sábado, 15 de agosto de 2009

Tito de verano - CRÍTICA: PURO TEATRO


Animalario ha tenido la valentía de poner en escena un Tito Andrónico en versión completa, aunque falte sangre

El joven Shakespeare buscaba un taquillazo, un melodramón de venganza y degüello,

Durante la primera parte se diría que Lima está un poco con el culo entre dos sillas, sin acertar en la graduación de la sangría

Una vez remontada la escarpada cima del dolor, Alberto Sanjuán ya puede remansarse en una locura cósmica

en la línea de la Tragedia española de Kyd y, sobre todo, de El judío de Malta, de su envidiadísimo

Marlowe. Con Tito Andrónico consiguió su primer gran éxito: fue una de las obras más representadas

de la época. Luego le negaron la autoría: aquella empanada de horrores no podía ser suya. Que si

fue un encargo, decían unos, como si no hubiera escrito nunca a medida; que si George Peele pergeñó

el primer acto, decían otros. El caso es que Tito no fue “recuperada”hasta casi dos siglos más

tarde, cuando los estudiosos comenzaron a trazar el árbol genealógico: Tito es el abuelo de Lear;

Aaron desciende en línea directa de Ricardo III y anticipa a Yago en su maldad químicamente pura,

sin justificaciones. A mediados del veinte, Peter Brook se dijo: “¡Artaud, Artaud! ¡Teatro de la

crueldad, cincuenta kilates!”. Siempre se exagera por un lado o por otro, quizás por contagio: Tito

es excesiva en su retórica y un tanto mecánica, casi autoparódica, en su acumulación de atrocidades,

pero tiene pasajes maravillosos y una formidable energía inventiva, una locura burbujeantemente

juvenil, caliente y espumosa como, justo, la sangre recién derramada. Animalario, a las órdenes

de Andrés Lima, ha abordado su nuevo montaje (en el apropiado Matadero, tras su presentación en

Mérida) con sensatez esencial, sin coloraturas “modernas”, y con una loable ambición: yo diría

que es la versión más completa (casi tres horas) realizada en España, a cargo de Salvador Oliva,

que ya firmó la traducción al catalán del estupendo montaje de Rigola hará casi diez años. La escenografía

de Beatriz San Juan es sencilla y eficaz: un giratorio circular, con baldosines romanos, que se acelera

como un carrusel cada vez que el espanto se desboca. Un manto de hojas secas lo convierte en bosque, y

un mantel blanco, en mesa del convite fatal. En el centro hay un pozo, sumidero o boca del infierno

que se traga a los fiambres. A izquierda y derecha, un trompeta (Raúl Miguel) y una chelista (Aurora

Martínez). Música sobria, sin grandilocuencias. Durante la primera parte se diría que Lima está

un poco con el culo entre dos sillas, sin acertar, en mi opinión, en la graduación de la sangría,

frenando el pedal del pathos y con extraños acelerones burlescos. El desmadre lo encarna Tomás Pozzi,

un actor que es la quintaesencia de la energía mochales (algo así como Ulises Dumont on speed) y

cuyo Saturnino, que alterna con Javier Gutiérrez, podría llamarse Caligulín o Peroncito: muy divertido,

pero no sé si era necesario hacerlo tan pasado de vueltas. El villano Aaron (Fernando Cayo), por

su parte, recuerda al Frank Furter de Rocky Horror Show: las muecas y el maquillaje a lo Kiss ayudan

mucho. Y se diría que Alberto Sanjuán duda largamente entre interpretar a Tito Andrónico como un

venerable carlista vasco,un boxeador sonado o Robocop. Su primer gran monólogo (“tierra, no bebas

la sangre de mis hijos”) es espasmódico, artificioso, con escasa emoción, muy lejos de su espléndido

Sade. Enric Benavent (Marcus, hermano de Tito) está envaradísimo y no logra sacar adelante la larga

tirada que sigue a la violación de Lavinia, aunque hay que reconocer que el envite se las trae:

Muñoz Seca parodió, con justicia, momentos similares en el “qué lindo tiempo perdí” de Don Mendo. Y

falta ferocidad en Demetrio (Luis Zahero) y Quirón (Alfonso Bergara), los violadores/mutiladores

de la hija de Tito.

Así las cosas, el gato al agua se lo llevan limpiamente Nathalie Poza una Tamora sensual, suculenta de perfidia, con una dicción curiosamente cercana a

los ritmos de Blanca Portillo, y Elisabet Gelabert, cuya Lavinia, clara y emotiva, es uno de los

mejores trabajos que le he visto. La segunda parte es un subidón colectivo. Una vez remontada la

escarpada cima del dolor, Alberto Sanjuán ya puede remansarse en una locura cósmica, más helada,

más plausible, y más descansada para el oído. La energía de esa demencia le libera también de la

gestualidad de abuelete robótico, que troca por un perfil de hidalgo alucinado. En esa meseta,Tito

se “leariza” a pasos de gigante, y Sanjuán alcanza grandes cotas: el bellísimo pasaje “si hubiera

alguna razón para mis desgracias”, la escena de la mosca o el sublime momento en que ordena arrojar

flechas al cielo (aquí piedras, no sé por qué) con mensajes para los dioses, seguida de la irrupción

del rústico (Julio Cortázar,hasta entonces un soso Bassiano, y ahora hilarante), inequívoco toque

shakesperiano. También Fernando Cayo sube muchísimos enteros porque tiene más carne que mascar.

Su Aaron revela las esencias de Marlowe (mitad Barrabás, mitad Tamerlán en su arrogancia demoniaca:

“Si alguna vez se me ocurrió una buena acción, me arrepiento de ella con toda mi alma”), pero Shakespeare

le concede orgullo racial (“el negro vale más que todos los colores, pues desdeña recibir cualquier

otro”) y esa conmovedora pasión por su hijo recién nacido: pedazo de personaje. Hay una escena que

siempre suele suprimirse o dejarse en los huesos (el último y fallido engaño de Tamora y sus hijos) y

que Lima no lima, felizmente: está muy bien servida por el tándem Poza/Sanjuán, y Zahera y Bergara

consiguen al fin la temperatura adecuada. En ese último tercio me llamó la atención el trabajo de

un joven actor de la RESAD, Juan Ceacero,que interpreta con aplomo y fuerza a Lucio Andrónico, el

sucesor de la saga. La masacre final suele ser, nunca mejor dicho, un plato servido: el director

centrifuga literalmente la espiral de violencia, aunque para mi gusto se queda corto de sangre.

