Embón. Te lo juro.

- Nos tomamos una botella de whisky y nos quedó corto...
-Tremendo... y no hay merca... ¿Queda vino?
-Sí, ¿querés? Hay dos botellas.

-Hay una cosa del hombre gay, de mezquinarle a la mujer lo que ella quiere. También está bueno eso, ¿no? No te voy a dar lo que vos querés. Tac. No, porque hay un chupadero de la mujer. Es antinatural. La homosexualidad es perversa. Debe estar prohibida.
-¿Nunca te dió curiosidad el prostíbulo?
-¿En qué sentido?
-De estar en esa energía.
-Sí, me gusta, pero me parece más loco la cosa gay de andar, eh, de cuando te das cuenta de que el hombre se prende, ehh, si vos estás en una murga por ejemplo, vestido de yegua, se prende en todas, te hacen pasar al patio, al cuarto de atrás, está la familia y vos pasás al cuarto de atrás, adelante de la familia, y vas al cuarto de atrás y hay un intercurso. Eso es loco.
-¿Te gustaría hacer cosas positivas a vos?
-No, no, solo cosas negativas.
-Decime algo: ¿Querés hacer cosa positivas?
-Eh, sí, me gustaría alguna cosa positiva, de repente un sorete grande grande me encantaría tener.
-¿Pero qué te gustaría de cosas positivas?
-Cosas positivas por ejemplo poner una bomba nuclear en Córdoba, en el centro del país, entonces que se explote todo, no se, para decirte algo...
-Sí sí, como positivo, ya que te apuro.
-Claro, tal cual, para decirte algo que me obligaste a decir.
-Ahora, gesto de micrófono, ¿esta actitud negativa tuya, es una pose?
-Sí desde luego, todo lo mío es pose.
-Porque vos lo que querés es la felicidad de la humanidad.
-Yo estoy podrido de la humanidad en realidad. Pero soy positivo. Es decir, no creo en nada, detesto todo lo que sea el ser humano.
-Yo te veo leyendo Oshu, Osho...
-Me encanta Osho.
-Ves, y después decís que no creés en nada.
-Adoro Osho. Creo en todo. Osho, Cristo... Me gusta todo lo que sea creer, las personas, patra luego poder... ehhh, cercenar. Todo lo que sea con raiz me encanta para poder sacar de raiz. Pero que exista. A mí, igual, todo me importa un carajo. Yo me tengo que lavar el culo cada vez que cago. Tengo que comer, lavar la vajilla, no es cuestión de Osho, ni de Hitler ni nada, somos gente grande, viste. Y todo eso son intelectualadas, todo eso es fabricación. No no no. Yo prefiero quedarme con el linyera, charlando con el linyera, y lo bien que hago. Y la jirafa del discóvery.

-Qué fuerte eso de avanzar la vida expuestamente. La cosa loca del actor, eso es muy loco, yo no me la banco. Y no por moralina, está bien o está mal.
-No, no.
-La verdad, qué delirio, ser Soledad Silveyra...
-Y pero vos sos actor. Te va a pasar, en un lugar te pasa, no en ese punto masivo, pero vas a ciertos lugares y sos Gardel, sos famoso y ahahaha...
-Sí pero me pasa al contrario, voy a lugares y todos me quieren meter merca, porque todos piensan que yo tomo merca. ¡¡No, no, no!! ¡¡Por favor, paren un poco con la cosa de la droga y el actor!!

-El espectador es lo de menos, porque no existe el espectador...
-¿No existe?
-No exiiiistee, noooo...
-¿Vos no pensás en el espectador para armar una historia?
-No existe el espectador el espectador está adentro del director...
-Bueno, un espectador imaginario y qué se yo, pero ¿vos no pensás cómo vas a manejar la atención de esa persona que mire la obra que estás construyendo?
-Sí sí sí sí, uno lo piensa, pero igual eso es lo elemental para contar una historia, no, porque si estás contando una historia a los nenes muertos de hambre, muertos de frío, les contás un principio, un nudo, un desenlace, para que entiendan...
-¡El cine yanqui!
-Es lo lógico, lo humano, y los yanquis lo utilizan...
-Porque ellos saben que todos somos niños con hambre y frío.
-Claro, es tal cual.

-¿Por qué será que a la gente del cine le gusta tanto... ehh... Sony? Esta película es medio Sony, como el largo de Sony. Pensada muy bien...
-Tenés razón...
-Sí, si yo los huelo.
-¿Sabés que tenés razón?
-¿Me estás gastando?
-No, es que no lo había pensado y es como vos decís. Totalmente. Un poco más sacada...
- Y, es la película...
- Sí...
-A los yanquis les encanta. No se que les gusta tanto... viste que dicen bueno hagamos una serie que sea real, que tenga puntos de conección con la gente, pero es mentira, no hay puntos de conección con la gente, es mentira, y les encanta a la gente...
-Nooooo, que van a tener puntos de contacto, noooo... bueno, lo que tienen es que son ingeniosas, pero es el imperio del ingenio, y el ingenio es una cosa espantosa.
-Espantosa. Y en la vida misma, eh.
-Sí. En la vida es como una herramienta, que a veces te puede ser util, pero cuando te montás ahí...
-Tal cual...
-...fuiste, es una imbecilidad.
-...es rock an pop, es una pelotudez...
-Sí, el ingenio es un asco, y Sony es el imperio del ingenio.
-Sí, el imperio del ingenio. Por eso, está muy bien escrita la película, y es maravillosa, otro día la voy a terminar, pero hoy no porque tengo tortícolis.
-¿Tenés tortícolis en serio?
-No, ni en pedo. Nunca tuve tortícolis.
-¿Nunca en tu vida?
-Nunca.

domingo 8 de febrero de 2009

REESTRENO


REESTRENO
MIERCOLES 4 DE FEBRERO. 21.OO. HS
UNICAS 4 FUNCIONES



TEATRO DEL ABASTO. HUMAHUACA 3549.
RESERVAS AL 4865.0014 ENTRADA GENERAL: $25.

jueves 5 de febrero de 2009

Minutos antes de salir a escena: Jorgelina Aruzzi


Relajada, la actriz de La madre impalpable habló con lanacion.com sobre su unitario y cómo se prepara antes de cada función

Durante alrededor de una hora, la actriz Jorgelina Aruzzi estará arriba del escenario, sola ?pero acompañada de esos otros a quiénes interpela y la interpelan- interpretando a una madre. Una mujer desesperada, negadora, amorosa, mala, indigerible, terrible, graciosa, que buscará por todos los medios que ya no se burlen más de su hijo en la escuela.

Con diferentes matices, Aruzzi deberá bucear por ese mundo de sensaciones, pero antes de salir a escena y ponerse en la piel de La madre impalpable, la actriz recibió a la lanacion.com. y contó que uno de sus mayores miedos arriba del escenario es sentir que a la gente no le guste lo que hace.

"Siempre entro con miedo a que se paren y se vayan", dijo. Sin embargo, en el segundo año de esta obra que co-escribió junto a Mario Marino, sale más relajada porque viene escuchando las risas del otro lado y los aplausos de aprobación. Y además, porque en 2008 se alzo con el premio ACE a la mejor actriz de un espectáculo alternativo.

En su camarín está la infaltable peluca de su personaje, una plantita, maquillaje, el vestuario prolijamente colgado, planchado y listo para usar. Ella contó que no puede faltarle agua antes, durante y después de la función y que le gusta llegar temprano para relajarse junto con sus asistentes e irse metiendo de a poco en el personaje. Y remarcó, además, que es un factor fundamental la buena "onda" en esos momentos previos.

"Siempre piso al escenario con el pie derecho y me calzo primero el zapato derecho. Eso es de maníaca loca, pero siempre lo hice así", aseguró sobre sus cábalas antes de hacer la función.

sábado 31 de enero de 2009

Dialogo de una prostituta con su cliente . . . Fernando Peña


Diálogo de una prostituta con su cliente es la historia de todos cuando creemos que el que paga está libre de culpa y cargo. Cuando el que paga las paga. Lo que sucede cuando a un pobre infeliz se le cae una puta encima.
Una obra revolucionaria, prohibida en Italia hace 10 años, y adelantada para su época donde ya no importan los sexos ni el sexo. Y lo único que puede salvar una relación de amor es una charla a calzón quitado con una prostituta.
Diálogo de una prostituta con su cliente habla de la comunicación silenciosa que todos tenemos con nuestra parte promiscua y perversa.
Por primara vez una obra de teatro se anima a retratar con humor la historia de una vendedora de carne y un bufarrón.

jueves 22 de enero de 2009

Mirta Bertotti sube a escena


El actor estrena una nueva obra, adaptada del famoso blog de Hernán Casciari, "Más respeto que soy tu madre".

La vuelta de Antonio Gasalla al teatro será para transitar un personaje nuevo en su extenso abanico de criaturas: Mirta Bertotti. El actor estrena hoy la versión de la novela de Hernán Casciari, Más respeto que soy tu madre. La particularidad reside en que se trata de un texto de un Blog, espacio virtual que se puede seguir por Internet, que atrapó la atención de lectores en todo el mundo.

Más respeto... cuenta la vida de la familia Bertotti según la mirada de Mirta, ama de casa de 52 años, que vive junto a su familia en Mercedes, un pueblo de la provincia de Buenos Aires. Este personaje debe lidiar a diario con su marido desempleado, sus tres hijos adolescentes y su suegro drogadicto.

La protagonista teme fundamentalmente, entre otras cosas, el paso del tiempo, y decide encarar un Blog para transmitir sus vivencias. En esa fugaz escritura del día a día, desarrolla una serie de anécdotas y relatos acerca de su vida familiar, donde aborda también el infierno cotidiano de su pueblo. Mirta elabora de un modo costumbrista, con ironía y humor ácido, una estrafalaria secuencia de sucesos. Con el tiempo, Más respeto que soy tu madre se convirtió en un rotundo éxito de la Web.

Entre septiembre de 2003 y julio de 2004, se escribieron casi doscientos capítulos de esta blognovela, que fue premiada en el 2005 por la Deutsche Welle como "mejor Blog del mundo". Cada capítulo es un Post, lo que produce una ágil lectura del material. Casciari, periodista y escritor argentino que vive hace años en Barcelona comenzó con este trabajo en el año 2003.

La adaptación teatral, además de la dirección y protagónico de Antonio Gasalla, tiene un elenco integrado por Enrique Liporace (Zacarías Bertotti); Alberto Anchart (como Don Américo, el abuelo); Esteban Pérez, Nazareno Mottola y Eliana González (los tres hijos de la familia).

domingo 18 de enero de 2009

Rigola ha tenido días mejores


Una devastadora crisis económica impulsa a varios jóvenes en paro a cometer actos de rebelión y vandalismo. Àlex Rigola dirige una comedia negra sobre los modelos caducos de una sociedad y la búsqueda de nuevas metas

Discúlpenme el chiste del título: es para estar a tono, porque los de Días mejores tampoco son la monda. Días mejores (Better Days), de Richard Dresser, es el nuevo espectáculo de Àlex Rigola. Coproducción a cuatro bandas: Lliure, Teatro de la Abadía, Temporada Alta y CAER de Reus. Se estrenó en Girona, se está dando en el Lliure, hasta el 18, y a partir del 22 recala en Madrid. En 1991 se presentó en Primary Stages, el equivalente neoyorquino del Royal Court. Críticas discretitas tirando a malas. En la Schaubühne de Berlín la repescaron en 2002. Desconozco el original. No sé si el texto del Lliure (en traducción de Ignacio García May) ha sido aligerado, pero lo visto me parece muy poca comedia, con tramas escuálidas, pantanosas, y un cierto aroma a sopa recalentada: un poco de Kopit, un poco de Orton, un poco de Shepard, un poco de John Guare, y una mano torpona a la hora de revolver el guiso. Si esos autores les suenan lejanos, hay tropecientas series inglesas de humor cafre que dejan a Días mejores al nivel del balbuceo: Young Ones, Bottom, Spaced, This is England. Y entre nosotros, Muchachada Nui. Ése es, para mi gusto, el tono que debería tener la función: entre el primer Ben Elton y Joaquín Reyes. Hará ocho años, Rigola dirigió otra pieza de Dresser, Un golpe bajo (Below the belt), infinitamente mejor resuelta. Quizá porque era una comedia paranoica pero naturalista, en la línea de American Buffalo, y Días mejores es un intento de comedia negra preapocalíptica, que requiere otro tipo de modulación y de talento. A Rigola también le va, pienso yo, un estilo de comedia más anclado en lo real, en el dibujo psicológico: da fe de ello su extraordinaria segunda parte de Rock'n'roll, por ejemplo.

La acción de Días mejores transcurre en Lowell, Massachusetts, durante una crisis salvaje. Fábricas cerradas, jaurías de perros por las calles, saqueos de supermercados, coches ardiendo, ni un dólar en los bolsillos. Ray (Marc Rodríguez) y su colega Arnie (Lino Ferreira), obreros en paro, tienen la capacidad mental de Beavis y Butthead. Phil (Ernesto Arias), un falso abogado, vende artículos de limpieza a punta de pistola. Crystal (Irene Escolar), su amante, es una adolescente colgadísima, obsesionada por el sexo. Faye (Cristina Otero), esposa de Ray, es una boba seráfica, pero, con todo, la más pragmática del quinteto, empecinada en salir adelante de tan catastrófica situación. Casi nada de lo que hacen o dicen tiene, para mí, un excesivo interés. Ray cree escuchar voces a través de un casco con antena y quiere fundar una secta como podría dedicarse a herrar mosquitos. Cuando un autor sitúa a sus personajes en la idiocia o en la frontera del disparate, sólo puede atraparnos con una gran dosis de convicción: sus locuras, que jamás perciben como tales, han de ser de vital importancia para ellos. (Departamento de Comparaciones Odiosas: La omisión de la familia Coleman, de Claudio Tolcachir). Los actores han de arrastrarnos, en una palabra, al epicentro de su lógica, y esto no sucede en el equipo de Días mejores. Sirven trabajos dignos, esforzados, con ocasionales buenos momentos, pero la dirección de Rigola es cansina, previsible, y confunde el ritmo con el barullo. Falta chispa, falta sorpresa, faltan vueltas de tuerca a la mayoría de las réplicas. Te dices: "Debería estar riéndome. ¿Por qué no me río? Peor: ¿por qué no me lo creo?". Casi todo suena a imitación, a impostación, como los chavales que dicen ese "puto" cada dos frases que sólo suena bien en inglés. Con una excepción descomunal: el actor argentino Tomás Pozzi interpretando a Bill, un mafioso pirado que parece la versión suburbial de Paul Williams en El fantasma del paraíso. Obsesionado en quemar media ciudad para sacar tajada de las indemnizaciones, Bill es la mejor creación de Dresser: un personaje de tebeo, desmesurado, explosivo, pero con un motor muy poderoso.
Pozzi, rebosante de energía malévola y estupendamente guiado por Rigola, escupe su furia línea a línea, gesto a gesto, creando una constante sensación de peligro. Sólo pasan cosas cuando Bill / Pozzi está en escena. Naturalmente, se lleva la función. En la última parte, Dresser intenta ponerse trascendente. La búsqueda de la espiritualidad cuando las estructuras capitalistas han caído, blablablá. Las masas buscan a un mesías, blablablá. Tampoco hay quien se crea a un sosísimo Marc Rodríguez, presunto elegido para comandar la Iglesia de la Divina Garantía, que recita sus soliloquios visionarios como quien lee el prospecto de un antitusígeno.
Aparte del aburrimiento, hay dos cosicas que me molestan de este espectáculo. Cosas de las que nunca se habla, porque todos vamos con prisa y somos muy modernos. Los disparos en escena, por ejemplo. En Inglaterra advierten: "Esta obra contiene luces estroboscópicas", por los epilépticos. "Y disparos", porque son un verdadero coñazo. Única ventaja: te despiertan. Es que crean tensión, dicen. Hombre, y descuartizar a un caniche en directo. Yo conté unos quince disparos. Son muchos. Buñuel se quedó sordo por uno solo, en el comedor de su casa. Ahí dejo el dato.
Segunda cosa: la paja en el ojo ajeno. Irene Escolar, nieta de Irene Gutiérrez Caba, se masturba, perniabierta, en un sofá. En primerísimo término. También ignoro si eso estaba en la obra original. Me parece tan ajeno a la función, tan añadido, como lo de pegar tiros: una forma espuria de llamar la atención del público. No sólo me parece machista: me parece denigrante. Por una razón muy sencilla. Si lo hace un tío, casi siempre es paródico. Y rapidito. Si lo hace una mujer, curiosamente, suele haber demora, recochineo: imposible no pensar que están intentando excitar al personal. A las pruebas me remito: Arnie se la casca al fondo, de espaldas al público. No es que me muera de ganas de ver a Lino Ferreira dándole al manubrio, pero todavía me gusta menos ver a una joven actriz haciéndose una paja a dos metros del público. No sé lo que opinará Irene Escolar. Igual no tiene ningún problema y son puñeterías de mi avanzada edad. -

lunes 29 de diciembre de 2008

Gracias ALEX . . . El director del Teatre Lliure estrena en enero Días mejores de Richard Dresser, una ácida visión de la crisis económica


Ropa por el suelo, basura amontonada en los rincones, desorden, caos... Es el día a día de personajes a los que les queda poco que perder. ¿O personas? El Teatre Lliure barcelonés y el madrileño Teatro de la Abadía han decidido comenzar el 2009 con Días mejores del dramaturgo americano Richard Dresser. Una visión acerada de la crisis económica, el desempleo, el sálvese quien pueda y el todo vale. Seis personajes van a verse arrastrados a destruir sus propias vidas para ser capaces de salir adelante. "Aunque a estos personajes los veamos en otra esfera, como muy tontos a veces, muy Forrest Gump, reaccionamos así. Nos las van colando continuamente. Montar este espectáculo en el momento en el que estamos ahora es impresionante. Resulta que con la excusa de buscar inversores se han inventado un casino que se llama bolsa. Que está muy bien, es necesaria la figura del inversor. Y resulta que este casino tiene partidas tan fuertes que necesitan el dinero de los que no van a jugar a él para poder seguir jugando ellos. Y nos las dan por donde quieren.", comenta el director Àlex Rigola.

Días mejores ya se ha estrenado en el Festival de Temporada Alta, de Girona, donde sólo se ha representado dos veces. El estreno oficial es el próximo día 4 en el Teatre Lliure para volver luego a Madrid, donde la obra se ensayó durante el mes de noviembre. A la sala pequeña de La Abadía. "Con la Abadía hemos colaborado desde 2001. Fueron los primeros que me llamaron y me dieron la oportunidad de trabajar aquí en Madrid. Por eso siempre que tengo un proyecto de dimensiones que puedan abarcar pienso en ellos. Esta pieza la quería hacer con los compañeros con los que trabajo en Barcelona, con los que voy repitiendo. Pero no encontraba el momento y, con lo que se avecinaba, estaba bien hacerla ahora. Y la Abadía era fantástico para ello. A ellos también les gustó, porque siempre hay que buscar un acuerdo. Hay que buscar que encaje con sus necesidades, dentro de su programación."

Pregunta. El propio autor dice que la obra es más actual ahora que cuando la escribió.

Respuesta. La escribió en los 80 cuando se estaba realizando una remodelación industrial y económica y la bolsa estaba en crisis en Estados Unidos. Las empresas no habían sabido adaptarse tecnológicamente y se habían quedado atrasadas, con muchos trabajadores muy mal preparados o que no estaban preparados para asimilar el cambio en los trabajos que ellos hacían. Había mucha gente que no sabía lo que era un ordenador o que hasta entonces había estado haciendo trabajos manuales dentro de las fábricas y que se encontraron en la calle. Y ahora estamos viviendo un momento de crisis parecido, pero incluso más fuerte. Por lo tanto, sigue completamente vigente. Hemos aprendido muy poco. Cada vez que se toma una medida y la bolsa remonta diez puntos, lo encuentro exagerado.

P. Medidas que, además, a los que ayudan son a los bancos.

R. Eso es lo más fuerte. Se pueden tomar... pero en el momento en el que has hecho un plan de reestructuración que establezca cómo han de ser las inversiones. Pero eso no lo van a hacer. Porque el poder total lo tiene el poder económico. Y si a quien tiene el poder económico le aseguran que, cuando se juega el dinero, le van a dar más facilidades para que vuelva a jugar, el dinero no va a parar a quienes no pueden pagar la hipoteca. Acaba yendo a posibles inversores que lo que hacen es especular, no invertir en una empresa porque creen en lo que hace. No. Lo que hacen es seguir especulando para comprar y vender. Lo vemos cada día.

P. ¿Cómo se puede salir del círculo vicioso?

R. Esta obra habla de ello. Por un lado, te visualiza a los pocos o muchos desgraciados, pero también nos muestra la educación que les estamos dando. ¿Qué hacen? Se plantean que si no pueden estar en la legalidad tienen que inventarse un trabajo ilegal que se sirve y usa el mismo sistema que están usando los grandes capitalistas con nosotros. Y en pocos días en lugar de tener un plan estructurado para ver si se pueden ir manteniendo, arrasan con todos los coches. Como hay unas ansias de ganar, ganar, ganar, queman todos los coches en dos días. Por usar el mismo sistema. Y al final es eso. ¿Nos tenemos que quejar? Sí, pero todos somos un poco culpables porque creímos que podríamos tener muchas cosas sin trabajar, o trabajando lo mínimo.

P. ¿La salida a eso es la religión?

R. Es más un juego, hay un momento en el que se reflexiona de dónde sale la voz que escucha Marc Rodríguez. Podemos pensar por nosotros mismos y ver como entre todos podemos volver a poner en marcha una determinada sociedad. Pero no nos debemos dejar llevar por el movimiento que hay a nuestro alrededor. Dresser siempre saca en sus espectáculos animales o cosas, que no sabes exactamente qué juego tienen, pero que están mucho peor que los personajes. En este caso son unos perros que los persiguen. De esta forma, estos personajes, que son unos desgraciados para nosotros, están mucho mejor que esos perros. Eso nos recuerda que, en el fondo, estamos hablando del primer mundo y que hay otro, el tercer mundo, que está mucho peor.

P. El que ya retrató el Lliure en Aprés de moi le déluge.

R. Es una de las temáticas que es imprescindible. Nos miramos mucho el ombligo, pero somos una parte muy pequeña. Cuando te vas a la India, o China, pero es que lo de China es tremendo... Somos amigos de los chinos porque permiten la esclavitud. Las condiciones de trabajo allí son de esclavos y aquí nos hacemos los limpios pero tenemos que ir allí. Tienen un poder económico brutal porque permite la esclavitud en el trabajo, si no de qué sería una potencia económica tan fuerte. Podría tener los habitantes que quisiera que si tuviera todas las normas y sindicatos que hay aquí no iríamos a construir allá. Y nadie dice nada. Cuando viene el dictador chino de turno y todo el mundo baja la cabeza y le da la mano cuando tiene una población con esclavos. Todo se rige por la economía y de una forma caníbal. Y nadie dice nada.

P. Días mejores es una obra que se prestaba a ser oscura y han buscado todo lo contrario, el humor...

R. Fíjate que los personajes no son oscuros, y podían ser muy oscuros. Pero de entrada ellos mismos son tíos que están sin trabajar y no lo encuentran. Eso es muy duro. El paro es horroroso, no ya por el dinero que no estás ingresando y cómo tienes que mantenerte, sino por la sensación de inútil que tienes en cada momento. Psicológicamente es muy duro estar en paro. Lo normal sería que estos personajes fueran de otra forma y creo que es uno de los aciertos que hemos tenido. Porque no hay nada en las acotaciones del texto que nos diga que tenemos que llevarlo hacia donde lo hemos llevado. Eso ha sido una propuesta nuestra. Pero originalmente podían ser otros personajes. Aunque en los diálogos ya ves que algo tienen, hacia donde apuntan, pero podrían ser mucho más oscuros y más realistas. La idea es levantarlo un poco también.

P. Entre los personajes destaca el del empresario sin escrúpulos, ¿cómo ha sido el trabajo con Tomás Pozzi?

R. El primer día que lo vi me quedé enamorado. Es un tío que tiene sangre argentina y se nota. Y a mi el tipo de interpretación argentina me gusta mucho. Desde el primer momento quise trabajar con él. Los ensayos estaban organizados de lunes a viernes y no ensayábamos los sábados porque Tomás tenía aún actuaciones pendientes con Hay que purgar a Totó. Preferí ensayar de lunes a viernes y tener la posibilidad de trabajar con él. Vino al cásting para hacer otro papel, estaba buscando un actor bajito para el papel de Phil, pero cuando lo vi quedé maravillado. Es un grandísimo actor. Cuando vino no lo conocía. Empezó a largar y quedé impresionado. Es muy exigente y muy bueno. Tiene la particularidad de su tamaño pero lo que yo empecé buscando como broma acabó descubriéndome a un grandísimo actor. Y le di un papel que en principio se aleja totalmente del planteado por el autor.

P. Pero al mismo tiempo lo potencia...

Claro. Con su actitud. El teatro tiene algo que al cine le cuesta mucho más. Aquí la belleza está en la interpretación, en cómo se digan las cosas. Hay actrices que no son demasiado guapas en la calle y encima del escenario se convierten en guapísimas, por la forma en la que se comportan. Fíjate en Tomás, hay un momento en el que te olvidas de eso porque es un monstruo en el escenario.

domingo 16 de noviembre de 2008

Critica . . . AQUAMAN

sábado 15 de noviembre de 2008

"Aquaman" muestra a un superheroe con nostalgia de infancia


El protagonista del cómic "Aquaman" es el eje del espectáculo del mismo nombre, que se presenta en el teatro del Abasto y que tiene como autor e intérprete al teatrista marplatense Diego Velázquez.
Velázquez comentó en diálogo con Télam que "Aquaman" era su superhéroe preferido en los años de su niñez, aunque "era muy 'naif' y hasta cierto punto muy inútil porque fuera del agua no servía para nada".
Pasada la adolescencia y ya instalado en Buenos Aires, no hace más de cuatro o cinco años, volvió a reencontrarse con la historieta de un "Aquaman" totalmente reformulado respondiendo a una estrategia de marketing de acuerdo a los requerimientos de la actualidad.
"Es una versión muy violenta -subrayó-. En esta etapa ha sido padre de un niño que es asesinado por un villano, al tiempo que otro malvado le corta la mano. Es así que ahora aparece con pelo largo, un garfio y un odio que lo hace no querer ver a nadie. Fue como encontrarme con una persona que yo conocía y que de repente cambió mucho".
Está claro que esos cambios en los cómics tienen que ver con el intento de vender mejor al personaje ya que con las características que tenía inicialmente, a los chicos de ahora no les interesaría.
Otro elemento decisivo en la motivación de Velázquez fue el libro de poesía de Hernán La Greca, "La fuerza", dedicado a sus amigos, a los que relaciona con figuras de superhéroes muy vencidos, derrotados, con poderes inútiles y con deseos más humanos.
Finalmente un tercer elemento se entrelazó con los ya mencionados: su experiencia de vida en Mar del Plata, a la que considera "una especie de ciudad vencida".
"Es una ciudad que tuvo su esplendor, su época de gloria, que fue una súper-ciudad pero con el tiempo se ha ido cayendo -evocó-. Nací en una ciudad que está preparada para otros y casi todo el año está vacía, donde la ausencia está muy presente todo el tiempo salvo tres meses al año en los que está invadida. Oscila entre la ausencia y la invasión".
"Mezclando todas esas cosas empecé a ordenar algo que terminó siendo este espectáculo", afirmó.
En cuanto a la estructura del espectáculo y las características que le dio al personaje, Velázquez contó: "armé una excusa, traté de encontrar un soporte escénico para que me permita decir los textos de Hernán La Greca desde el personaje del Aquaman que yo me imagino".
El punto de partida de la obra es un Aquaman trabajando en una especie de Mundo Marino, que tiene mucho de cautiverio o encierro.
En cuanto a la definición del protagonista, reconoce que "es un intermedio entre las dos versiones, es éste de ahora queriendo ser aquél, es éste con la añoranza del que fue, porque el que es ahora tampoco sirve, no tiene espacio y tampoco le va bien porque es un superhéroe que no vende".
En el espectáculo aparece como si estuviera en cautiverio, como si fuera la atracción de ese lugar, teniendo que hacer un show cada diez minutos. Lo que el espectador ve es un show, los diez minutos de espera, otro show...así hasta hacer las cuatro apariciones en público y los momentos de espera en el medio.
En esas esperas está con otro personaje, una especie de cuidador-domador. "Hay algo en esta situación de encierro como de bestia salvaje, como el león viejo y vencido, tirado en la jaula", graficó.
A pesar del indudable tono nostálgico, Velázquez sostuvo que también hay pasajes de humor. "Aquaman tiene mucha envidia de los superhéroes a los que les fue muy bien y en especial con el Hombre Araña que ya lleva tres películas en cartel", comentó "Y si bien yo no voy a buscar el chiste, hay algo de humor que surge de la misma situación", especificó en torno a una de las aristas que de la pieza que se presenta los miércoles a las 21 en la sala sita en Humahuaca 3549.

A manera de resumen comentó que en la propuesta "hay una dualidad entre aquello que se fue y esto que se es hoy".

domingo 9 de noviembre de 2008

El blues de un superhéroe que (casi) cayó en el olvido Aquaman, personal obra de Diego Velázquez


Aquaman, con Diego Velázquez y Pablo Cura. Dramaturgia: Velázquez en base al libro La fuerza, de Hernán La Greca. Coreografía: Velázquez y Diego Rosental. Diseño sonoro: Guillermina Etkin. Iluminación: Matías Sendón. Dirección actoral: Ciro Zorzoli. Dirección general: Diego Velázquez. Miércoles, a las 21, en el Teatro del Abasto. Duración: 60 minutos. Blog: www.apartirdeaquaman.blogspot.com
Nuestra opinión: buena

Parece ser que Diego Velázquez, magnífico intérprete, es un fanático de los superhéroes. De hecho, hace tres años fue uno de los creadores de Super , trabajo que se presentó en el Festival Internacional de Buenos Aires. En esa ruta, esta vez reparó en Aquaman, aquel personaje que formó parte de la Liga de la Justicia junto a otros héroes con más prensa, glamour, merchandising y mucho más Hollywood que este fulanito que se quedó nadando sus propias y solitarias aguas.

Desde hace tiempo venía con ganas de hacer algo basado en ese personaje acuático creado en 1941. Tan personal fue esa búsqueda -y el resultado final- que, por primera vez, se convierte en responsable de la dramaturgia, protagonista, escenógrafo y director a la vez de esta obra con cierto tono de blues y chispas de un tipo que más que héroe es casi un antihéroe que se la pasa añorando un tiempo que fue hermoso.

En Aquaman , Diego Velázquez recrea su Atlantis con imágenes proyectadas de Mar del Plata -su lugar de origen- entre cornalitos, nostálgicas fotos de edificios cerrados, canciones de Sinead O´Connor y Nick Drake, un corto de animación de Bernardo Greco y cierta frustración existencial por saberse con poderes que ya no generan fanatismo. Entre el olvido, cierto dejo de rencor y la soledad que se apodera de su mundo, construye a esta criatura (y al espectáculo en sí mismo) en el cual conviven momentos de una bellísima y cautivante poética con escenas de aguas más turbias en términos dramatúrgicos.