Quien dice sangre dice nervio, músculo y tripa (carencias, ya digo, de la primera parte), pero

también en sentido estricto y general. La contención siempre será bien recibida en esta casa, si

bien Tito Andrónico es de las pocas obras que piden a gritos manchar un poco los manteles, y sentir

los tajos, y ver emerger el pastel caníbal del hoyo: un Tito exangüe es, disculpen el pésimo chis-

(ya llevo dos: va a se el calor) un Tito aguado un Tito de verano

miércoles, 12 de agosto de 2009

Federico León: el dueño del cruce


A los 26, debutó en el San Martín con "Cachetazo de campo". Incursionó en el cine y ahora, mezcla ambos géneros con "Yo en el futuro", que estrena el sábado en la Lugones.

Federico León moldea la charla con una fisonomía de tiempos largos. Allana el camino en busca de las líneas que definen el complejo entramado de Yo en el futuro, estrenado en Bruselas y presentado en el último Festival de Aviñon, que este fin de semana debuta en la Sala Lugones del San Martín. "Un espacio donde vi las películas que más me influenciaron - explica-. Nunca se hizo una obra de teatro ahí y me gustó la idea de una sala de cine dentro de un teatro."

León tiene 34 años y tres espectáculos teatrales -Cachetazo de campo (1997), Mil quinientos metros sobre el nivel de Jack (1999) y El adolescente (2003)- fueron suficientes para sacudir con la radicalidad de su lenguaje el teatro porteño. Se pueden discutir en profundidad cada una de sus creaciones y propuestas, pero es indudable que su producción contiene una potencia y una identidad inusitadas. Y que logró un lugar destacado, luego de las producciones gestadas por los directores consagrados en los años noventa.

Sin embargo, reconoce algunas coordenadas claves en su formación: Norman Briski, Ricardo Bartís y fundamentalmente su propia práctica escénica. "Entré a lo de Briski con 15 años -recuerda- y era un lugar complejo. Empecé actuando en varieté, hacía números cómicos a la manera Briski. Con Bartís tomé clases como actor, pero lo más valioso fue verlo cómo intervenía en los trabajos. Mi formación esencial fue haciendo, eso fue lo más importante y concreto. Pero me cuesta armar relaciones o agrupaciones de lo que hago en relación a un contexto. En todo caso, mi forma de producir tiene que ver con la posibilidad de trabajar en lo que tengo ganas. Siempre lo veo en relación a la fuerza de una idea, de un proyecto. En ningún caso existe una continuidad con la manera en que se producía, por ejemplo, hace diez o quince años."

Yo en el futuro es el tercer espectáculo que monta en el San Martín. Una de las características de sus obras es el uso del tiempo, tanto entre cada obra como dentro de cada proceso de trabajo. Por ejemplo, entre El adolescente, inspirado en textos de Dostoievski, y su nuevo espectáculo, pasaron seis años. Para su última creación se tomó tres, aunque en el medio realizó dos películas: Estrellas y Entrenamiento elemental para actores, un telefilme que dirigió junto a Martín Rejtman y que se verá en septiembre en el Camarín de las Musas.

Cuenta que para Yo en el futuro, que contiene el trabajo de un equipo de filmación y transcurre casi en su totalidad en el proscenio de la Lugones, tuvo distintas inquietudes "en torno a cosas muy diferentes de lo que terminó siendo la obra -dice-. Había algo de inicio que tenía que ver con la reproducción exacta, con hacer una instalación que consistía en repetir videos tal cual fueron creados. Por ejemplo, tomar la entrega de premios de un club en los años cincuenta y reponerla con actores de hoy. Después aparecieron otras ideas para la realización de la obra: tres hombres de alrededor de ochenta que contratan a tres jóvenes para que reproduzcan sus videos de infancia y juventud."



En un proceso de ensayo tan largo, ¿cómo se fue modificando tu mirada respecto a los materiales que finalmente definieron este trabajo?

En varios momentos se nos ocurría pensar qué estábamos haciendo. Eso lo sentí más que en otros espectáculos. En la medida que uno intenta no explicar ni bajar de manera racional lo que siente de la obra, quien la ve recibe algo múltiple. Fue un proceso diferente en el tiempo porque dedicarle cinco meses a un casting es algo más cinematográfico que teatral. Fue realmente una mezcla de cine y de teatro. Por ejemplo, se filmaron escenas para una película de media hora, que proyectamos durante el espectáculo. Algunas escenas las hicimos con extras vestidos, peinados de los años cincuenta, para una imagen que dura veinticinco segundos en la obra. Por otro lado, pensé que la construcción de Yo en el futuro no tuvo que ver con la interpretación. Antes, para mí, el actor era el centro de la dramaturgia y de la puesta. En este caso, fue diferente. Los actores fueron instrumentos, formaban parte de una totalidad. No estaban en el centro.

¿Necesita el teatro del cine?

Creo que no. Me parece que cada proceso necesita cosas diferentes. Pienso, sí, que hubo un marcado interés en los últimos cuatro años del cine hacia el teatro.



¿En qué?

Basicamente, creo que el cine tomó actores, procesos de trabajo y producción utilizados por el teatro. Por otro lado, para mí siempre existió el deseo de la gente de teatro de involucrarse en el cine.



El eje de "Yo en el futuro" es cierta reconstrucción como ritual escénico, ¿qué particularidad tienen estos personajes y cuál es su relación?

Es un proyecto de tres personas que deciden registrar distintos eventos a lo largo de su vida. Todo empieza en una salida de ellos a un cine en la década del cincuenta, donde ven un número vivo, aquellos que durante el peronismo les daban trabajo a los artistas de variedades. En ese momento, antes de una película, el espectador podía ver a un amaestrador perros o una pianista en escena. Por eso, para rememorar aquellos números en vivo, el espacio donde se hace la obra es muy angosto. Yo en el futuro propone un juego, una especie de quién mira a quién en distintas épocas hasta que en un momento se pierde la temporalidad. Resurge una idea recurrente acerca de que todos los tiempos confluyan en uno solo. Por ejemplo, estos personajes, a los ochenta años, intentan repetir un beso que se dieron a los diez. Tienen una especie de obsesión por repetir, algo que podría continuar incluso después de su muerte. Una transmisión ritual.



¿Cuál fue la propuesta desarrollada en los ensayos para recrear este procedimiento de "repetición"?

Tuvo que ver con pensar cómo transmitir nuestras ideas. Convocamos actores y extras, a los cuales leíamos nuestro guión de acciones, porque no teníamos un texto convencional. Les decíamos la manera de asociar el vivo, es decir el espectáculo de los actores en el teatro, con el video ya grabado. Gran parte del proceso de ensayos eran esas lecturas donde parábamos la filmación y explicábamos la propuesta a los actores que se iban sumando a nuestro proyecto ya filmado. También transmitimos una cuestión con los objetos, muy obsesiva para nosotros, que aparecen en la película.