Acompañado en escena por Pablo Cura (¿especie de domador de una kermesse en la que Aquaman hace su número?) y con coreografía suya y de Diego Rosental (excelente dúo), el trabajo interpretativo de Diego Velázquez está a la altura de lo mostrado en Decidí canción , Los sensuales y 23.344 . O sea, fácilmente podría integrar la Liga de la Justicia de los mejores intérpretes locales.

viernes 31 de octubre de 2008

sOy mI pROPIa mUJEr . . .

video

martes 28 de octubre de 2008

Dias Mejores . . . MUY PRONTO


No hay dinero, así que, para sobrevivir, unos jóvenes en paro o con trabajos precarios combaten el frío prendiendo fuego a los muebles, comen los despojos de un fast food y venden sus últimos enseres, de dudoso valor. A la vuelta de la esquina, aúllan los perros. Afortunadamente, se reciben voces del espacio presagiando la salvación. ¿Qué mundo es éste? Un mundo que busca días mejores y que, visto desde fuera, nos lleva a la carcajada o al estupor. Después de Ubú Rey y Largo viaje hacia la noche, Àlex Rigola vuelve a La Abadía con esta comedia freaky, escrita por el estadounidense Richard Dresser. "Apocalíptica", en palabras del New York Times. "Escenas de una ciudad fantasma."


Phil: "Uno vale lo que vale su producto. Y ahora mismo no tienes nada que vender."

Ficha artística

Reparto:
Ernesto Arias
Irene Escolar
Lino Ferreira
Ana Otero
Tomás Pozzi
Marc Rodríguez

Dirección: Àlex Rigola
Traducción: Ignacio García May
Escenografía: Max Glaenzel y Estel Cristià
Vestuario: Berta Riera
Iluminación: Maria Doménech

sábado 25 de octubre de 2008

julio . . . en mADRId


Aclamado por público y crítica, la estrella del cine argentino Julio Chávez llega por primera vez a los escenarios madrileños con Yo soy mi propia mujer, dando vida con extraordinarias dotes camaleónicas a un personaje que desborda al mismo tiempo ternura y patetismo. La pieza, ganadora de un Tony Award y un Drama Desk Award, ambos en la categoría de Mejor Obra, sintetiza la vida de Charlotte von Mahseldorf (1928-2002) que nació hombre pero fue siempre mujer y vivió una existencia múltiple e inclasificable, oscilando de la dama delicada al macho iracundo. En escena, la aristocracia refinada de una mujer inventada y la violencia salvaje de un superviviente a los embates del nacionalsocialismo. Yo soy mi propia mujer se estrenó en Buenos Aires en enero de 2007.

jueves 23 de octubre de 2008

Critica AQUAMAN . . . vamos Diego - LA SOLEDAD DEL HéROE


Diego Velázquez despliega su inmenso talento como intérprete y bailarín, e incursiona con este trabajo en la dirección. Un héroe caído en desgracia recuerda épocas de gloria desde su búnker, una habitación detrás de la piscina del acuario donde entretiene a algunos (pocos) nostálgicos

It´s not easy to be me” (“No es fácil ser yo”) canta el protagonista de Acquaman, uno de los siete grandes superhéroes de la Liga de la Justicia, quien salvó al mundo de las garras del Mal en el pasado. Pero ahora el mundo no requiere de sus servicios y en lugar de surcar los mares, padece sus días en la piscina de un acuario, donde quizá no sea más que la atracción para unos pocos memoriosos.

Diego Velázquez se basó en La Fuerza, de Hernán La Greca para crear a este héroe, que como todos (como Aquiles, con su famoso talón, o Supermán, ante la criptonita) tiene debilidades y flaquezas.

Aquaman se enfrenta a diario contra el olvido, la ingratitud de sus pares y la condena eterna de su peor enemigo: la soledad. En un mundo digital, en el que los héroes no nacen, sino que se hacen por accidente, este personaje no tiene armas ni dispositivos tecnológicos; su único don es el que lo acompaña desde niño, su destreza natural para moverse como pez en el agua y su capacidad telepática, ya casi en desuso, pues no se comunica con nadie, apenas con su ayudante (Pablo Cura).

Velázquez logró una puesta emotiva, con un ritmo constante, pinceladas de humor, escenas musicales, que acompaña con su propia capacidad (humana) histriónica y corporal y algunas novedosas video instalaciones.


***
Actúan: Diego Velázquez y Pablo Cura
Diseño de vestuario: Guido Lapadula
Coreografía: Diego Rosental y Diego Velázquez
Diseño sonoro, versiones y entrenamiento vocal: Guillermina Etkin
Diseño de iluminación: Matías Sendón
Escenografía: Diego Velázquez
Edición de video y subtitulado: Laura Palermo
Actuación en video: Moro Anghileri, Pablo Cura y Diego Rosental
Dirección de corto de animación: Bernardo Greco
Ilustrador en animación y gráficas: Hernán Paganini
Asistencia de producción: Mariana Grondona
Fotos: Laura Ortego
Producción: Laura Palermo
Asistencia artística: Pablo Cura y Diego Rosental
Dramaturgia: Diego Velázquez, basado en La Fuerza de Hernán La Greca
Dirección actoral: Ciro Zorzoli
Dirección general: Diego Velázquez
www.apartirdeaquaman.blogspot.com


Teatro del Abasto
Humahuaca 3549
4865-0014
Miércoles, a las 21
$ 20

domingo 19 de octubre de 2008

Palabras . . .


No las grandes verdades yo te pregunto, que
No las contestarías; solamente investigo
Sí, cuando me gestaste, fue la luna testigo,
Por los oscuros patios en flor, paseándose.

Y sí , cuando en tu seno de fervores latinos,
Yo escuchando dormía, un ronco mar sonoro
Te adormeció las noches, y miraste en el oro
Del crepúsculo, hundirse los pájaros marinos.

Porque mi alma es toda fantástica, viajera
Y la envuelve una nube de locura ligera

Cuando la luna nueva sube al cielo azulino.

Y gusta si el mar abre sus fuertes pebeteros.
Arrullada en un claro cantar de marineros
Mirar las grandes aves que pasan sin destino.


No hay quien purgue a Totó . . . Critica


La actriz Nuria Espert protagonizó la obra Hay que purgar a Totó anoche en el teatro Cuyás de la capital grancanaria, donde compartió escenario con Paco Lahoz, Manuel Millán, Tomás Pozzi, Ana Frau, Carmen Arévalo y Manuel Aguilar. Los verdaderos protagonistas de la obra fueron, sin embrago, un cubo de aguas fecales y un laxante, que arruinaron un lucrativo negocio y arrancaron las carcajadas de un numeroso público.

Esta comedia costumbrista francesa de finales del siglo XIX, escrita por Georges Feydeau cuenta la historia de Sebastián Rebollo, un fabricante de loza que invita a comer a su elegante casa a un importante cliente, el señor Chitín, presidente de la comisión encargada de decidir la adquisición, por parte del ejército francés, de orinales para los soldados.

Rebollo espera conquistar el mercado con un orinal de porcelana supuestamente irrompible, pero varios acontecimientos y malentendidos desagradables e inesperados van a hundir sus lucrativos planes. El orinal de porcelana no resulta tan resistente como esperaba y su mujer, Julia, se presenta en bata y rulos, y en vez de atender al invitado, que le importa un bledo, se lamenta del estreñimiento de su caprichoso y maleducado hijo de siete años, Totó, que se niega rotundamente a tomar un purgante. Una de las ocurrencias más divertidas de la obra es que, al final, todos toman laxante menos Totó.

Con esta trama tan superficial, Feydeau crea un gran disparate cómico, donde los equívocos y el humor absurdo cobran protagonismo y afloran con naturalidad. A ello contribuye el espacio escénico, creado por Jean-Pierre Vergier, un decorado levemente asimétrico y un tanto irreal: el despacho del porcelanista Rebollo con una puerta minúscula y otra gigantesca y un diván de colores alegres.

En este caso, el asunto es lo de menos, la comicidad absurda se desprende no tanto de la trama, sino de la consecución de unos diálogos irracionales por parte de actores y actrices. Lo gracioso es, precismente, que los personajes dialogan con mucha seriedad sobre temas disparatados.

El actor Paco Lahoz, a través de su personaje, el señor Rebollo, intenta transimitir una serenidad, que por momentos, desaparece debido al insoportable carcácter de su mujer y a los antojos de su único y malcriado hijo Totó. Nuria Espert, que en esta obra debuta en la comedia, tras cuarenta años representando tragedias y dramas, estuvo brillante en su cambio de registro, aunque no logra desprenderse del típico dramatismo del ama de casa zafia.

Manuel Millán, que protagoniza a Chitín, reproduce al desconcertado invitado de una pareja que no hace más que discutir en tono cómico. Hecho que hace recordar a las escenas de los vetustos Servando y Panchita del famoso programa de En Clave de Ja, no sólo por la comicidad de la reiterada batalla conyugal, sino por el atuendo de la Sra Rebollo, con trabas y rulos en la cabeza y pantys caídos a media pierna.

Pero, sin duda, el personaje más aplaudido de la noche fue Tomás Pozzi, que protagoniza a Totó. Con su metro y medio de sinvergüencería arrancó espontáneas carcajadas en su entrada en escena y en la fantástica interpretación de su breve, pero contundente papel.

jueves 16 de octubre de 2008

Un superhéroe en desgracia . . .


Dejó Mar del Plata a los 18 años y llegó a Buenos Aires "con toda la excitación, dispuesto a estudiar, a conocer". El actor Diego Velázquez agrega: "no llegué apichonado, por el contrario, traía todas las ganas". Y aunque cargaba algo de formación teatral y un interés particular por el mundo del cine, cursó estudios en la Escuela de Arte Dramático mientras se fueron sucediendo diversos trabajos y en diferentes circuitos, bajo las órdenes de directores siempre creativos: José María Muscari, Ciro Zorzoli, Alejandro Tantanián, Jorge Lavelli, Gustavo Tarrío, Silvina Grinberg, entre otros.

Y como es un actor "muy activo", según se define, llega ahora a su primera dirección: Aquaman, una obra que también interpreta junto a Pablo Cura y que esta noche comenzará a tener funciones en el Teatro del Abasto. Diego Velázquez llega algo demorado a la entrevista con La Nacion y se lo nota nervioso. Es que faltan unos pocos días para que se produzca su estreno y hay algunas cuestiones que debe apurarse a resolver. De algo parece estar muy seguro y es que, ese personaje que le robó a la historieta, ahora lo pone en situación de revisar algo de su historia, con Mar del Plata incluida.

El proyecto, en verdad, comenzó hace cuatro años, cuando se conectó con una nueva versión de Aquaman que lo desconcertó. "De chico me gustaban mucho los superhéroes de los cómics ?cuenta?. Aquaman era un ser naif, muy poco útil, fuera del agua no podía hacer mucho. Hace cuatro años tomé contacto con una versión actual y el personaje está devastado. Lo casaron, tuvo un hijo al que un villano mató, otro villano le cortó una mano y aparece con un garfio. Aquaman se cargó de odio. Su imagen también es distinta: tiene pelo largo, barba, ya no quiere ver a nadie. Fue como encontrarme con un compañero de la primaria hecho bolsa".

Con esa historia como disparador, el creador fue pensando la forma de llevar a escena algo de ese mundo personal fantástico que lo acompañaba en la niñez y esta realidad que quizás impuso el marketing a la hora de renovar a ciertos personajes. Velázquez encontró un libro, La fuerza, de Hernán La Greca, que le posibilitó construir en este presente una figura más compacta de su superhéroe.

"Es un libro hermoso ?comenta?, escrito con mucho cariño, donde La Greca escribe textos a sus amigos a partir de las figuras de los superhéroes. Fui empezando a mezclar cosas, recopilé diversos materiales. Yo quería que el trabajo lo dirija Ciro Zorzoli. Nos fuimos juntos a Mar del Plata, tomamos fotos, quería rescatar algo de la ciudad para integrarlo al espectáculo y Ciro me dijo que, en realidad, quien debía dirigir Aquaman era yo. Me tuve que hacer cargo de que es mío. Es la primera vez que siento la necesidad de que un proyecto personal se concrete, sea, verdaderamente".

El proceso de creación fue complejo. Si tenemos en cuenta que Diego Velázquez participó de la creación y como intérprete de los espectáculos Los sensuales y Los esmerados su capacidad de trabajo resulta envidiable. "Prioricé estos trabajos este año y con ganas. Es donde quiero estar. No soy un actor pasivo, me gusta involucrarme en los proyectos hasta donde el director lo permita. Y estas obras me permitieron ser, realmente, un actor creativo".

En el cine Diego Velázquez está empezando a tener su espacio y lo está disfrutando y va por más. Participó en Amorosa soledad, película de Vicky Galardi y Martín Carranza, recientemente ganadora del premio del público en el Festival de San Sebastián y es uno de los protagonistas de El niño pez, la nueva producción de Lucía Puenzo.

lunes 13 de octubre de 2008

Aquaman . . .


AQUAMAN

Con: Diego Velázquez y Pablo Cura

Diseño de vestuario: Guido Lapadula

Coreografía: Diego Rosental y Diego Velázquez

Diseño sonoro, versiones y entrenamiento vocal: Guillermina Etkin

Diseño de iluminación: Matías Sendón.

Escenografía: Diego Velázquez

Edición de video y subtitulado: Laura Palermo

Actuación en video: Moro Anghileri, Pablo Cura y Diego Rosental

Dirección de corto de animación: Bernardo Greco

Ilustrador en animación y gráficas: Hernán Paganini

Asistencia de producción: Mariana Grondona

Fotos: Laura Ortego

Producción: Laura Palermo/ Conjuro.

Asistencia artística: Pablo Cura y Diego Rosental

Dramaturgia: Diego Velázquez, en base al libro "La Fuerza" de Hernán La Greca

Dirección actoral: Ciro Zorzoli

Dirección general: Diego Velázquez


Agradecemos muy especialmente el apoyo económico de Tomas Pozzi.
y a Romeo Fasce y Luciana Quartaruolo por el trabajo.

Agradecimientos: Bruno Luciani, Mariano Stolkiner, Alejandro Tantanian, Silvina Grinberg, Juan Pablo sierra, Martin Laplace, Marcelino Bonilla, Gustavo Tarrio, Marianela Fasce, Anahí Alonso, Hernán La Greca, Juan Branca, Fernanda Orazi, Romina Chepe, y a Oria Puppo por la gran ayuda.

martes 7 de octubre de 2008

Estreno 15 de Octubre , , , No se lo Pierdan

lunes 6 de octubre de 2008

aRISTIMUÑo . . . cLIp

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domingo 5 de octubre de 2008

Pronto . . . sOLITAs mI aLMa



martes 30 de septiembre de 2008

Viene a MADRID . . .

La niña mimada del cine


Inés Efrón, una de las grandes referentes de la nueva camada de actores, habla de sus trabajos, su adolescencia, la sexualidad y su oficio.

¿Quién es esta chica que en poco tiempo trabajó con Mercedes Morán, Ricardo Darín, Cecilia Roth, Oscar Martínez y María Onetto? ¿Qué hay detrás de esta niña adulta de voz tímida y bajita, pero clava sus ojos inquietos y ávidos de intensidad?

Inés Efron, la actriz de cine más mimada (y sorprendente) de la nueva camada de actores locales, empezó a despuntar en retratos generacionales como Glue y Cara de queso , brilló en XXY , apareció en El nido vacío y fue elegida por Lucrecia Martel para filmar La mujer sin cabeza .

Y pronto volverá a ser noticia por dos: como protagonista de Amorosa soledad , ópera prima de Martín Carranza y Victoria Galardi que acaba de recibir un galardón en el Festival de San Sebastián ; y por El niño pez , segundo film de Lucía Puenzo que ya terminó de rodarse.

En una charla que CINEMANÍA reproduce en su edición de octubre cuenta por qué pasa de sentirse niña a vieja en cuestión de minutos y cómo logró encauzar sus angustias adolescentes exorcizándolas a través de la actuación.

Aquí, algunas de sus declaraciones:

La actuación. "Muchos tienen la idea de que actuar es "hacer algo", y yo siento que no hay que hacer nada; que cuanto menos hago, más pasa. Cuando estoy haciendo una escena, a veces me tensiono y no me gusta. Pero cuando me entusiasmo y me divierto, me dejo atravesar, siento que estoy jugando".

Su adolescencia. "Tuve diferentes etapas y pasé por todo porque quería probar todo. Para empezar, a los 13 tuve que usar un corsé por un problema de escoliosis, y dije: "Me alejo del mundo". Estaba en pleno despertar sexual y decidí aislarme, no quería saber nada de chicos y estaba todo el día estudiando... Después, claro, me sacaron el corsé y empecé a ir a bailar a la matiné con una amiga".

La sexualidad. "La sexualidad es conflictiva y lo debe haber sido siempre, pero ahora hay un poco de promiscuidad. En las nuevas generaciones, o al menos entre la gente que conozco, es común probar todo. Entre hombres y mujeres aparece esta cosa de probar todo, y eso puede meterte en un pozo donde podés agarrarte algunas angustias. No hay muchos límites claros".

Los jóvenes viejos. "Somos una generación de chiquitos o viejos. No hay un punto medio. A veces nos quedamos tomando un té muy tranquilos y otras veces charlamos cosas de gente muy grande".

Un papel pendiente. "¡Juana de Arco! Me gustan esos personajes que reciben mensajes de Dios y están conectados con otra dimensión y ven cosas. También me encantaría, en algún momento, interpretar a una mujer grande, enamorada".


lunes 29 de septiembre de 2008

Pulsiones Tráiler

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HOT TOWN por blue aliens temple

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miércoles 24 de septiembre de 2008

No te aguanto . . . Por Fernando Peña


El rechazo, la incomodidad de compartir espacios y situaciones con el otro se van haciendo más fuertes a medida que crecemos

Caminando por cualquier calle de la ciudad, uno puede darse cuenta de que nadie se mira a los ojos y si por alguna casualidad nos encontramos por una milésima de segundo con otros ojos que nos apuntan, acto seguido, una de las dos personas, o las dos, bajan la mirada inmediatamente. Cuando nos llevan por delante o nos empujan suavemente, el pedido de disculpas es balbuceado y en voz baja; es casi imperceptible, casi ni se escucha. Quien te empuja sin querer te pasa por al lado y se le escapan, se le caen literalmente de la boca, sonidos inentendibles que reproducen un tímido y poco sentido pedido de disculpas. Ni hablar de la tensión que produce estar con gente desconocida en un ascensor. Ahí entran en juego varias situaciones embarazosas; por ejemplo, el tener que pedir que te aprieten el botón de un piso, saludar a todos o correr hacia el ascensor pidiendo que aguanten las puertas abiertas porque estás llegando tarde. Todo eso nos llena de vergüenza, aparecen las inhibiciones y los complejos. También están las miradas, los empujones y los roces. El contacto físico con el otro, la apoyada, el hombro a hombro, las tetas de una mujer en la espalda, las tosecitas nerviosas, el aliento y sentir la respiración de los demás en la nuca hacen que ir de una planta baja a un piso doce sea más incómodo que sentarse en una silla con clavos. El viaje se hace eterno y enmudecemos. Hasta cuando le tenemos que decir algo a alguien que está con nosotros lo hacemos en voz baja y con pudor.

El cruce en los cajeros automáticos es también una situación bastante incómoda, abrir la puerta y sostenerla para que el que está afuera pase y que a veces ni siquiera dé un gracias dicho claramente. Otra vez el sonido inentendible y fugaz, el buñuelo de palabras, el gruñido. Nos comportamos como si fuéramos animalitos que croan o graznan. En las casas de pastas, los domingos al mediodía, también se demuestran nuestra falta de destreza, nuestra torpeza y la gélida indiferencia. Detrás del mostrador, los empleados gritan los números y otra vez la gente con un hilito de voz, a veces intentando que el número llegue a las manos del empleado para no tener que decir simplemente la palabra “yo” cuando cantan 52. A veces entra alguien que no sabe que hay que sacar número y nadie es capaz de avisarle, como si nos pusiera contentos que entren cuatro o cinco personas detrás de él, saquen número y lo dejen pagando. Ahí el gozo es en silencio, el pobre hombre no percibe que seguramente hay dos o tres personas riéndose por dentro. De auto a auto también nos pasa. Por eso, a veces, es mucho más cómodo viajar en autos con vidrios polarizados. Se me ocurre que muchos oscurecen los vidrios del auto no por una cuestión de seguridad ni por el sol sino para guardar privacidad, para evitar que el otro vea, espíe. Cuando vamos en auto también hay muestras de poca solidaridad y ganas de joder al otro, el clásico ejemplo es el que no se corre de la izquierda cuando le hacemos luces. Disfruta, se regocija y no se corre, cuando a veces el motivo de nuestro apuro puede ser importante.

El asco y el rechazo que nos estamos teniendo es totalmente palpable. Estamos hartos de nosotros mismos, de la forma humana. Es claro que preferimos otras criaturas vivientes, y se nota cuando de pronto aparece un perro vistoso. En seguida, alguien se nos acerca simpáticamente, lo acaricia, le habla, como queriendo establecer un diálogo con el perro pero no con nosotros. “¿Y vos cómo te llamás, che?”, le preguntan al perro, y al no recibir respuesta, ya que el dueño también está deseando que el perro hable, repregunta: “¿Cómo se llama?”; y de pronto ése es el comienzo de un diálogo corto y tibio en la plaza, un diálogo que el dueño del perro ansía que termine cuanto antes.

Siempre buscamos playas vacías y pocos son capaces de compartir una mesa en McDonald’s cuando está lleno. En el cine, dos parejas dejan una butaca vacía entre las dos y rezan en silencio para que deje de entrar gente así pueden guardar esa distancia protectora. El tío de un amigo se compraba dos pasajes para no compartir asiento en los ómnibus de larga distancia, y no debe ser la excepción. En todo momento se ve que si podemos evitar al otro, es mejor. Cuando voy al teatro y noto que se viene el intervalo, ya me voy parando, veo los últimos minutos de pie desde el fondo junto al acomodador, cerquita de la cortina de terciopelo, y cuando empieza a cerrarse el telón corro al baño para ser el primero, estar solo y hacer pis tranquilo. Así y todo elijo un compartimiento y no un mingitorio y tampoco debo ser la excepción. Cuando ocupan la mesa de al lado en los restoranes también es molesto y es casi una proeza compartir un taxi. Hablando de taxis, me encantan los de Montevideo, tienen una mampara que separa al pasajero del taxista y evita la charla pasatista y hastiante.

El rechazo, las ganas de no cruzarnos, la intolerancia y la incomodidad de compartir espacios y situaciones con el otro se van haciendo más fuertes a medida que crecemos. Los chicos no padecen este mal. Es común verlos parlotear y hostigar con preguntas de todo tipo a los adultos. Nos pasa cada tanto que dos chiquitos en el auto de adelante nos saluden y se rían con frescura y espontaneidad. ¿Por qué perdemos esa simpatía con el otro? ¿La perdemos o incorporamos la intolerancia?

Creo que se trata de una falta de educación. No hablo de una educación de buenos modales y buenas costumbres, hablo de educar la actitud, la predisposición. Es necesario prepararnos para interactuar con el otro, notarlo, mirarlo, incorporarlo. Tampoco estoy hablando de la buena onda al divino botón ni de una actitud religiosa, hablo de reeducar las conductas cotidianas, nuestras expresiones corporales y los parlamentos. Hablo de desinhibirnos, cada uno dentro de nuestras posibilidades. Hablo de salirnos de nosotros.

El entrenamiento teatral ayuda mucho. Es raro que un actor camine encorvado como tratando de esconderse en su propio cuerpo o hable en voz baja. Tenemos aprendido un manejo de nuestro cuerpo, al que llamamos instrumento, cuando hablamos lo hacemos claro y alto, cuando miramos lo hacemos profundamente y cuando nos toca interactuar con extraños, por lo general, nos cuesta menos.

Salgan de sus casas como si salieran de un camarín. No pretendo que sonrían y saluden a todo el mundo, pero caminen erguidos, registren lo que dicen y cómo lo dicen, miren al otro y exhíbanse ante la multitud. Cuando deban enfrentarse con el prójimo, ya sea a solas o ante varias personas, procuren ser amables y simpáticos utilizando la falsedad que no se nota que tenemos los actores. Háganle creer al otro que por lo menos lo toleran y lo tienen en cuenta. Se trata de códigos y conductas histriónicas que aceitarían un poco esta apatía necia y seca que estamos viviendo.

lunes 22 de septiembre de 2008

Esquizopeña El Musical


En esta espectacular y despampanante rutina musical llena de glamour, brillos y lentejuelas, los personajes de Fernando Peña se chocan contra una pared de ladrillos y caen por su propio peso. Sin saber bailar ni cantar hacen lo que pueden. ¿Se imagina usted a Don Sabino, con sus ochenta años cantando el tango “Pelotita”?. Da vergüenza, es patético, sin embargo tierno. Palito, el negro cabeza alimentado a Paco, Cocaina y Uvita Dulce, hace un potpourri de sus hits mas famosos, luciendose con “No se Peña que se yo”, cancion que escribio mientras buscaba un gramo de cocaina que al adicto de su patrón , Fernando Peña se le habia caido al piso. Dice Palito sobre este tema: “E puto lo abia pedido i no loncontraba i mi peguntaba che negro onde ta el mogra y sho bucaba y duro le contete no se peña que se sho y salio e hit”. El grandulon uruguayo, alias Cristina Megahertz con su bulto prominente y sus antebrazos de camionero mal alimentado abre este variopinto espectáculo con su cancion “Ticholos”, Milagros Lopez la dulce cubana que a esta altura ya esta hecha mierda tambien tiene su cancion “Bananas”. El trolo sidoso, Roberto Flores, patina alrededor de seis porongas semi erectas y canta “Huasca”, su éxito. Tampoco faltan Delia Dora de Fernandez, una vieja conchuda a favor de la cana, los milicos y Hitler, que se queja de todo y piensa que 33.000 desaparecidos fueron pocos, Maria Elena Rinaldi, una tortillera admiradora de la Walsh, Las Leonas y Sandra.

En Esquizopeña El Musical, Peña plasma la decadencia, la grasada y la distinción en un desfile de presentadores con smoking. Mariconazos que bailan con lycras ajustadas y alguna que otra gorda fofa que trata de seguirles el paso.

¡¡Un show lleno de alegria que es para pegarse un tiro en las bolas y tocar el cielo con las manos!!.

De Roque Enroll al folclore de papá


Hija de uno de los grandes armoniquistas del mundo, redescubrió la música de su infancia. Atrás quedó el boom de hits como Lollipop.

Mavi Díaz, una de esas personas que, si se lo proponen, pueden llegar a ser jóvenes por siempre, se mueve con gracia y predisposición frente al fotógrafo. Están a una cuadra de Callao y Corrientes, y las personas que pasan los miran. ¿Cuánta gente, de las que la esquivan tratando de adivinar quién es, habrá bailado con su música? Por ejemplo, esa cuarentona que lleva a la nena de la mano, ¿cuántas veces se habrá puesto las calzas y las chatitas mientras Mavi y sus amigas sonaban en el grabador? Porque ella, que hoy está a punto de presentar por segunda vez en la Argentina un disco de folclore, fue la líder de Viuda e Hijas de Roque Enroll y ahora hace lo que ni siquiera se sospechaba en 1985.

Cuando Mavi era muy famosa, ese jueguito de sacarse fotos era, además de un trabajo, eso mismo, un juego. Uno más en la maravillosa experiencia de hacer lo que se quiere a los 20 años. Ahora que es toda una señora –dicho esto porque se ha casado un par de veces y porque tiene un hijo de 23 años; de ningún modo porque lo aparente–, no tiene ningún problema de que se la lleve a aquellos tiempos de rockstar junto a las Viudas y se la traiga para contar cómo es que el folclore y los temas de su padre Hugo Díaz la atraparon.

Tampoco le molesta hablar de la amargura que trajeron los años noventa –con exilio, anonimato y una gran pérdida incluidos– para insertarle, divertida, rápida como un rayo, una anécdota de su infancia, rodeada de padres del folclore, y amiga de juegos de sus hijos.

Mucho menos tiene problemas para llenarse la boca con historias de su padre, que por estos días –y para su amorosa sonrisa, que asoma recortada por entre un medio flequillo empecinado en caérsele sobre la cara– asoma nuevamente al disco en algunos momentos de la banda sonora de A los cuatro vientos, la biografía de Hugo Díaz dirigida por Alberto Larrán que el año pasado se estrenó en cines.

–Reeditaron tu disco y salió el de la película, ¿es estratégico?

–Pasa que el álbum es fruto de la película, y la banda sonora justo acaba de salir. Yo canté la Zamba del ángel para la peli, y fue tan lindo eso que generó que después hiciera el disco. Pero para mí fue toda una sorpresa que, el día que fui a grabar al estudio y canté esa zamba por primera vez en mi vida adulta, me dí vuelta y vi que estaba todo el mundo llorando. Después, cuando lo escuché, me dí cuenta de que, sin imitarla, me había salido la voz de mi mamá (la cantante Victoria Díaz).

–¿Ayudaste para hacer la película sobre tu padre?

–Tanto yo como mi familia ayudamos mucho para que la película se hiciera. Y también, por supuesto, la familia de Domingo Cura, que era mi tío. Fue un problema porque de mi papá casi no hay grabaciones en video. El director usó testimonios buenísimos y jugosísimos, pero material fílmico cero. Me gustaría que la peli saliera rápido en DVD, para que la gente la pueda ver.

–Además, la película ayudó a que el nombre de tu papá resurgiera.

–Eso es lo que más me gusta de todo.

El disco de Mavi, Baile en el cielo, el que nació el día en que entró a un estudio y sintió que debía acomodar su voz de roquera a otro sentir, a un sonar de instrumentos que entra suavemente en el oído, sin la rugosidad de una guitarra eléctrica, ahora la lleva –quién diría– entre guitarras, charango y bombo al Teatro IFT, donde esta noche a las 21 seguirá afinando el lápiz de la cantante de folclore: “¡Me mata el folclore, es un nivel de expresión completamente diferente! Ya desde las letras es nuevo para mí. Y estoy fascinada explorándolo –cuenta– porque los colores que te brindan los instrumentos acústicos son increíbles. Hasta la voz funciona diferente, trabajás a otra frecuencia.

–¿Creés que salió todo lo que viviste de chica?

–Y... grabar el disco fue como un viaje en el tiempo. Salió todo lo mamado en la infancia. Pensá que mi vida fue un gran backstage y en mi casa desfilaba todo el mundo: ¡los cumpleaños de mi viejo duraban cuatro días! Yo era chiquita y jugaba con el hijo de Mercedes Sosa y con los hijos de Dino Saluzzi. Los niños jugaban mientras los padres tocaban. ¡Si hasta nos íbamos de gira todos juntos!