¿Cuál es actualmente tu relación con la escritura?

Siempre la vi relacionada a la dirección. En Estrellas había una dramaturgia sutil, ligada a cosas inventadas por nosotros. Lo nuevo es que Estrella, Entrenamiento elemental para actores y Yo en el futuro fueron escritas en conjunto. Son trabajos de grupo.

martes, 4 de agosto de 2009

NUEVA OBRA DE CARLOS CASELLA Cuando el azar altera el orden


En el Centro de Experimentación y Creación del Teatro Argentino de La Plata, que dirige Martín Bauer, hoy se estrena "Random".

El Centro de Experimentación y Creación del Teatro Argentino de La Plata (TATEC) estrena una sala, hoy, con un espectáculo coreográfico de Carlos Casella. La obra cuenta con música de Alejandro Terán, escenografía de Juan Cavia y Pablo Calmet, vestuario de María González e iluminación de Federico Cantini. El elenco está conformado por Leticia Mazur, Noelia Leonzio, Margarita Molfino, Pablo Lugones, Mariano Kodner y Lucas Cánepa.

Carlos Casella describe la obra, titulada Random, como "ese momento inespecífico e inesperado en el que aparece el azar alterando el orden, la planificación o el diseño que da origen a las cosas. Ese movimiento, un poco incongruente, imprevisible, genera a veces un monstruo de caprichosa belleza". El término inglés random alude a las decisiones que se toman sin un método preciso; sin embargo la información difundida previamente aclara que este concepto no debe aplicarse de manera literal a la pieza que se estrena hoy.

El TACEC es dirigido por Martín Bauer, que anteriormente y durante un extenso período dirigió el Centro de Experimentación del Teatro Colón. En cuanto a Carlos Casella, su carrera se inició a fines de los años '80 curiosamente como voz líder del grupo Modelo Blanco. Paralelamente comenzó su trabajo como coreógrafo y bailarín y en 1990, junto con Ana Frenkel, fundó el grupo de danza-teatro El Descueve. También formó parte de la compañía original que realizó el espectáculo Villa-Villa (grupo De la Guarda) y realizó varias coreografías de manera autónoma. Habría que destacar la creación de Play Back, concebida especialmente para el Ballet Contemporáneo del Teatro San Martín, por la que recibió en 2007 el Premio Clarín Espectáculos. Casella sigue igualmente desarrollando su carrera de músico y cantante -tanto compositor como intérprete- de distintas obras teatrales y coreográficas. Las entradas generales para este espectáculo tienen un valor de $ 5 y pueden adquirirse en las boleterías del Teatro Argentino de martes a domingos de 10 a 20. Información gratuita en el 0800-666-5151.

lunes, 3 de agosto de 2009

EL EXTRANJERO


Jamie Lloyd: El joven timón de una gran obra

Tiene 28 años. Dirigió en Londres "Piaf" y fue convocado para la versión local. Habla maravillas de Elena Roger y dice que a nivel actoral la versión argentina es de mayor calidad que la estrenada en Europa.
A los 28 años, el británico Jamie Lloyd asentó su prestigio como director con Piaf,

el potente espectáculo protagonizado por Elena Roger, que recientemente se estrenó en Buenos Aires. Bajo su dirección, la obra debutó el año pasado en el Donmar Warehouse de Londres y cosechó tantos elogios como la versión que se presenta ahora en el Teatro Liceo.

El director se instaló en Buenos Aires por dos meses para tomar las riendas del montaje en la Argentina, con elenco y técnicos locales. Sin embargo, tuvo el mismo dínamo esencial del espectáculo con el que contó en Londres: Elena Roger. Lloyd no se cansa de repetir elogios hacia la actriz argentina. "La conocí cuando fui asistente de Michael Grandage en Evita. Elena es excepcional. Una artista íntegra con gran ductilidad."

Jamie Lloyd comenzó sus estudios en 1999 en el Liverpool Institute for Performing Arts, escuela por donde pasaron Ringo Star y Paul McCartney, entre otros. "Era una formación integral, pero con los años fui relegando la actuación y me concentré en dirigir mis proyectos —dice—. Me di cuenta de que disfrutaba mucho más dirigir que actuar. Al poco tiempo llevé mi trabajo al National Student Drama Festival y a Edimburgo. Pero fue la versión que dirigí para un teatro de Sheffield de The Caretaker, de Harold Pinter, con la que se me abrieron las puertas de espacios importantes en Londres, como el Donmar Warehouse o el Royal Court".

Con un intenso recorrido en teatro de texto, Piaf es el primer musical que dirige Jamie Lloyd. "Sin embargo —aclara— la obra de Pam Gems es un texto que otorga mucha libertad al director que decida abordarlo. Escuché detenidamente cientos de canciones de Piaf, porque la música crea situaciones dramáticas que acompañan diferentes momentos de su vida. Piaf no es un musical en el sentido más tradicional, es un viaje que recorre episodios de una vida. Son canciones hermosas, de melodías y letras sofisticadas. Y creo que a nivel sonoro y de clima, funciona mejor aquí que en Londres. El Teatro Liceo es lo más adecuado para este espectáculo porque pertenece al formato de salas donde justamente cantó la Piaf."



En líneas generales, estás contento con esta versión.

No sólo eso. Sinceramente, creo que a nivel actoral la versión argentina es de mayor calidad que la estrenada en Donmar. La energía de los actores, la conexión emocional que tuvieron con la trama y los personajes de Piaf hizo un espectáculo sumamente intenso.



¿En qué se modificó, según tu visión, el trabajo de Elena Roger al interpretar el papel en castellano?

Pudo encontrar mucho más detalles del personaje. Ella fue brillante en Londres pero aquí se la ve más real en su interpretación. Elena recorre la vida de Piaf desde joven, en las calles parisinas, hasta la vejez en sólo una hora cuarenta minutos. Sin descanso y nunca deja el escenario. Ese viaje por la vida de Edith Piaf es mucho más creíble aquí, porque Elena no tiene la presión del idioma y eso la libera para ingresar de un modo mucho más profundo en la vida del personaje.



¿Cómo fue, tras la puesta original, trabajar con la versión porteña?

Fue comenzar desde cero, con los actores, los técnicos. Encontrarme con ellos y poder mostrar mi punto de vista sobre el espectáculo. Esa relación creó algo muy distinto a la versión estrenada en Londres. -

jueves, 16 de julio de 2009

Bellos y sufridos corazones . . .