–Entre la voz ronca de los ochenta y la folclorista de hoy, ¿dónde queda la cantante de hotel de los años noventa?

–Mirá, el anonimato también ayuda. Cuando acá la cosa se puso mal por el tema de la inflación, nadie tenía laburo. Yo acababa de hacer Languis con los Soda y le pedí a Gustavo Cerati que me llevara de gira. Me dijo: “¡Yo no te voy a llevar a vos de coros”! Pero no tenía laburo y entonces me fui a España a cantar en hoteles, y ahí me pude comprar una casa. Los primeros días, la gente no me daba bola. Tocabas muy fuerte y te chistaban; eras un mueble que estaba ahí para servir.

–Y después fuiste una de las primeras coach vocales, ¿no?

–En realidad ya lo era acá. Cuando llegué a España, eso no lo hacía nadie, así que me fue bien. Trabajé con Alejo Stivel, y con su empresa hice veintipico de discos. Después me abrí sola.

–¿Nunca te dormiste pensando que el gran talento de tus padres tarde o temprano aparecería en tus genes?

–¡Nunca me dormí! Para empezar, no tengo el talento de mi viejo, esas cosas son irrepetibles. Lo mío es tenacidad y trabajo. Pero bueno, algo debo tener.

Con esa banda no hay historia

Viuda e Hijas de Roque Enroll fue más que una banda de chicas. Su presencia en la escena musical de los años ochenta las empardan en importancia con Soda Stereo, Virus, Zas, Los Twist o Los Violadores. Que su impronta fresca y divertida no fuera formateada para hacerlas durar más jamás fue ni será su culpa.

Mavi no ve aquella época ni a sus amigas más que con cariño: “Fue lo mejor que me pasó en la vida: tenía 20 años, estaba buenísima, estaba con mis amigos, ganaba plata, ¿cómo no lo voy a recordar con cariño? Fue una época genial: sonábamos súper, las chicas eran músicos impresionantes y las cosas nos salían muy fácil.

Además, nos divertíamos: ¡para las giras hacíamos un casting de técnicos! Estábamos en el hotel, a la noche, y elegíamos a alguno. Y para dormir siempre nos vestíamos las cuatro iguales. Era como una cábala. Usábamos ropa interior Calvin Klein, cada una con un color distinto. Nos poníamos las remeras que nos regalaban los de sonido, de repente decíamos, por ejemplo, ‘hoy, el iluminador’, nos íbamos todas a la habitación del pibe, le rodeábamos la cama, le hacíamos interrogatorios y le hablábamos y... rock and roll.”

jueves 11 de septiembre de 2008

Otra vez me muero . . .



Otra vez siento que estoy mendigándole a un tomógrafo, como si éste tuviera injerencia para cambiar el resultado de lo que ve. Por Fernando Peña.

Y otra vez el tomógrafo dándome instrucciones: “Respire”, “no respire”, “tome aire profundamente”, “respire”… para dentro de unas horas sentenciarme de vida o de muerte. Es realmente maravilloso estar acostado boca arriba mirando ese “bicho” enorme, ese aro que gira sin parar, esa turbinita indignante que chilla estridentemente, y luego las instrucciones para que uno respire o no respire. Y respiro y no respiro. Y aguanto la respiración, y respiro y no respiro y aguanto… y respiro otra vez. Es tan cómodo, una vez que uno se relaja, saber que no se puede hacer nada. Estoy con la aguja en la vena, me están pasando un líquido de contraste que me arde, que me quema, que me da náuseas, obedezco instrucciones, la camilla se mueve hacia adelante y hacia atrás, los ruidos son agresivos, los movimientos abruptos… mi cuerpo está en “boxes”. Es tan denigrante, tan humillante, que si obedeciera a mis instintos me arrancaría la aguja y saldría corriendo del lugar. Pero le voy a dar una chance más a la medicina y una menos a mí, que me prometí no someterme más a agresiones físicas y morales. Y digo una menos a mí porque no siento tanto respeto por mí al estar acostado preso de un tomógrafo operado por una señorita con cara de estar haciendo lo que tiene que hacer. Siento que estoy mendigándole a la vida o, lo que es peor, a un tomógrafo, como si el tomógrafo tuviera injerencia o pudiera tener piedad como para cambiar el resultado de lo que ve. Como si pudiera ponerme una buena nota o hacer la vista gorda al posible tumor o linfoma que podría llegar a tener.

La sensación es espantosa, siento muy poco respeto por mi ser. Merezco morir como una rata rabiosa al salir del Instituto Alexander Fleming; me había prometido nunca más hacerme nada. Pasé un año entero regalando mi cuerpo a sesiones de quimioterapia. Sesiones que duraban cuatro días, sesiones que me dejaban acalambrado, dolorido, desganado, nauseabundo, pelado, blanco, verdoso, gordo, inflamado, morado. Mi aspecto era el de un sapo a punto de reventar. Pasé meses dificilísimos, porque además la certeza de que el tratamiento funcione no se la dan a uno de la noche a la mañana, sino que hay que dejar pasar por lo menos tres o cuatro sesiones hasta que un día entra el médico a la habitación y con una sonrisita de esperanza que es como la lucecita que dan las velitas que ponen flotando sobre el agua ahora en los restaurantes te dice tímidamente: “Bueno, afortunadamente el tumor es sensible a las drogas y está comportándose como esperábamos”. Recién ahí empecé a sentir que valía realmente la pena la agresión de meterme veneno por las venas todos los meses durante cuatro días seguidos. Y tampoco así fue fácil.

La quimioterapia es veneno, y no es una metáfora, es veneno de verdad. Mata todo lo que toca, arrasa con todo sin distinción, destruye lo que sirve y lo que no sirve. Te come los huesos, los tejidos, te morfa entero. Te devora sin consideraciones ni contemplaciones. Recuerdo que uno de los medicamentos que me inyectaban tenía que estar envuelto en papel metálico tipo rollito Ben, el que usaba mi madre para cocinar cuando era chico, porque no podía estar expuesto a la luz del día. Recuerdo que cuando salía del Fleming, al cuarto día, vomitaba los veintiséis días restantes hasta tener que internarme nuevamente por otros cuatro días. Y así sucesivamente durante ocho meses seguidos. Envenenarme, salir, vomitar, acalambrarme, retorcerme, seguir mi vida como podía, internarme, envenenarme, salir, internarme, envenenarme, salir, vomitar… y todo esto sin parar. Ocho meses sin parar. Si paraba, me moría.

Todo el proceso fue muy difícil. Recuerdo infinitas charlas con Pinky, una maestra en cáncer; Pinky debería dar clases en los hospitales. Gracias, Pinky querida.

El tratamiento también te pudre psicológicamente. La gente me miraba el doble de lo que me mira ahora, me miraba no solamente por famoso sino porque es raro ver a un tipo sin pelo, sin cejas y verdeamarillo. El color del cáncer no es el negro, es el verdeamarillo, ese verdeamarillo premuerte, como el que tiene la papa. Verdeamarillo premuerte parece un nombre ridículo de esos que traen las cartillas de pinturas. La gente tampoco sabe cómo abordar el tema, algunas personas ni lo mencionan, otras se le atreven con torpeza, y otras te dan fuerzas y consejos que escucharon al pasar. También me llegaban a la radio recetas de sopas. Nunca olvidaré la receta de una señora que me recomendaba tomar una sopa de pescuezo de gallina con porotos, no sé cuántas cabezas de ajo, ají picante, jengibre, cartílago de no sé qué animal y otras miles de verduras mágicas. Una vez caminando por la calle Gascón rumbo a la Fundación Huésped otra señora que barría la vereda me invitó a su casa a desayunar. Los oyentes me mandaban datos de chamanes, de videntes, de curanderos. Me recomendaban clínicas en los Estados Unidos; creo que nunca en mi vida escuché tanto las palabras “Clínica Mayo”. Me llegaban cartas con miniaturas de crucifijos, imágenes de santos y de vírgenes, cintas de colores, medallitas e infinidad de fetiches. Gracias a todos. Gracias de verdad. Ya pasó.

Todo eso ya pasó… Louise Hay pide que tengamos mucho cuidado al elegir las palabras que usamos para hablar de las enfermedades y cómo las encaramos. Yo tuve un linfoma no Hodgkin en el riñón izquierdo y pude destruirlo, vencerlo, derrotarlo, hacerme amigo, o curarme, como corno quiera Louise que le diga. Pasaron casi seis años y otra vez una manchita, algo que a mi oncólogo no le gusta, otra vez el miedo, no tanto a la muerte sino al dolor, a no poder vivir como quiero, a no estar del todo sano. Otra vez el desafío de juntar fuerzas, otra vez apoyarme en mis amigos, otra vez recurrir al método de contarlo para exorcizarlo. Otra vez concentrarme para que la cabeza me responda y no me juegue una mala pasada.

¿Otra vez?, ¿otra vez todo eso? Sí, otra vez. Otra vez porque me quedan cosas por hacer, otra vez porque soy un cagón, otra vez porque soy valiente también, otra vez porque soy gallego, otra vez porque tengo OSDE 450, otra vez porque me quiero, otra vez porque me odio, otra vez porque me mentí, otra vez me faltaré el respeto, otra vez lo haré, otra vez porque amo la vida, otra vez porque me encanta coquetear con la muerte, otra vez por Pinky, otra vez por el doctor Chacón, otra vez por mis oyentes, otra vez por los que no pueden acceder a estos tratamientos, otra vez por María, por mi novio, por mis amigos, por este trabajo de escribir, por el teatro, por Charly, por Maradona, por ver a Lanata en el Maipo, por el gordo Bergara Leumann, por mi perra Mono, por volver a almorzar con Mirtha, otra vez para escucharlo a Lalo, a Hanglin, a Víctor Hugo, a Dolina y a la Negra. Otra vez para volver a Broadway a ver teatro ahora que me dieron la visa para entrar a los Estados Unidos… Otra vez… Otra vez por todo eso y mucho más, y otra vez por muchísimo menos también, muchísimo menos, como por ejemplo comer un cuernito de grasa o tomar un whiskicito. Otra vez parece que me muero, otra vez trataré de no morirme, sí, otra vez, otra vez porque no hay más remedio, otra vez, otra vez… por mí…

jueves 4 de septiembre de 2008

Eqqus . . .


Daniel Radcliffe, el actor famoso por su papel en la saga cinematográfica Harry Potter, debutó ayer en el teatro en Londres, en el estreno de la obra Equus, con buena acogida por parte de la crítica. Tras el polémico desnudo del actor, ya de 17 años, parece que los críticos ya se fijan en otras cosas aparte de en su cuerpo.

El Daily Mail ha asegurado que "ha dejado atrás a Harry Potter", mientras que el prestigioso The Times le califica de "actor seguro". The Independent afirma que su actuación es "convincente en el mejor papel de teatro para un adolescente. The Daily Telegraph también se deshace en elogios: "El brillante Radcliffe se ha quitado la capa de Harry Potter. Es un emocionante actor teatral de un registro y una intensidad inesperados".

En cuanto al público congregado en el auditorio, no pudo por menos que aplaudir puesto en pie tras la interpretación de Radcliffe del joven Alan Strang, "obsesionado sexualmente por los caballos". Las fans femeninas esperaban al actor a la salida de los artistas del teatro Gielgud, pero no pudieron atraparle. Las entradas se agotaron, y varios famosos acudieron a ver a Radcliffe, entre ellos el actor Christian Slater, que afirmó: "estoy impresionado, Daniel ha realizado sobre el escenario un trabajo increíble".

Radcliffe minimizó en la BBC la importancia de desnudo: "Lo esperaba. Habría sido estúpido si pensara que nadie hablaría de ello. Pero no es una parte importante de la obra, apenas cuatro minutos". Entre los fans y los padres de éstos ha habido mucha controversia por su causa, pero todo parece haber sido superado. El actor comentó que no buscaba tampoco distanciarse de su personaje de Harry Potter: "Lo hago porque creo que es una gran obra".

miércoles 3 de septiembre de 2008

PUBLI . . . .

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lunes 1 de septiembre de 2008

Claudio Tolcachir, con nueva apuesta


Luego del tremendo éxito de La omisión de la familia Coleman, llega Tercer cuerpo

Después del éxito que significó -y todavía significa- La omisión de la familia Coleman , Claudio Tolcachir volvió a sentarse a escribir un texto para llevar a escena. Así, desde esta noche, a las 23.15, Tercer cuerpo ocupará el espacio que tomó durante tres años tan particular grupo familiar -que durante los próximos seis meses estará de gira-, es decir los fondos del PH de Boedo al 600.

"No te voy a negar que lo que sucedió con los Coleman significó una presión pera mí, pero no tanto por las expectativas de los demás, sino porque me gusta llegar a hacer lo que yo creo es lo mejor. Y en ese proceso sufro mucho, dudo de todo, soy demasiado exigente y no paro hasta que no siento que la cosa funciona", resume Tolcachir más contento que sufrido ahora que está por estrenar.

En Tercer cuerpo , Tolcachir se mete en la vida de un grupo de personas que trabajan en una oficina. "Nunca se sabe bien qué hacen o por qué se están quedando solos, como olvidados. A diferencia de los Coleman -que eran personajes a los que les sucedían cosas pero que no hacían nada para modificar su situación-, éstos hacen de todo para mejorar sus vidas pero les sale mal, no lo saben hacer", sigue el director que eligió para su elenco a Ana Garibaldi, Hernán Grinstein, Magdalena Grondona, José María Marcos y Daniela Pal. Algo de núcleo por donde va la pieza se resume en una frase de Cesare Pavese: "Te sorprende que los otros pasen a tu lado y no sepan cuál es tu pena, tu cáncer secreto; y cuando pasas junto a tantos y no sabes ni te interesa cuál es la pena y el cáncer secreto de ellos...". Para ahí miró este director, dramaturgo y actor cuando pensó en el universo de estos seres que mantienen ocultos sus sueños más profundos frente a la mirada de aquellos con quienes comparte gran parte del día: "En la obra hay algo de eso que tratan de ocultar en la oficina hasta que sus verdaderas historias estallan -continúa Tolcachir-. Surgen los intentos fallidos y una tremenda soledad".

-¿En qué tono contás la obra?

- La verdad, no me sale otra forma de contar una historia tan terrible que no sea con humor, uno negro, quizás hasta patético, pero humor al fin.

Cualquiera que se haya emocionado con sus Coleman sabe de qué está hablando.


lunes 25 de agosto de 2008

Mi Soledad . . .


Ahí estoy en mi soledad -esa tan típica mía-, mi papá y mi hermano se iban a comer al puerto, yo decidí quedarme. Antes de salir, papá me tomó la foto. Tengo grabado ese instante antes de mi tan ansiada soledad, ese momento en el que la cámara hizo clic, salió el flash. Y pensé: "por fin se van"

domingo 24 de agosto de 2008

Los miedosos popes de la tevé - Fernando Peña


Las cosa se va a poner fea cuando acabe Beijing. Cuando lleguemos a casa y ya no nos vayamos a China de viaje como nos estamos yendo ahora, ¿qué haremos? Cuando la televisión caiga otra vez en su programación habitual, tendremos que padecer ooootra vez la adormecida y tibia televisión argentina.

Redefinamos hoy el término “televisión”. En cada reportaje que me hacen una de las últimas preguntas es: “¿Y cómo ves la televisión de hoy?” Uffff. La televisión es un simple aparatito que muestra, no refleja, la vida tal cual es. Nunca nos cuestionamos lo que vemos a diario en la calle. Cuando nos sentamos en un bar y miramos para afuera no debatimos sobre lo que estamos mirando.