Con la dirección de Carlos Casella, Ana Frenkel y Daniel Cúparo, se estrena Corazón idiota, una comedia con una impronta bien Descueve

Hace dos años, cuando Carla Peterson recién arrancaba con las grabaciones de Lalola y ni imaginaba todo lo que vendría después de la mano de Los exitosos Pells , y Griselda Siciliani todavía estaba ocupada con Patito Feo y no figuraba en su horizonte protagonizar una comedia dramática en plena avenida Corrientes dirigida por Daniel Veronese, estas dos actrices ya empezaban a pergeñar una aventura que mañana llega al escenario de la sala Pablo Neruda del Complejo La Plaza.

Es que Corazón idiota ?la obra en cuestión? nació de las ganas de estas dos intérpretes, que se conocieron durante las grabaciones de Sos mi vida, donde Peterson era la malísima Constanza y Siciliani, la boba de su prima Debi. De compartir tanto diálogo desopilante surgió una amistad que las llevó a descubrir que les gustaba lo mismo, que habían hecho un recorrido artístico semejante, que disfrutaban de producir sus propios espectáculos y que se morían de ganas de hacer algo juntas. Algo que les exigiera transitar por los lenguajes de la danza, el canto y la actuación, que les permitiera contar una historia, que les significara un nuevo y mayor desafío.

Así fue como a Siciliani se le ocurrió la idea de invitar a Carlos Casella para que las dirigiera. Ella quería esa impronta que había probado cuando participó ?por un reemplazo? de Hermosura, la obra del grupo El Descueve que él había dirigido junto con Ana Frenkel y en la que también actuaba Daniel Cúparo, precisamente quienes luego se sumaron al equipo de dirección. Entre los cinco armaron un equipo compacto que durante meses imaginó y probó historias, esquemas de trabajo y lenguajes escénicos que finalmente arribaron a lo que es hoy Corazón idiota, título que sumado a la foto promocional del espectáculo (en el que la dupla Peterson-Siciliani aparece llorosa, sufriente y eterna perdedora) puede dar una idea de hacia dónde va la cosa. Pero casi seguro que la idea es equivocada, ya que con tres ex Descueve firmando texto y dirección nada se puede predecir.

"Es una comedia, un musical, pero no una comedia musical", arranca Peterson. "Es una comedia que tiene música y humor", se suma Siciliani. Ellas cantan, bailan, actúan e interactúan entre sí y con otros cuatro actores-bailarines (Fernando Tur, Leo Kraimer, Rakhal Herrero y Diego Rosental), que interpretan a los miembros masculinos de una banda de música de la que ellas son las coristas. Desde ese lugar ?falsamente secundario? Peterson y Siciliani cuentan la historia de estas dos mujeres en permanente estado de alteración.

"Para ellas, la vida, el amor y los deseos son puro sufrimiento, están todo el tiempo en carne viva, al límite. Viven las cosas con una intensidad que no tiene nada de costumbrismo ni naturalismo. Llega un momento en el que pareciera que el espectáculos se te viene encima", se entusiasma Siciliani. "Es que en el estado en que están no se puede pensar mucho, sólo reaccionan hacia lo que sienten", secunda Peterson.

Maneras de sufrir

De allí que los corazones de estas dos mujeres sean un poco idiotas, aunque sufren distintos tipo de idiotez. "Si vas al diccionario, en idiota aparece «falto de instrucción», y ahí hay una clara diferencia, a cada uno de nuestros corazones le falta una instrucción diferente, por lo que no sufren de la misma manera", sigue Peterson, que para hacer latir su corazón al ritmo que le exigía la propuesta que ella misma estaba engendrando tuvo que prepararse con una voluntad y una decisión inusitadas.

Es que la vida le llegó a esta actriz, y un viento fuerte de popularidad y oportunidades la despeinó y le llenó la agenda de otros ensayos, otras grabaciones, otros compromisos que bien podrían haber desplazado eternamente esta idea loca de "hacer algo juntas". Concluyó Lalola, llegaron los premios, empezó y terminó (anoche nomás) Los exitosos Pells y Peterson tuvo que hacer malabares para estar en todas partes y no dejar su sueño atrás. "La verdad nunca estuvo en duda la idea de seguir, siempre tuvimos las ganas intactas", explica Siciliani, quien también se las vio negras para combinar los ensayos, primero, y luego las funciones de La forma de las cosas ?la obra en la que la dirige Veronese? con estos ensayos que hoy terminan.

En los momentos de encuentro aparecía la voz de Frenkel desde algún rincón de la sala: "A correr, a correr". Y luego de horas y horas de grabación o ensayo las dos actrices sacaban fuerzas de donde no tenían para entrar en clima y ponerse a la par del resto del elenco, que las esperaba con paciencia. "Era genial, ellos (por Frenkel, Casella y Cúparo) trabajan de una manera muy rigurosa y con mucho entrenamiento durante los ensayos. No es sólo pasar la obra: se prepara el instrumento para esta propuesta en particular, con clases especialmente pensadas para esto", sigue Siciliani. Entonces, en esos espacios en los que era difícil juntarlas, el trabajo pasaba por profesores especiales que apuntaban allí donde más lo necesitaban.

Y la música ?en este sentido? era un punto de alta demanda. Es que detrás de esa banda que se armó arriba del escenario, detrás de sus canciones originales o de las reversionadas, está la firma de Diego Vainer, otro ex Descueve. El los entrenó para que funcionaran como una banda de verdad y para que ellas fueran sus auténticas coristas. Aunque en el caso de Carla Peterson el desafío implicó un trabajo particular y extensivo: "Es la primera vez que canto en público, imaginate que me daba vergüenza hacerlo delante de mi profesor, así que esto de cantar con una banda, con pista, con micrófonos y todo fue el mayor desafío. Muchísimo más que bailar. Ahí tuve que volver a poner el cuerpo en movimiento, pero yo bailé durante mucho tiempo, no era algo extraño para mí".

Ni ellas imaginaron a lo que llegaría esa idea de hacer algo juntas. Nunca se les habría ocurrido pensar en la calle Corrientes, en tenerlo a Ariel Baccaro pensando la escenografía o a Gonzalo Córdova pergeñando la iluminación. Sólo se habían animado a invitarlo a Casella y se sorprendieron con todo lo que llegó. Es claro que en estos dos años sus carreras artísticas crecieron de tal forma que era de esperar que esta propuesta creciera con ellas. Y acá está este sueño que empezó chiquito y con mucho corazón, pero sin lugar a dudas uno que no tenía nada de idiota.

Para agendar

martes, 30 de junio de 2009

Se estrenará Random, en el Centro de Experimentación platense


Casella armó un equipo que promete A merced del reconocido coreógrafo, seis jóvenes bailarines muy interesantes salen a la cancha en el Argentino

Sin patrón, aleatorio, impredecible; carente de cualquier plan definido, orden u objetivo. Todas estas son posibles definiciones para traducir del inglés la palabra random . De modo que tal vez como elección arbitraria -o quizá sean los movimientos los arbitrarios-, el coreógrafo Carlos Casella llamó así a su nuevo trabajo, una obra comisionada por el flamante Tacec (Teatro Argentino Centro de Experimentación y Creación), que se estrenará pasado mañana. Con esta puesta, quedará inaugurado un espacio para 140 espectadores ubicado debajo del escenario de la gran sala Ginastera.

Pero antes de que la idea de caos les gane a las de investigación y creación -es a sus frutos que se orienta este centro-, con gran experiencia detrás, Casella apunta: "El espectáculo alude a ese momento inespecífico e inesperado donde aparece el azar alterando el orden... Ese movimiento incongruente, imprevisible, genera a veces un monstruo de caprichosa belleza". Y si para la danza contemporánea local un estreno de Casella siembra, en sí mismo, una semilla de expectativa, más prometedor resulta esta vez reparar en el equipo que el señor Descueve armó para salir a la cancha.

Se trata de seis jóvenes habitantes del circuito de la danza y el teatro independiente de nuestro país, que pese a sus cortos años ya han dado muestra en su carrera de unas cuantas buenas acciones. Varios de ellos, inclusive, conectados entre sí.

Es el caso de Leticia Mazur, artista de sólida formación aquí y allá, y también más allá de la danza, que en la última década trabajó -como bailarina y también como coreógrafa- en infinidad de espectáculos: del Villa Villa, de De la Guarda a la halagada y exportada Secreto y Malibú, de Diana Szeinblum, y más acá en el tiempo, la Guaranía, de Casella, su magnífica creación como coreógrafa llamada Ilusión (2008) y Los quiero a todos (2009). En tren de conexiones, en estas dos últimas obras Mazur trabajó con la segunda de las tres mujeres que tendrá Random , Margarita Molfino, bella bailarina que conquistó al público de la danza contemporánea con su fascinante rol en el dueto romántico que fue Ilusión -obra que, tras su éxito, planea reposición para este año-. La tercera dama que les pondrá el cuerpo a los azares de esta pieza es Noelia Leonzio quien, como Molfino, fue partícipe de la Planicie Banderita, de Andrea Servera, supo sumarse al Grupo Krapp en tiempos de Mendiolaza, yrecientemente se la pudo ver en el Festival Ciudanza como intérprete de una versión outdoor de aquel Amanecer moscovita que Pablo Lugones creó y dirigió este año para el ciclo Menores de 25 del Rojas.

Y con esto se enlaza un nuevo eslabón en la cadena de antecedentes, puesto que Leonzio y Lugones ya habían hecho juntos Alaska , de Szeinblum, y Montecarlo , de Casella (y de Szeinblum y de Casella hay que remarcar su influencia en la generación posterior). Lugones aparece más fresco en la memoria como uno de los seis actores que Lola Arias puso en escena en la reciente Mi vida después , esa sencilla y a la vez tan compleja puesta de una colección movilizante de relatos en la que el bailarín platense, nacido en 1983, dejó ver entre muchos otros atributos su pasado folklórico.

Todavía en cartel con Pura cepa , el muy físico Lucas Cánepa (ex De la Guarda y Fuerza Bruta) se suma al dream team de Casella, que tiene en Mariano Kodner su sexta pieza, la más actoral. Dream team que por sus relevantes cualidades no podría entrañar un verdadero imprevisto ni un auténtico random .


Random, obra con coreografía, idea y dirección de Carlos Casella.

Tacec, Calle 10 y 53. Pasado mañana, el viernes y el sábado, a las 20.30; el domingo 5, a las 17. Entradas: 5 pesos. Más información: 0800-666-5151.

lunes, 22 de junio de 2009

Fernando Peña: Crónica de una muerte anunciada


El actor y conductor de radio murió ayer a los 46 años, de un cáncer de hígado. Desde hacía 8 años era portador de HIV. Polémico y transgresor, compuso una galería de entrañables criaturas. Hasta la semana pasada condujo "El parquímetro" desde su casa. Estaba realizando un documental sobre su enfermedad.

Lo que pasa es que yo me hago mucha mala sangre", solía bromear Fernando Peña sobre su enfermedad y su muerte siempre inminente, temas recurrentes desde hace ocho años, cuando declaró públicamente ser portador de HIV y decidió transmitir su ciclo de radio, El parquímetro, desde la clínica donde le aplicaban quimioterapia.

Actor de teatro y TV, inefable conductor de radio (elegido dos años consecutivos "Hombre de radio" en los Premios Clarín Espectáculos), personaje mediático, transgresor y entrañable, ayer, a las 16.40, Peña murió en el Instituto Fleming de Belgrano, adonde estaba internado por un cáncer de hígado. Sus restos eran velados anoche en la Legislatura porteña.

Había cumplido 46 años el 31 de enero. Hasta la semana pasada seguía haciendo su programa radial desde su casa. Y, hasta hace un mes, protagonizaba en teatro Diálogo de una prostituta con su cliente.

"La gente que vive apasionada muere joven. Yo imagino así mi suicidio: voy a ir en el auto, a 80 kilómetros por hora, feliz y distraído, y me voy a llevar una columna por delante", fantaseaba hace unos años, cuando su enfermedad parecía controlada. No pudo cumplir ese deseo. La muerte no lo encontró distraído: lo encontró presente, peleando, resistiendo hasta el último minuto.

"Claro que me importa morir, pero más me importa vivir bien", desafiaba, y no era mera provocación. De hecho, cuando una neumonía parecía haberle ganado la batalla, decidió suspender los cócteles y los tratamientos, que cada vez le traían más efectos secundarios y le impedían vivir la vida que había elegido. En este último mes, con un diagnóstico de cáncer terminal alojado en el hígado, Peña supo que esta vez sí era el final: protagonista de su propio reality, empezó a filmar un documental que incluyó imágenes de sus médicos y de sus últimas internaciones. Era su "legado": una manera de desdramatizar la muerte y familiarizar a la gente con la enfermedad, dijo en una última entrevista televisiva.

Nacido en Montevideo en una familia acomodada, con un hermano músico, Federico, y un probable hijo al que nunca conoció, Peña era un hombre feliz. Contaba sin ruborizarse que solía mirar el cielo y decirse a sí mismo "pensar que esto es todo lo que soñaste". Su sueño realizado era hacer teatro en una sala céntrica porteña, vivir de su trabajo, producirse a sí mismo y abastecer a su pequeño grupo de "incondicionales": dos docenas de personas con las que armaba sus espectáculos.