La gente pasa, suceden cosas en todo momento, se dan situaciones estrafalarias y nadie analiza lo que ve. Lo ve y punto. Veamos la televisión y no hablemos más del tema. Sobreintelectualizando vamos embruteciendo, vamos perdiendo sensibilidad, es como escribir una teoría de lo que sentimos al comer un helado de dulce de leche. Agarrá el cucurucho, chupá y tragá y callate.

Lo mismo deberíamos hacer con la tele. Deberíamos volver a drogarnos con Toddy para mirar sin culpas Popeye o Los picapiedras. No pensábamos en nada y sin embargo no era la tele una fábrica de ignorantes. Están de moda ahora dos estupideces, bien estúpidas, como todo lo que está de moda; una de ellas es decir que uno no usa celular y la otra es decir que uno no ve televisión. ¡Pero por favor! No le creo a nadie que diga alguna de esas dos cosas, a no ser que viva bajo tierra; la información, la comunicación, la televisión y la radio son como un virus electrónico que penetra en el tejido social y está muy lejos de nuestro control detenerlo.

La masa que pasa por una vidriera de una casa de electrodomésticos siempre, aunque sea por un segundo, pispea la imagen que muestra el televisor en exhibición. Puede usted ser una vieja alemana nazi que vive en Martínez en un piso 14 cobrando los quince mil euros de rentas de su führer muerto, odia a la Argentina y a los argentinos porque somos todos latinoamericanos y usted no puede, usted señora, no conocer a Tinelli ni importarle con quién almuerza Mirtha, pero seguro que tiene tele, aunque sea para mirar, como usted dice, sólo los canales de cultura, ballet y ópera. Pero usted mira televisión.

Basta de irla de inteligentes, seamos inteligentes de una vez y sepamos que disfrutar de la televisión no es un pecado y tampoco significa que uno es un bobo. Encendé la tele y escuchá de lo que quiero hablar hoy.

El problema de la televisión de hoy no son sus televidentes, son sus productores, sus dueños, sus directores artísticos. Estas amas de casa en pantalones y corbata que en lo primero que piensan es en “cómo lo tomará mi madre”, como me dijo una vez un “groso” de la tele. Estos corderitos disfrazados de lobos que lo único que quieren es un buen rating no saben cómo conseguirlo. Lo único que hacen es copiarse los unos a los otros, copiar formatos extranjeros y arrancarse las pestañas para ver quién le pone más guita a Ricky Martin, la nueva madre soltera que con sus mellizos empañó a los mellizos Pitt-Jolie.

Estos mediocres ascendidos devenidos en peces gordos siguen conservando su pulpa prudente a la hora de programar sus canales, cansando a una Doña Rosa que en cualquier momento los saca de sus cómodos sillones de cuero a plumerazos en el orto. La programación que ofrecen es una estafa, muchachitos.

Me llamaron muchísimas veces para hacer televisión, el cuento y la promesa siempre es la misma: “Queremos hacer un programa diferente, desacartonado, que no se parezca a nada, corrernos de Gianola y alejarnos de Petinatto… va a ser totalmente original, muy bien producido, vamos a salir a la calle y hay unos pibes nuevos guionando que tienen una cabeza increíble”. Desconfío de la oferta, la rechazo y un mes después veo la promo de aquel programa que me habían ofrecido y ya huele a fracaso, a ya visto.

Anteayer me llamó un productor de un importante programa de televisión que esté entre lo mejorcito de lo que se ve para proponerme hacer un test, un remanido y tonto test que queda viejo, forzado y caduco. Tomé aire antes de contestarle que sí y como un rayo al centro del cráneo retumbó el trueno del definitivo no.

“No, no lo voy a hacer, sabés, decile a tu jefe que ya no es novedad que yo haga un test, que por favor se anime a hacer otro tipo de televisión, a nadie le interesa que Peña conteste preguntontas, como diría Portal, decile que si quiere que el programa explote en rating que consigan un burro erecto, yo encremado y dado vuelta contra una puerta de establo y que lo vendan para el próximo bloque”. Se rió y me cortó.

Para ir al programa de la Legrand también fueron idas y vueltas eternas de conversaciones con condiciones absurdas entre mis productores y los de la señora. Todos tenían pánico, no miedo, pánico, terror. Señores productores de televisión, entiendan que no se puede hacer televisión con miedo y mucho menos con precaución.

La verdadera televisión es la que muestra YouTube… la vida, como es. Un pendejito de 13 años con una handycam filma como mea un Mercedes nuevo estacionado en la puerta de su cuadra en un barrio paquete de Viena y en un día logra millones de visitas sin ningún “genio” o “creativo” que calienta sillones al pedo.

La sociedad quiere verse de una vez por todas y para eso hay que mostrársela tal cual es, sin preproducción. Necesitamos conductores que miren a la gente y no a la lente, conductores que dejen de hacerle la genuflexión eterna a los pnts, que muestren lo que hay detrás del cartón pintado. Conductores vivos.

Se esta dando vuelta la torta y los televidentes son fieras, tiburones que ahora quieren cuerpos frescos en el mar, mientras los popes de la tele se atrincheran aterrados detrás de escritorios con almanaques que se vencen y grillas sin propuestas originales.

Televisar Youtube es una salida que varios ya están utilizando, pero en cuanto la doña se aggiorne y se compre una laptop te apagó la tele, querido pope. De Francella y Peña estamos hartos, Rony travestido en esos trajes espantosos que le ponen no me cierra, Maru Botana me grita y me ordena que sea feliz, el momento light al final del noticiero proponiendo que le pongan un nombre al panda recién nacido me tiene harto.

Pachu y Pablo ridiculizando lo ya ridículo me retumba y me redunda, era novedoso en la época de Casero y tiene una textura diferente en el teatro, pero no a las ocho de la noche mientras estoy condimentado la colita de cuadril, me aburrió. Prefiero ver a los pastores brasileros que por lo menos son verdaderos. No los veo, mis queridos popes, gerenciando la TV que viene. Renuncien con dignidad y que dirija el pendejo de trece.

jueves 21 de agosto de 2008

Maruja Bustamante: Una mirada personal . . .


Actriz, dramaturga y directora. Desde esta semana tendrá dos obras en cartel y armó el novedoso proyecto Suiza.

Con 29 años, Maruja Bustamante es una de las directoras más inquietas y personales de la nueva generación del teatro alternativo porteño. Su modo de creación dibuja, luego de la pesada herencia del teatro producido por los consagrados de los noventa, cierto esbozo de una teatralidad genuina en el contexto de producción donde inserta sus espectáculos.


Es actriz, dramaturga y directora y actualmente tiene en cartel Adela está cazando patos y este fin de semana reestrena Mayoría, destacado trabajo acerca de la revuelta del mayo francés, que hizo una breve temporada en el Centro Cultural Rojas.

Además, junto a Lisandro Rodríguez, coordina Suiza un proyecto de perfomances que se realizan cada quince días en La Casa del Hombre Elefante, donde jóvenes actores y directores testean algunos de sus materiales.

Y por último, en cine, acaba de terminar su participación en un documental sobre el poeta Néstor Perlongher, dirigido por Santiago Loza (Extraño, Cuatro mujeres descalzas). De ese modo, Maruja Bustamante traza las coordenadas de su autenticidad, con una mezcla de estética naif, rigurosidad y presencia ineludible en el panorama teatral porteño.

La nota se hace en una de las habitaciones de su casa, espacio despojado de muebles y sillas, ubicado a pocas cuadras de Lavalle y Callao. Mates y alfajorcitos de chocolate son la consumición que acompaña la charla. Mientras su asistente y amigo Gael Policano Rossi ceba mates, Maruja Bustamante cuenta que se formó con Helena Tritek, quien la dirigió en varias puestas. Realizó, entre otros homenajes a poetas, Pessoa a persona, con textos de Fernando Pessoa donde compartió escenario con Luciano Cáceres y Alejandro Viola, del grupo Los Amados.

"Empecé a tomar clases con Tritek a los 17 y me marcó profundamente. Una de las cosas que me transmitió fue el amor por la poesía — dice—. Ella es muy tímida, no le gusta que la adulen mucho. Algo de esa humildad me enseñó mucho, porque me transmitió cómo un artista tiene que manejar el ego, que no tiene que perderlo, pero tiene que manejarlo. Pero un día Helena me dijo que tenía que hacer mis cosas, que debía montar mis propias obras y no estar más detrás de alguien como asistente y me largó. Después de eso, me quedé bastante tiempo desconcertada."

Maruja tardó, pero volvió al teatro con la dirección de Fronterizos, una obra del ciclo Teatro x la identidad; también dirigió Si no vuelvo, no te asustes, en la fábrica recuperada IMPA. A la par, gestó desde 2005, en el teatro El Cubo, uno de los primeros festivales de la escena Queer en Argentina cuya próxima edición se realizará en 2009. En ese mismo teatro del Abasto, el año pasado estuvo a centímetros de dirigir a Leticia Bredice y María Fernanda Callejón. "Fui a un casting, no sabía para qué era, y me enteré que era para una obra escrita por Leticia Bredice: La cola del avión. Bredice me pidió que la dirija —recuerda—, pero no me animé. En ese momento sentí que no iba a poder con la situación, veía la masividad que tenía Leticia cada vez que entrábamos a un bar para charlar y eso me dio un poco de miedo".

Mayoría, que se reestrena este fin de de semana es un espectáculo sobre el mayo francés que se estrenó en el Centro Cultural Rojas. Aquí, Bustamante ideó una puesta basada en cierta iconografía y en consignas de la época con un elenco de catorce actores. La alquimia resultó extraña. "Tenía miedo de dos cosas: no quería una obra paródica ni solemne. Necesitaba que los chicos entendieran qué es comprometerse. Les dimos textos de El manifiesto comunista, El Capital, el Manifiesto feminista, un poema de Pessoa. Eran todos muy jóvenes, estaban lejos de cualquier fragor revolucionario, pero esos textos los arengó en algo. La idea de Mayoría es interpelar directamente al público, todos los que vienen salen contentos o turbados. No saben qué les pasa." -



viernes 15 de agosto de 2008

Flores entre Legrand y Peña


"¿Por qué querías venir?", preguntó ayer al mediodía Mirtha Legrand. "Porque te amo", contestó casi arrobado Fernando Peña y dejó sin argumentos a quienes imaginaban un encuentro de ribetes explosivos e impredecibles en el mediodía de América.

El diálogo se escuchó al comienzo del almuerzo que Legrand y Peña compartieron ayer a solas en la mesa redonda que el programa parece resuelto a usar cada vez que aparecen estas circunstancias especiales. En el cierre, luego de casi 100 minutos de charla, la anfitriona le retribuyó los piropos del comienzo a su invitado: "Has estado adorable y los fantasmas quedaron atrás".

En el medio, hubo reparto de flores, besos, abrazos y regalos. Legrand recibió a Peña con una gigantografía que reproducía la imagen de tapa del libro Gracias por volar conmigo . El actor llegó al estudio vestido con un extravagante atuendo de remera, pollera escocesa, botas negras y muchos adornos, más un ejemplar del Libro de oro, de Mirtha Legrand, en pos de una dedicatoria, y un cuadro en el que enmarcó una invitación que el gobierno de la ciudad le hizo llegar en ocasión de un reconocimiento a la diva en tiempos de Aníbal Ibarra. También trajo a su mascota, una diminuta perra, que permaneció al lado de la mesa durante todo el almuerzo.

Legrand, finalmente, leyó un texto manuscrito que Peña escribió sobre una suerte de papiro: "Jamás conocí a nadie que se ame tanto. Y ésa es la base para ser feliz", dice la dedicatoria del actor hacia la diva.

"¿Vos hablaste mal de mí alguna vez", quiso saber Mirtha. "Miles de veces -contestó Peña-. Pero porque yo hago humor al extremo, que es algo sanador."

No hubo en el encuentro más pimienta de la que surgió de algunas palabras soeces en boca de Peña, que en todo momento quiso evitar expresiones relacionadas con la política o la actualidad. Tuvo como aliado en este propósito el estilo planteado por Mirtha, con el que se mostró coincidente: hablar de todo, con asociaciones libres y con temas que iban y venían todo el tiempo, sin detenerse en alguno de ellos. Se declaró desilusionado con los Kirchner y en un momento definió a la Presidenta con el adjetivo "tambaleante". También dijo del dirigente piquetero Luis D Elía que "es un hombre que trabaja de perturbador".

En un momento, Mirtha le preguntó a Peña si se drogaba. La respuesta fue afirmativa. "Yo no soy ningún rockerito de esos que dicen «aguante la droga». Es algo peligrosísimo y mata, pero yo la consumo. Detesto las palabras apología y discriminación. La cocaína es mala, pero yo la elegí y ahora tomo a piacere , cuando quiero. Y aunque sea mala, me pega bien. No tengo culpa ni la quiero dejar, pero no se la recomiendo a nadie", explicó.

También se refirió a su estado de salud como portador de VIH ("La curación es interna y está en la cabeza. La medicación hay que tomarla y darle para adelante. Yo me siento muy bien") y a su vínculo con la TV ("Yo no quiero trabajar ahí, yo soy de las tablas. Quizás el problema que tienen conmigo es el miedo"). Y hasta tuvo tiempo para soltar alguna lágrima cuando vio imágenes de la película Un hombre cualquiera (1954), en la que su abuela, Gloria Bayardo, aparece junto con Narciso Ibáñez Menta.

jueves 7 de agosto de 2008

Virgin territory - TRAILER

video

domingo 3 de agosto de 2008

Marikena, en un montaje imperdible


Viejitos chotos . Canciones de Jorge Schussheim interpretadas por Marikena Monti, con Martín Pavlovsky al piano. Libro: Patricia Zangaro. Arreglos musicales: Freddy Vaccarezza. Ambientación: Eduardo Bergara Leumann. Asesoramiento coreográfico: Ana María Stekelman. Vestuario: Mónica Mendoza. Asesoramiento físico: Susana Balech. Peinador: Daniel Calderón. Colaboración artística: Cecilia Gianotti. Iluminación: Omar Possemato. Dirección y puesta en escena: Alejandro Ullúa. En el Maipo Club. Duración: 60 minutos.
Nuestra opinión: muy buena

El nombre del espectáculo es el título de una de las muchas canciones de Jorge Schussheim que Marikena Monti entona en el pequeño escenario del Maipo Club, en el segundo piso de la centenaria sala de la calle Esmeralda. Sencilla, elegante y eficaz, la puesta en escena de Ullúa, con una ambientación entre cómica y poética (como corresponde) de Bergara Leumann; un libro acorde, de Zangaro; un pianista excelente, luces a punto y, claro está, la presencia inconfundible de Marikena, con su estilo comunicativo, casi de complicidad amistosa, de confidencia entre amigos sentados a la mesa del café.

De eso se trata, precisamente: de recrear la atmósfera coloquial de quienes comparten una visión crítica y mordaz -tierna, también, a su modo- de la picaresca porteña, y una común historia de muchos años. Algo más de cuarenta, desde aquella inolvidable irrupción de la voz de láser de Marikena en un espectáculo de la Alianza Francesa, sobre piezas breves de Courteline, dirigido por Osvaldo Bonet, y las Canciones en informalidad del Di Tella, dirigidas por Cocho Paolantonio: ella, descalza, con túnica y crencha en llamas, y Jorge de la Vega y Schussheim con sus letras insolentes o nostálgicas. La nueva canción argentina (Nacha Guevara también fue de la partida), recibida no sin escándalo por una sociedad pacata (y "pasota", como dicen los españoles) y con júbilo por la gente joven de la época: pelo largo, camisas floreadas, minifalda y jeans, Marta Minujin, Edgardo Jiménez, el pop art , Julio Le Parc, los monstruos y el Juanito Laguna de Berni. Todo eso, y los "malvados azules" de El submarino amarillo , hechos realidad en las calles de Buenos Aires por la dictadura de Onganía.