"Me conoce todo el mundo, mamá", decía que le hubiera gustado gritarle a su madre -la imponente actriz y cantante española Malena Mendizábal-, que nunca confió en su talento. Cuando ella murió, en el '97, Fernando Peña no existía. Era, todavía, la misteriosa voz de Milagritos López en un programa radial que conducía Lalo Mir por la Rock & Pop.

Cuenta la leyenda que Lalo lo descubrió en un vuelo de American Airlines, la aerolínea en la que Peña trabajaba como comisario de a bordo. De tanto escuchar a una cubana que deliraba por el altavoz, Lalo la quiso conocer, y así comenzó la carrera radial de Peña. Pero ese no fue, en rigor, su debut. Su primera entrada había sido en la infancia, cuando su padre, el conocido periodista deportivo Pepe Peña, lo llevó a un programa. "Papá, me meo", fueron sus primeras palabras al aire.

De columnista de Lalo, Peña -que había estudiado teatro desde chico, cuando vino con su familia a vivir a Buenos Aires, y había sobrevivido dictando clases de inglés- pasó a su programa propio: El parquímetro (por FM La Metro) se emitía de lunes a viernes de 10 a 14, y fue un éxito indiscutido durante tres años, en los cuales desplegó una enorme galería de personajes que se disputaban el micrófono, superponiendo sus voces (ver Los rostros...).

De La Metro pasó a la noche de la Rock & Pop con Cucuruchos en la frente, un ciclo que no tuvo tanta suerte. Pero ya tenía sus fans. Mientras sorprendía con sus unipersonales teatrales (en los que escandalizaba e interactuaba con el público), el personaje de transgresor que alimentaba para los medios evolucionaba hasta dejar de ser un marginal, temido por sus declaraciones, para convertirse en el "niño mimado" de la TV. Amigo de Jorge Rial, de Juan Castro, de Luis Majul y de Oscar González Oro, todos seducidos por sus opiniones sin filtro, su indisimulable bonomía y la inocencia infantil que se traslucía detrás del personaje.

"Yo no celebro estar vivo, la vida para mí no es maravillosa, es una circunstancia y punto", se jactaba antes de estrenar La burlona tragedia del corpiño, dedicado a su madre y a su abuela, Gloria Ballardo, que lo crió leyéndole a Lorca y a Juan Ramón Jiménez.

Peña dijo alguna vez que si no se hubiera dedicado a actuar, hubiera sido un "puto triste... Un Barreda, un asesino serial". La locura -que había amenazado a toda su familia- era una de sus obsesiones, y la exorcizaba actuando: "Yo a la locura la despliego en el escenario, le tengo pánico a esa gente contenida, tan compuesta".

Decía que no creía en los finales felices, y solía sentirse malinterpretado cuando lo acusaban de provocador: "A mí me encantaría pararme en el Obelisco y decirles a todos: déjenme terminar, pero escuchen bien lo que tengo que decir". ¿Qué? "Que soy un romántico, que no provoco al pedo, que mi provocación tiene un sentido y un rumbo... que la necesito, para poder embellecer el final". Un final anunciado, pero igualmente triste.

jueves, 18 de junio de 2009

Fernando Peña: el artista de la provocación


Murió ayer la figura polémica y multifacética, que dividió aguas con su estilo áspero y frontal

Víctima de un cáncer, el actor Fernando Peña falleció en la tarde de ayer a los 46 años en la clínica Alexander Fleming, de esta capital, donde había sido internado tres días atrás. El anuncio del deceso fue hecho por el animador Matías Martin en FM Metro, donde Peña era figura y hace muy poco ?el 30 de abril último? festejaba los diez años de su exitoso ciclo El parquímetro con una transmisión especial de 14 horas ininterrumpidas.

Nacido el 31 de enero de 1963, en Montevideo, hijo del reconocido y polémico periodista deportivo Pepe Peña, fue una figura multifacética y dueño de un incansable espíritu provocador. Su estilo irreverente, su manera de decir lo que sentía y lo que le parecía no sólo acumulaba multas del Comfer, sino también seguidores que se sentían identificados con sus decires y detractores de dos tipos: aquellos que se escandalizaban y quienes, simplemente, no compartían su manera absolutista de pensar.

A comienzos de 2001 dijo: "La muerte es una obsesión. Desde hace seis o siete años vengo con esta idea de que ya está, de que me encantó pero ya está. Y no es que le huya a algo. Lo que pasa es que me aburro todo el tiempo". Portador de VIH, Peña contrajo el virus en 1987 a través de su pareja, que falleció por el mismo motivo. Se enteró de esa condición en 2000, año en el que desarrolló un linfoma agudo inextirpable. Luego de un severo tratamiento de quimioterapia y cócteles de drogas, logró minimizar la carga viral hasta volverla casi indetectable. "Estaba cuatro días por semana, las 24 horas, conectado a la máquina de quimio. Y a la semana me empezaban los dolores, los calambres, la falta de aire, me dolía todo. Pero, bueno, lo eliminé", confesaba por entonces.

Aunque, según sus propias palabras y los comentarios de sus allegados, ya estaba "cansado". Llegó a decir a LA NACION: "Nunca fui tan feliz como cuando tuve cerca a la muerte. Sentí una paz interna tremenda, una enorme felicidad y una alegría desconocidas". En los últimos tiempos, las preocupaciones sobre su salud reaparecieron, pero a través de un cuadro oncológico. Sólo con el agravamiento del mal fue dejando sus múltiples compromisos: la radio (siguió casi hasta el final conduciendo desde su lugar de internación), el teatro (debió cancelar hace tres semanas su última obra, Diálogo de una prostituta con su cliente ), columnas semanales en el diario Crítica y una gran exposición mediática. La última fue el 17 de mayo, en DDT , el ciclo de Jorge Lanata, frente a Luis D´Elia. Antes, Peña había sido el primer destinatario concreto de los odios del dirigente piquetero, que anoche hizo públicas sus condolencias.

Un actor en el aire

Peña empezó a estudiar actuación a los 15 años junto a Hedy Crilla, y siguió aprendiendo con profesores de la zona norte del Gran Buenos Aires, donde vivió la mayor parte de su vida. Su primera obra teatral fue Shadow Box (1982), en el teatro de Icana, hablada enteramente en inglés. El dominio de ese idioma lo llevó a trabajar varios años como comisario de a bordo en una aerolínea norteamericana (su libro de memorias, Gracias por volar conmigo, se convirtió en un best seller) y ése fue su pasaporte a la fama.

Durante un vuelo tomó el micrófono y les habló a los pasajeros como la cubana Milagritos López, su personaje más querido. Entre los oyentes estaba Lalo Mir, quien no dudó en convocarlo y contratarlo para la radio. Esa fue su primera tribuna.

Pasó por Horizonte (junto a Elizabeth Vernaci), Rock & Pop (con Mir), Energy y la Metro con populares personajes como Palito, Mario Sabino, Martín Reboira Lynch, La Mega, Roberto Flores, Dick Alfredo y Albert. Su mayor éxito en ese medio, junto a Diego Ripoll, fue El parquímetro , blanco del Comfer en tantas oportunidades que debió ser levantado en 2001.

La masividad le llegó a través de la televisión. Un buen día, la curiosidad de Susana Giménez por conocer al hombre de las mil voces la llevó a invitarlo a su programa. "¡Los productores empezaron a correr por todos lados y me pusieron la musiquita!", recordaba hace poco entre carcajadas. Fue cuando se le ocurrió definirse en una forma que lo caracterizaría: "Soy un puto sufrido". A partir de allí se hizo tremendamente popular en muy pocas semanas.

lunes, 18 de mayo de 2009

TEATRO: "HEDWIG AND THE ANGRY INCH"

Un canto transexual Comedia musical de culto, aquí se presenta en el Roxy Live, con Germán Tripel y Florencia Otero.

Un canto transexual Comedia musical de culto, aquí se presenta en el Roxy Live, con Germán Tripel y Florencia Otero.
Un canto transexual Comedia musical de culto, aquí se presenta en el Roxy Live, con
Germán Tripel y Florencia Otero.
Sobre el escenario, una batería, un teclado, dos guitarras y un bajo esperan. De pronto, envueltos en humo, la banda entra, se apodera de ellos, y segundos después la escena es la de cualquier recital de rock.

En medio de esa potencia sono ra, una mujer escupe, con visceral masculinidad, las estrofas de una canción y sostiene una actitud desafiante frente al público. Frente a sus músicos. Y frente a Yitza, el barbado y menudo muchacho que le hace coros con voz de mujer.

Así arranca la versión local de Hedwig and the Angry Inch (Hedwig y la pulgada rabiosa), el musical que John Cameron Mitchell escribió en 1997, que lleva más de 50 producciones en distintos lugares del mundo, y que pasó al cine con ingreso casi directo a esa categoría que llaman "de culto".

"En este caso lo que se trató de reproducir aquí es la puesta teatral, que tiene diferencias importantes con la película", aclara Germán Tripa Tripel, quien tras su participación en Rent, invirtió su verano en la preparación del rol principal.

Ambientado en el lado Este de Berlín, el comienzo de la historia muestra a un preadolescente que se debate en la definición de su sexualidad. Enamorarse de un oficial del ejército norteamericano lo impulsa a elegir la transexualidad. pero un error en la cirugía lo deja con una molesta pulgada que marcará su vida, más allá de la caída del muro y los cambios que vivió el mundo después de los '80. Esa es la historia que Tripel, enfundado en vestidos que dejan al descubierto buena parte de su cuerpo, cuenta entre canción y canción. Una trama que tiene en Yitza, que interpreta Florencia Otero, a la mitad complementaria del protagonista.

La pareja cuenta que meterse en sus personajes les requirió un entrenamiento de varios meses. "Primero, con Mosquito Sancineto, quien nos impulsó a hablar con transexuales, con gente a punto de operarse: las verdaderas Hedwig. Y luego con Gustavo Carrizo, el coreógrafo", apunta Otero. "Son dos personajes muy complicados, que hablan y viven una continua dualidad, que desde lo conceptual provoca cierta molestia y desde lo actoral propone un desafío", agrega Tripel, con rastros, en su rostro, del maquillaje que lo caracteriza. Un trabajo de make up de casi dos horas.

Casi lo mismo que dura esa mezcla de concierto y stand up a lo largo de la que se desarrolla el guión. Planos que el espectáculo resuelve en forma despareja. En tanto que la acertada interpretación musical de Tripel, con un muy buen manejo vocal, no consigue ser igualada los monólogos que, en pos de reproducir una acentuación y una entonación extranjera, pierden frescura y, por momentos, rozan la monotonía. Un detalle que, en parte, conspira contra la muy buena relación que se establece entre los cantantes, la banda y las canciones.

miércoles, 13 de mayo de 2009

El gran desafío de Karina K - TEATRO: CRITICA - "SOUVENIR"

La actriz se luce interpretando a la peor cantante lírica de la historia y se convierte en lo mejor de la obra.

La actriz se luce interpretando a la peor cantante lírica de la historia y se convierte en lo mejor de la obra.
La composición que hace del personaje, una mujer bastante mayor que ella, es brillante. Souvenir es una nueva oportunidad para que Karina K se luzca y la actriz la sabe aprovechar muy bien.

En su búsqueda de Florence Foster Jenkins, Karina encontró un arsenal de recursos altamente rendidores. Con un andar lento, expresiva gestualidad, una acertada postura corporal, la impostación de la voz y un vistoso vestuario que remite a la época, construye a esta soprano estadounidense que vivió entre 1868 y 1944 y que se hizo famosa como la peor cantante lírica de la historia que, pese a eso, triunfó en Broadway. Un desafío para Karina que, siendo dueña de una voz afinada, logra desentonar con gracia; equivoca las notas en los lugares exactos, de modo que su desafinación resulta natural.

El texto, que a nivel dramatúrgico presenta algunos problemas, favorece de todos modos a la actriz: porque es un libro para sólo dos intérpretes y el peso protagónico está repartido entre ellos y porque su personaje es sumamente querible. Souvenir es una obra de Stephen Temperley, que se centra en la vida de Florence Foster Jenkins desde la mirada de Cosme McMoon -a quien interpreta Pablo Rotemberg-, el pianista que acompañó a Florence durante los últimos 12 años de vida de la cantante. La puesta muestra los ensayos, los recitales que ofrecen juntos (primero en una sala más íntima y luego en el Carnegie Hall) y el vínculo entre la cantante y el pianista; pero por momentos las situaciones se vuelven reiterativas.

Dirige el espectáculo Ricky Pashkus, quien buscó imprimirle dinamismo con recursos como la entrada de Pablo Rotemberg desde la platea. Renata Schussheim capturó con el vestuario la esencia de un personaje extravagante, que en su último recital luce un vestido por canción.

A Pablo Rotemberg le falta todavía afianzarse en su rol. No le tocó un personaje fácil: como relator, tiene mucho parlamento; en la representación de situaciones, debe sostener a Florence. Protagoniza gags cómicos y momentos emotivos, además de tocar hábilmente el piano en vivo.