En este país del eterno retorno, se comprueba, ya sin asombro, que todo eso es nostalgia, sí; pero también que, en esencia, los grandes problemas siguen en pie (aunque la sociedad está, sin duda, mucho más alerta y comprometida). La ácida visión de Schussheim los denuncia, a veces con un lirismo próximo al de Jacques Prévert (el enigma oculto en la prosa cotidiana), o al de Jacques Brel (los amores perdidos), o con la ferocidad de Brassens o de Dario Fo. Siempre con humor, eso sí, y de la mejor cepa: original y hasta fantástico, cuando es necesario. Humor porteño, algo cínico, hecho tango, milonga, marcha castrense, o valsecito criollo, según.

¿Qué diremos de Marikena? La trompeta es ahora capaz de ser violín. No es tanto cómo canta, sino cómo dice. La faceta de actriz, que siempre estuvo en ella, en la madurez aflora, incontenible, se posesiona de su sensibilidad y se transmite, vibrante, a un público fascinado. Viejitos chotos es un espectáculo pequeño en las dimensiones, vasto en su contenido, refinado en la realización. Imperdible.

sábado 2 de agosto de 2008

La Zaranda: la última sonrisa


Intensos y conmovedores, los actores generan momentos de alegría y de tristeza

Los que ríen los últimos, por el grupo La Zaranda. Intérpretes: Gaspar Campuzano, Enrique Bustos y Francisco Sánchez. Textos e iluminación: Eusebio Calonge. Producción general: Sebastián Blutrach. Dirección y espacio escénico: Paco de La Zaranda. En el Teatro Nacional Cervantes. Duración: 75 minutos.
Nuestra opinión: muy buena

Nuevamente llega el grupo La Zaranda, cargando sus sueños y frustraciones, para mostrar su última producción, Los que ríen los últimos . Se podría decir que los protagonistas son tres payasos, melancólicamente decadentes. Pero no es así. La esperanza, los sueños, la añoranza por un ayer glorioso son los grandes protagonistas de esta historia.

Los tres personajes, que parecen extraídos del universo beckettiano, abrumados por la indiferencia de los demás, los años impiadosos y el cansancio de los desahuciados, recorren con sus bagajes un camino que parece conducir a ninguna parte. "¿Adónde vamos?", pregunta uno de ellos. "Adonde se tenga que ir", contesta otro muy seguro. "¿Qué vamos a hacer?" "Lo que se tenga que hacer", diálogo que se repetirá durante el espectáculo. No se trata de esperar a Godot, sino de continuar transitando, aunque ese camino, ya globalizado y tan ajeno, los ponga frente a paisajes desconocidos y desagradables. Ante esta contingencia, sólo cabe invocar los recuerdos de felicidades pasadas, que ya no tienen lugar en el presente, y rescatar los sueños que no se cumplieron. "Los sueños que se cumplen no son sueños", dice el guía.

Cuando todo parece perdido; cuando no se llega a esa encrucijada tan anhelada que los conducirá hacia la pista central, sólo cabe rebelarse con aquello que mejor saben hacer: vestir sus trajes de payasos, maquillarse y dar la última función, aunque más no sea para hacer reír a la muerte.

Todo un cuadro

Con su estética tan particular, cargada de atmósferas goyescas, el grupo supo resumir con pocos y precisos elementos todo el espacio escénico, contenido hábilmente por una iluminación plena de matices. Complementa esta hechura la música, con fuerte resonancias hispanas.

Allí, los actores vuelcan toda la decadencia de sus criaturas. Es una interpretación tan integrada, tan verosímil, que por momentos se borra el límite entre realidad y ficción. Son gestores de la vida, con momentos de tristezas y de alegrías. Son conmovedoramente patéticos, sin reparos en mostrar actitudes seniles o infantiles, según la circunstancia, quizá para subrayar lo que hay de niño en cada hombre y que se trata de ocultar.

La constante evocación de la figura paterna no hace sino señalar la soledad y el desamparo del ser humano en sus últimas etapas, frente a la adversidad y a una realidad que no se entiende o no se reconoce.

En esta oportunidad, Paco de La Zaranda sólo asume la responsabilidad de la dirección y espacio escénico, y lo hace sin perder la estética de este grupo que logra instalar en la escena valores pictóricos de gran belleza. Simplemente, para contar historias pequeñas de hombres que adquieren la grandeza de una proyección universal, cuando se trata de los verdaderos valores humanos, aunque sea con la nostalgia de un sueño que siempre se escapa de las manos.


viernes 1 de agosto de 2008

Virginia Innocenti: "Me tocó ponerle el cuerpo al horror"


Hacía tres años que no hacía tiras en televisión porque estaba dedicada a la música. Su personaje de Nacha en "Vidas robadas" (Telefé) la devolvió al ruedo en su mejor momento como actriz. Cómo armó esta víctima-victimaria: la más intensa en su galería de mujeres contradictorias y fuertes.


Delgado límite entre la víctima y el victimario le tocó en suerte a Virginia Innocenti. Presa de una potente red de tratantes de personas, Nacha -su atormentada criatura en Vidas robadas (Telefé, a las 22.30)- supo construir su débil castillo de naipes dentro del horror. Pero con la muerte de su esposo, Astor (Jorge Marrale, líder de la banda), por estos días el personaje camina por la cornisa y la actriz parece encontrar su punto de ebullición. "Siento que es una malabarista intentando equilibrio sobre tacos aguja", juzga.

La mujer del nombre y el apellido de la pureza (virgen e inocentes sería el significado de cada palabra) se acomoda entre reflectores apagados. Su casa de ficción está vacía, al igual que el resto de los decorados de los estudios de Martínez. Se aproxima la medianoche y ya huyeron los técnicos, los asistentes y el resto del elenco. Está extenuada por algo más que las diez horas de grabación: hoy derramó litros de lágrimas y haberle puesto el pecho a tanto calvario le pesa. "Me tocó ponerle el cuerpo al horror, pero alguien tenía que hacerlo, ¿no? Esta es un poco la función del arte", suelta, ya más serena, para lograr una radiografía del personaje.

Nacha fue víctima, pero su presente parece emparentarla más con el rol de victimaria. ¿No tiene también su costado culpable al apañar una red mafiosa?

No, es una víctima de esa red de prostitución y esclavitud sexual. De hecho fue vendida por su hermana cuando era chiquita. Pasa que el destino o la suerte le pusieron a Astor (Marrale) en el camino, quien se enamoró de ella, la sacó de ese mundo y la hizo su esposa. Pero no deja de ser ella alguien que sigue atrapada.

Pero hace la vista gorda a un drama que también vivió...

No tiene otra chance. Es eso, la muerte en vida o la muerte. No tiene posibilidad de elegir. ¿Qué otra posibilidad había si no seguía a su marido? ¿Matarse? Es difícil emitir un juicio con el personaje. No es que quiera defenderla, pero es complejo, sus sentimientos no son tan lineales. Su fidelidad supongo que tiene que ver con muchísimos factores: con sentirse en deuda con él, agradecida y asqueada del mundo también.

Una relación perversa, lo que se llama el síndrome de Estocolmo (el secuestrado muestra lealtad al secuestrador)...

Sí, hay que pensar que gente tan maltratada de pronto encuentra cierto clima de seguridad. Quien la rescató es su salvador en algún punto, aunque no le termina de dar libertad. Ella siente que le debe la vida, porque pudo haber seguido prostituyéndose o estar muerta como muchas chicas. Pero su dolor no puede lavarse. Nacha es una equilibrista siempre al borde del abismo. De alguna manera, en la relación entre Nicolás (Juan Gil Navarro) y Juliana (Sofía Elliot, cuyo caso se inspiró en Marita Verón) se cuenta lo que pudo haber sucedido con Nacha y Astor.

¿Vos también pudiste involucrarte en el caso Verón y otros parecidos, como lo hizo Soledad Silveyra, por ejemplo?

Con Susana Trimarco (madre de Verón) nos encontramos en el programa de Mirtha Legrand y en la Legislatura porteña. Me causó dolor. Estuvimos agarradas de la mano largo rato y hablé con otros papis. Lo maravilloso es que ellos agradecían que a partir de la novela hay gente que empezó a animarse a denunciar la presencia de prostíbulos. Siempre que puedo pido que en las notas incluyan la página de la Red Alto al tráfico y la trata y la explotación sexual (www.ratt.orgr). Que la gente se remita ante denuncias o sospechas. Humildemente, estamos cumpliendo un rol social.

¿Nacha va a tomar las riendas de la organización, con su marido muerto?

Es un personaje bisagra que puede definir las cosas. Se debate entre cómo le gustaría que fuesen las cosas y cómo son. ¿Escapa? Es peligroso. ¿Se une? Puede ser, no hay otro camino. Por eso Dante (Adrián Navarro) y Nicolás (Gil Navarro) la siguen tan de cerca. La saben vulnerable. Ellos la quieren para un triunvirato. Puede que ella, sin brújula, se apoye en Dante. No se sabe para dónde va a disparar. En lo más profundo de su ser es probable que quiera volarle la cabeza a esos malvados.

Casi tres años pasaron desde que Innocenti apareció en pantalla chica con continuidad (Hombres de honor). La música la tenía instaladísima y con buenas razones: "Me interesó expresarme desde allí. A mí me interesa en realidad contar cuentos y todas las maneras que tengo a mi alcance me gustan. Gran parte del tiempo que me dediqué a la música fue porque dije No quiero sufrir más ni mentir más jugando. Me pregunto, ¿qué quiere en este momento mi alma? Quería reírme mucho, quería luz". La "desintoxicación" le calzó como anillo al dedo para volver recargada a un ámbito que le exige roles intensos.

Pareciera que siempre interpretás a mujeres fuertes, de mucha presencia. ¿Es así?

Sí, son personajes fuertes. Pero ojo que yo puedo actuar una sumisa, de hecho en el fondo mi personaje es un animalito desesperado y necesitado de amor. Se ve que me ven funcionando en personajes enérgicos y por lo general llaman siempre para eso. Será una cualidad, una capacidad que no es tan fácil de encontrar, por eso insisten... Aunque a veces dudo de que los personajes sean siempre así. Quizá yo me encargo de ponerles ese color.

¿Por qué?

Porque me gusta desplegar una paleta amplia. O si lo pensamos de manera musical, desplegar un registro amplio. Todos mis personajes tocan como una amplia gama de colores. En cine, como en teatro y TV, he tocado todas las cuerdas.

Todas esas cuerdas a las que se refiere remontan en los últimos años a títulos televisivos como Campeones (donde era cantante de salsa y pareja de Osvaldo Laport), El hombre (donde era la amante del candidato a presidente, interpretado por Oscar Martínez), Hospital público (donde era la médica luchadora) u Hombres de honor (aquí también la esposa de un mafioso, Gerardo Romano). Su currículum concentra más de 50 productos, que incluyen cine (Iluminados por el fuego o Gatica, el Mono por nombrar algunos) y teatro.

La puerta de su vida personal la deja cerrada. "Soy no mediática por elección, me vengo negando sistemáticamente a hablar de mi privacidad. Bastante expongo mi alma y mi cuerpo. Un actor no es como un guitarrista. El actor es su instrumento y si no está afinado se corre de su centro", advierte la nieta de boloñeses e hija de un italiano, que se crió en Caballito, en el marco de un colegio religioso "donde las monjas habían leído a Piaget. Todavía tengo la imagen de la Madre superiora con la falda corta, y bailando y riéndose. Yo era la menor de cuatro hermanos, ellos le pidieron a mis padres que me trajeran al mundo, porque parece que estaban todos aburridos", cuenta. "Yo digo que nací con los zapatitos de tap, con la responsabilidad de alegrar a cinco personas. Esa expectativa me signó".

A los 12 años se formó con Ricardo Passano y de allí en adelante pasó por las aulas de Ricardo Bartís, David Amitín y Eric Morris. Pero dice que el tiempo no borró jamás la primera lección teatral: "Passano decía que en la vida no se puede ser tibio. Y es verdad. Si uno termina por el medio recibe las pedradas por los dos lados. En la vida hay que tomar partido".

jueves 31 de julio de 2008

Las últimas horas de una cucaracha


La directora Beatriz Catani estrena hoy, en Ciudad Cultural Konex, una personal experiencia escénica

Noche de insomnio. Un largo sillón desvencijado. La marcha peronista en versión litoraleña. Penumbra. Tres personajes principales. Uno de ellos, Amelia, sigue con la vista a una cucaracha, la aplasta, la observa. Así comienza Finales, el potente trabajo de Beatriz Catani que hoy se estrena en Buenos Aires después de haber hecho funciones en La Plata -su ciudad natal- y en el Kunsten Festival, de Bélgica.

Cuando Finales estaba en su principio, lo único que sabía Catani era qué no hacer. "No quería repetir los modelos de representación de Ojos de ciervo rumanos o de Cuerpos A banderados (sic); no quería tampoco trabajar en un tipo de teatro más documental, como Los 8 de julio . Entonces, empecé a indagar casi desde la nada en algo que, siendo ficcional, volviera a poner en tela de juicio a la representación. Algo de eso hubo en los inicios del trabajo", dice sobre su especie de Dogma.

Junto al elenco partieron de un texto no teatral basado en imágenes, en impresiones. Era un momento en el cual ella reconoce haber estado en crisis con el teatro, en crisis personal y afectiva y todo eso se mezclaba. "Tampoco queríamos trabajar con muchos artificios, como luces y escenografía. Todo debía estar apoyado en la palabra, en el decir y en las situaciones actorales. Lo único que dio una unidad a todas esas situaciones era el estar observando la muerte de una cucaracha. Ese era el único marco ficcional que nos permitimos. El resto son situaciones que derivan a partir del decir y de los cuerpos", agrega sobre este trabajo que ya tuvo su crítica en estas páginas el año pasado, más que elogiosa, cuando estaba haciendo funciones en La Plata.

Ella imaginaba que la obra (o laexperiencia, se podría llamar) debía durar toda una noche. Hasta imaginó que el título podía ser Insomnio . Pero quedó en dos horas y cuarto, una hora más que la media de la mayoría de las propuestas de la escena alternativa. "En una obra de una hora y cuarto el actor puede controlar y manejar todo. En más de dos horas hay momentos en los que se pierde el ritmo, en los que se pierde control sobre la actuación. Esa zona me interesaba trabajar...", sostiene una de las voces más inquietantes del panorama escénico local.

Como con la mayoría de sus propuestas, Beatriz Catani prepara sus trabajos en la ciudad de las diagonales y, luego, los trae aquí. "Tengo mi vida allá y me gusta trabajar con gente de allá -reconoce quien se la pasa varias horas recorriendo la autopista La Plata-Buenos Aires-. Si bien los tiempos son más largos y más trabajosos, siento que se genera algo más personal porque trabajo con gente formada por mí y tomándonos otros tiempos."

Así es que con esos actores, esa pérdida del control del tiempo, la fuerza de las acciones físicas, el humor latente y un personal devenir mientras una cucaracha se muere se convierten en eje de una poética. Casi al final de Finales , Amelia dice: "Aplasté la cucaracha; sí. La cucaracha se murió, sí. Siempre pensé que si una acción se realiza, se completa, se llega a un fin. Pero no, seguimos y seguimos, siempre aparece una nueva necesidad. No sé. ¿Qué es entonces un final? Yo me voy...".


miércoles 30 de julio de 2008

TRABAJAR PARA LA MUERTE


El sol el sol su lumbre
su afectuoso cuidado
su coraje su gracia su olor caliente
su alto
en la mitad del día
cayéndose y trepando por lo oscuro del cielo
tambaleándose y de oro
como un borracho puro.

Días de días noches temporadas
para vivir así para morirse
por favor por favor
mano tendida
lágrimas y limosnas
y ayudas y favores
y lástimas y dádivas.

Los muertos tironeando del corazón.
La vida rechazando
dándoles fuerte con el pie
dándoles duro.

Todo crucificado y corrompido
y podrido hasta el tuétano
todo desvencijado impuro y a pedazos
definitivamente fenecido
esperando ya qué
días de días.

Y el sol el sol
su vuelo
su celeste desidia
su quehacer de amante de ocioso
su pasión
su amor inacabable
su mirada amarilla
cayendo y anegándose por lo puro del cielo
como un borracho ardiente
como un muerto encendido
como un loco cegado en la mitad del día.

Presentacion de NAHUEL . . . Premios

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martes 29 de julio de 2008

CUANDO COMPRE UN ESPEJO PARA EL BAÑO...


Cuando compre un espejo para el baño
voy a verme la cara
voy a verme
pues qué otra manera hay decíme
qué otra manera de saber quién soy.
Cada vez que desprenda la cabeza
del fárrago de libros y de hojas
y que la lleve hueca atiborrada
y la deje en reposo allí un momento
la miraré a los ojos con un poco
de ansiedad de curiosidad de miedo
o sólo con cansancio con hastío
con la vieja amistad correspondiente
o atenta y seriamente mirarme
como esa extraña vez-mis once años-
y me diré mirá ahí estás
seguro
pensaré no me gusta o pensaré
que esa cara fue la única posible
y me diré esa soy yo ésa es idea
y le sonreiré dándome ánimos.

Amy Winehouse ingresa de urgencia en un hospital


La cantante británica Amy Amy Winehouse ha sido ingresada de urgencia este lunes en el hospital University College de Londres. Según la agencia británica PA, una ambulancia acudió al domicilio de la polémica artista, al norte de Londres, para después trasladarla al centro sanitario. El portavoz de la cantante, Chris Goodman, ha explicado en un comunicado que la causa de la hospitalización ha sido "la reacción a un medicamento".

A FONDO

El mes pasado el padre de Amy, Mitch Winehouse, tras sufrir esta un desmayo y tener que ser trasladada a un hospital, había declarado que su hija, que sufre un enfisema pulmonar, tenía un problema de salud tan grave que un simple cigarrillo podría dañarla. Pero no acaban ahí los problemas de la joven, ya que a sus altibajos de salud hay que sumarle la condena a 27 meses de prisión impuesta por un tribunal londinense a su marido, Blake Fielder-Civil, por agredir al dueño de un pub de la capital británica y ofrecerle después dinero para que retirase la acusación.

lunes 28 de julio de 2008

Marlango - La curiosidad pop de Leonor Watling


Inspirada en el parlamento que Tom Waits vocifera en un disco pirata de los años 70, la bellísima actriz y cantante española (¡y angloparlante!) Leonor Watling bautizó Marlango el curioso grupo que comparte en España con el pianista Alejandro Pelayo y el trompetista Oscar Ybarra. En The Electrical Morning predomina un delicado refinamiento pop, con exóticas sonoridades vintage (minimoog, ondas martenot) pero Leonor prefiere ampliar el panorama: “Tocamos en festivales de jazz y de rock indie. Siempre somos los invitados raros, y yo creo que nos gusta, que nos hemos acostumbrado a ello. No hay nada premeditado. Elegimos los arreglos que nos pide la canción”.

CINEMA Watling actuó en Hable con ella, de Pedro Almodóvar, y en Los crímenes de Oxford, convocada por Alex de la Iglesia: “Me explicó que había una escena en la que había que tirarle spaghetti por el cuerpo a una actriz y no se imaginaba otra que no fuera yo. La oferta fue tan absurda y halagadora que me encantó”.

COLABORACIONES The Electrical Morning, el primer disco de Marlango para una multinacional (y su tercer material de estudio, después de sus trabajos en el sello español Subterfuge) incluye participaciones de Miguel Bosé y de Jorge Drexler, pareja de Watling. De hecho, ella es la autora del tema “Dance! Dance! Dance!” en el flamante Cara B de Drexler. “Con Jorge descubrí a Eduardo Mateo, a Martín Buscaglia y a Fernando Cabrera. Y también a Vitor Ramil y Marcos Suzano”, enumera Watling. Entre sus influencias no musicales, elogia la pluma de Banana Yoshimoto, Haruki Murakami y Alessandro Baricco.

Bailame . . .


El grupo Felpita fue formado en el año 2006 con el objeto de generar un espacio de creación, investigación y producción artística. Sus miembros son María José Amén, Diego Freigedo y Caio Grau Baena. Su primera producción fue el unipersonal “Púrpura”, con Diego Freigedo. Desde el 10 de julio están presentando su obra "Bailame", en el Teatro La Comedia, Buenos Aires.

domingo 27 de julio de 2008

ALGO HUELE A PODRIDO


La misma intelectualidad que machacó siempre -justamente- a tipos como Alvaro Vitali o Benny Hill, acepta dentro del canon cultural un texto como «Hay que purgar a Totó», tan escatológico y falto de gracia como cualquiera de las películas del «Jaimito» italiano o el sátiro inglés, aunque avalado por la etiqueta de clásico. Georges Feydeau estrenó esta sátira social de niños estreñidos y orinales en 1910.Comedia costumbrista, con visita a un hogar burgués que puede hacer medrar al anfitrión, los verdaderos protagonistas son, sin embargo, un cubo de aguas fecales y un laxante, que arruinarán el lucrativo negocio. Hay poca sorpresa vodevilesca: la función es la crónica de un fiasco anunciado desde que aparecen en escena la insoportable esposa y el hijo malcriado.

La bella escenografía de Jean Pierre Vergier, de ángulos imposibles, subraya ese punto cercano al absurdo que tiene el texto: no es Jardiel, pero algo se intuye... Y en ella el director francés, que repite con Nuria Espert y Jordi Bosch después de «Play Strindberg» -otro combate conyugal, aunque de más altura-, vuelve a ofrecer una interpretación enérgica y acertada del texto. La Espert había pregonado su salto a la comedia. Lo cual no es exacto: sigue, de hecho, haciendo de Medea; en rulos y bata de ama de casa zafia, pero incapaz de escapar a la frase lanzada como un puñal, sin entender los matices del humor. A su lado, en cambio, un gran Jordi Bosch conquista con cada gesto de sorpresa, con la exasperación y el hastío de su personaje, en una interpretación memorable. Gonzalo de Castro sabe leer con inteligencia sus papeles y lo hace una vez más en su «cornudo», breve pero divertido. Con su metro cincuenta de gamberrismo, Tomás Pozzi resulta un niño repelente como el estreñido Totó, pero de eso se trata.

Mujeres en el baño


Partiendo de la famosa pregunta ¿qué hacen tanto tiempo las mujeres en el baño?, se despliega este universo que habla de las mujeres desde ellas mismas. Mujeres desesperadas, poéticas, irónicas, enojadas y perdidamente enamoradas, fusionan el sueño y la realidad, en un espacio que cambia constantemente su forma.

Picadilly
Corrientes 1524 - Capital Federal
4373-1900
Horarios: jue vie 21:00, sáb 21:00, sáb 23:00, dom 21:00.

Textos mas textos . . .


La muerte disfrazada de sombra, la sombra disfrazada de muerte. Siempre esa cara de orto seco que tenés. Nunca me regalaste, nada, ni un caramelo chucola, ni un par de galochas me regalaste, nada, siempre esa cara de orto seco, ni una sonrisa. ¿A dónde fueron a parar mis vendimias, mis yogurts, mis manjares? Desde donde la escuálida muerte ha venido a posarse sobre el inmenso palacio de la buena suerte, a dejarnos sin nada. Mala

vida, puta hija, hija puta. Me lanzaré desde el pico del cerro Uritorco

rodando hasta pegar la cabeza contra una piedra para morirme, para que tengas culpa, Me arrancaré los dientes con una tenaza uno por uno. Traición, canibalismo, antropofagia. Enormes sartenes llenas de brazos, piernas y ombligos, lenguas ardidas en laridos, cueros cabelludos, tele mezclada con un caldo de Knorr Suiza, un chorro de vino tinto de gracia y al fuego. Con ello se va a hacer

una enorme albóndiga gigante que arrasará con los cien barrios

porteños. No me cabe la menor duda

viernes 25 de julio de 2008

Pura Cepa

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miércoles 23 de julio de 2008

Play back

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Tuna - Dulce deleite

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Tuna - El Indio

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La Soledad


Esta limitación esta barrera
esta separación
esta soledad la conciencia
la efímera gratuita cerrada
ensimismada conciencia
esta conciencia
existiendo nombrándose
fulgurando un instante
en la nada absoluta
en la noche absoluta
en el vacío.

Esta soledad
esta vanidad la conciencia
condenada impotente
que termina en sí misma
que se acaba
enclaustrada
en la luz
y que no obstante se alza
se envanece
se ciega
tapa el vacío con cortinas de humo
manotea ilusiones
y nunca toca nada
nunca conoce nada
nunca posee nada.
Esta ausencia distancia
este confinamiento
esta desesperada
esta vana infinita soledad
la conciencia.

sábado 19 de julio de 2008

Ma MARE . . . Trailer

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funny MICHAEL . . .

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Esta noche, me celebro y me canto . . .


Escrita por el propio Muscari, que la dirige junto a Mariela Asensio, la obra es un biodrama, una confesión pública.


Demasiado ego", así podría llamarse la obra que José María Muscari lleva a escena los sábados. Un detalle levemente fastidioso, aunque no tan condenable si se tiene en cuenta que el formato es la autobiografía. Dejando de lado el trip yo, yo, yo, yo, Crudo resulta divertida, tierna, entretenida, graciosa.

Dividida en ejes temáticos la obra recorre las obsesiones del dramaturgo de 30 años, otrora ¿auto? marketineado como el niño rebelde del under. Y creador de En la cama (en cartel), "mi éxito comercial", como él mismo definirá más adelante.

Items recorridos: Muscari y la obsesión por el fitness, la musculación y los suplementos dietarios. Muscari y la obsesión por la belleza. Muscari y el fantasma de la obesidad de su padre. Muscari y su emotiva familia pobre sin cobertura social. Muscari como hijo único. Muscari y sus deseos de ser padre.

Todo comienza con la imagen. "No tengo la belleza que me gustaría", se queja el dramaturgo mientras corre sobre una cinta de gimnasio. "No soy tan feo ni tan lindo, estoy en una especie de término medio que no me alcanza". Un drama que parecería no superar los 2 cm de profundidad. Aunque impacta escucharlo en tiempos en donde todo el mundo se esfuerza por mostrarse satisfecho y feliz. "Eso que odio de la belleza es exactamente lo que me gustaría ser", agrega.

Después vendrá la familia. Y será esa irrupción proletaria en el coqueto reducto palermitano (por parte de un ícono de lo moderno), de lo más interesante del espectáculo. Así aparecen ellos, proyectados, sonriendo (sin dientes, el padre), en la cocina humilde. Orgullosos del hijo que triunfa haciendo lo que le gusta. Eso que muchos se esfuerzan por esconder, Muscari lo lleva a escena. Y resulta luminoso. Y querible.

"El va a seguir luchando". "Te quiero", le dice a cámara un padre híper sensible. Podrían ser los padres de todos, tan barriales y auténticos. Alejados de poses. Una forma de ser argentino que quizás desaparecerá para siempre con estas últimas generaciones. Los monólogos se alternan con coreografías al son de música disco y reggaetón, a cargo de Muscari y tres ayudantes. Como fondo, proyecciones de sus mails y fotos familiares.

Hay un apartado para los arrepentimientos. Por haber sido muy exigente y soberbio con un determinado elenco, Por el "desastre teatral" que fue Desangradas en glamour y por los 86.000 dólares "que malgastó" Palito Ortega. Por haberse aburrido de su anterior pareja. "Espero aprender para esta nueva", invoca.

A la salida, algunos -haciendo lo que él mismo pide- no lo saludan, reclaman las honduras penosas y abismales de un filme como Tarnation, suerte de video- diario personal del norteamericano Jonathan Caouette que mostraba a su madre esquizofrénica en un exorcismo cinematográfico. "¿Por qué no ahondar en esa locura del fitness y los suplementos?", demandan "¿Por qué no ir más allá?". Darle una vuelta más al tema de la belleza, no es él el malo que por no tenerla la critica, ¿no es un problema del afuera desearla tanto?

Quizás porque en la familia Muscari hay más amor. O quizás Muscari no busca exorcizar nada. Ya lo trató en análisis, lo asimiló y ahora (que además consiguió novio, Juampi, como lo anuncia y lo muestra en la obra), la vida le sonríe, está contento con quién es. ¿Está mal eso?

viernes 18 de julio de 2008

EL OLVIDO . . .


Cuando una boca suave boca dormida besa
como muriendo entonces,
a veces, cuando llega más allá de los labios
y los párpados caen colmados de deseo
tan silenciosamente como consiente el aire,
la piel con su sedosa tibieza pide noches
y la boca besada
en su inefable goce pide noches, también.

Ah, noches silenciosas, de oscuras lunas suaves,
noches largas, suntuosas, cruzadas de palomas,
en un aire hecho manos, amor, ternura dada,
noches como navíos...

Es entonces, en la alta pasión, cuando el que besa
sabe ah, demasiado, sin tregua, y ve que ahora
el mundo le deviene un milagro lejano,
que le abren los labios aún hondos estíos,
que su conciencia abdica,
que está por fin él mismo olvidado en el beso
y un viento apasionado le desnuda las sienes,
es entonces, al beso, que descienden los párpados,
y se estremece el aire con un dejo de vida,
y se estremece aún
lo que no es aire, el haz ardiente del cabello,
el terciopelo ahora de la voz, y, a veces,
la ilusión ya poblada de muertes en suspenso.

TE ESTOY LLAMANDO . . .


Amor
desde la sombra
desde el dolor
amor
te estoy llamando
desde el pozo asfixiante del recuerdo
sin nada que me sirva ni te espere.

Te estoy llamando
amor
como al destino
como al sueño
a la paz
te estoy llamando
con la voz
con el cuerpo
con la vida
con todo lo que tengo
y que no tengo
con desesperación
con sed
con llanto
como si fueras aire
y yo me ahogara
como si fueras luz
y me muriera.

GARREL . . . el mejor

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lunes 14 de julio de 2008

Ternera Guacha (TRAILER)

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Solitas mi Alma (TRAILER)

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El desmadre (Cafe Teatro - TRAILER)

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Las Tekanawa (TRAILER)

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jueves 3 de julio de 2008

Noche de Reyes - William Shakespeare


Con un reparto compuesto íntegramente por hombres (incluidos los personajes femeninos de la obra) Declan Donnellan (Cheek by Jowl) dirige en ruso y con actores rusos una de las comedias de madurez de William Shakespeare, Twelfth Night (Noche de Reyes).
«Oscuridad y luz, las dualidades del bien y del mal y las posibilidades del travestismo, son aspectos explorados con humor y precisión por Donnellan, el escenógrafo Nick Ormerod y su asombroso elenco ruso, que aparece en escena como una de las más divertidas bandas de bossa-nova que hayan podido verse nunca», ha dicho el diario The Guardian de Londres sobre esta Noche de Reyes.

Reparto
Alexander Arsentiev
Alexei Dadonov
Mikhail Dementiev
Sergei Demidov
Alexander Feklistov
Ilia Ilyin
Alexei Koryakov
Andrei Kuzichev
Yuri Makeev
Dmitri Shcherbina
Anton Shurtsov
Igor Teplov
Igor Yasulovich
Mikhail Zhigalov