Ella dice convencida que tiene oído absoluto. Cosme procura preservarla de las burlas del público y de algún modo, sobre el final, termina mintiéndose a sí mismo sobre el talento de esta dama de la sociedad, proclive a la caridad. El desenlace, onírico.

domingo, 12 de abril de 2009

Julio Chávez y Cecilia Roth: ficción por partida doble

Son los protagonistas de Tratame bien, el nuevo unitario de Canal 13, y de la segunda temporada de Epitafios

En sus mejores días, cuando sus implacables críticos se sienten benévolos, la televisión es considerada la forma más popular del entretenimiento. En sus peores días, a la pantalla chica se le cuelga el mote de boba y se la acusa de terribles crímenes contra la inteligencia colectiva. Para contrarrestar tantos bombardeos -a veces, acertados-, para probar que la TV vale la pena, quizá baste con tener un buen abogado defensor o dos. Dentro de pocos días, Julio Chávez y Cecilia Roth aparecerán en el televisor protagonizando no una, sino dos ficciones. El miércoles, a las 22.45, se estrenará Tratame bien , el flamante unitario de Pol-ka para Canal 13, y el domingo llegará a la pantalla de HBO la segunda temporada de Epitafios . Con pocos días de diferencia, Chávez y Roth, dos rara avis para el espectador televisivo, aparecerán en la TV por duplicado.

-¿Qué tienen estos dos ciclos para que decidieran hacer televisión?

Roth: -Ambos proyectos me resultaron muy interesantes. Epitafios 2 es una continuación de la primera parte, a la que apenas me había integrado en el capítulo ocho. La verdad es que al ser HBO no lo sentí como un proyecto de televisión; teníamos seis meses para hacer 13 capítulos, que se rodaban en fílmico. La sensación era de que estábamos haciendo cine. Aunque hice algunas pequeñas participaciones en Amas de casa desesperadas y Mujeres asesinas, hace once años que no hacía televisión con continuidad, desde Laura y Zoe , y creo que Tratame bien se dio porque se trataba de trabajar con el mismo director, Daniel Barone, y el mismo productor, Diego Andrasnik, que en Epitafios.

-Y ahora salen los dos programas en la misma semana...

Roth: No quiero pensar en eso. El tema es el trabajo cotidiano, la alegría, la búsqueda. Toda la parte que implica estar en un proyecto en el que hay una presión fuerte, expectativas. Prefiero no pensarlo.

Chávez: -De todos modos, aunque la salida del programa no tiene que ver con nuestro trabajo, tampoco somos ingenuos, y cuando uno toma la decisión de hacer algo, piensa, tiene estrategias. Tiene que ver con apuestas que uno hace, tanto profesionales como expresivas. Hoy por hoy, Pol-ka, este elenco, mi compañera, conforman un espacio en el que encuentro una posibilidad de desarrollar algo de mi oficio. Fue así en Epitafios 2 y acá lo vuelvo a elegir como uno de los lugares en los que puedo desarrollar una manera de pensar mi profesión. La TV es un ámbito del que algunas personas pueden desear salirse y, para mí, en este momento, es un lugar interesante donde también puedo pensar.

Compañeros

"Lo único que quiero saber es si puedo contar con mi compañera", le dice Renzo Márquez, el duro policía que interpreta Chávez en Epitafios 2 a Marina Segal, su impasible colega protagonizada por Roth. Claro que la pregunta dicha con otro tono y otro fondo bien podría ser formulada por José a Sofía, con la que está casado hace 22 años y con grandes posibilidades de no llegar al aniversario número 23. La pareja que está en el centro del conflicto de Tratame bien atraviesa crisis solistas y a dúo, motivadas por el fracaso profesional de él, los sueños relegados de ella y los hijos, interpretados por Martín Slipak y María Alche.

"Al hacer este trabajo, tengo el gusto de estar actuando en escenas en que no he actuado todavía. Como la de los hijos, por ejemplo. Situaciones que para mí son inéditas y que, si bien las vi 28.000 veces, porque si hay algo que he visto es a familias comiendo tostadas a la mañana, yo no las hice. Y Epitafios también tenía eso. Policías se hicieron 48.000, pero ahora me toca a mí. Es el placer de decirle a un actor de 18 años «hijo»", cuenta Chávez. Aunque si lo piensa un poco el gusto de lo nuevo viene acompañado de cierto desconcierto: "Yo le decía a Cecilia que cuando recibo los libros hago un gran esfuerzo por no estudiarme la letra del hijo. La verdad es que me dan ganas de mirar al cielo y preguntar: «¿Qué pasó, Señor?» Lo interesante, además, es que Cecilia y yo nos conocimos más o menos a la edad que tienen los chicos que hacen de nuestros hijos".

A su lado, Roth asiente, ríe y recuerda aquel tiempo en que el cine, el teatro y la televisión eran destinos tan exóticos para ellos como China o la India. "Nos conocimos en el casting de No toquen a la nena . Fue el primer trabajo de Julio y el mío, aunque yo era más comparsa", cuenta la actriz sentada, junto a Chávez, a la mesa del living de esta familia tipo a punto de "implotar".

Escrita por Pablo Lago y Susana Cardozo ( Locas de amor ), la historia de Tratame bien parece empezar por donde la mayoría de las historias terminan. Una pareja que ya no sabe cómo ser o si quiere seguir siéndolo, y a la que las respuestas de sus terapeutas individuales ya no le alcanzan. Por eso, por recomendación de la psicoanalista de ella, interpretada por María Onetto, y el psiquiatra de él, papel que hace Norman Briski, consultarán a una tercera, Clara Lombardo, especialista en terapia de pareja que interpretará Cristina Banegas.

Tratame bien tiene que ver con el tema del trato en el sentido del contrato. Los contratos tienen letras chicas y cada uno escribe ahí algo que el otro no llega a leer. Muchas veces, el amor o la juventud hacen que esos contratos parezcan fantásticos, pero después algo empieza a pasar en los vínculos, en las relaciones con los hijos, con los padres...", reflexiona Chávez, y su compañera de fórmula continúa: "En ese punto, uno empieza a repactar y a revisar el contrato".

En el proceso de decidir si renegocian o rescinden su matrimonio, José y Sofía pasan muchas horas en divanes repitiendo lo que ya dijeron mil veces, sufriendo para conseguir, tal vez, dejar de sufrir. Y, créase o no, la neurosis de unos en la ficción causa gracia a otros que miran del otro lado del televisor.

"Hace unos días, decíamos con María Onetto que, mirado desde afuera, siempre hay un costado ingenuo en la terapia porque uno se pregunta las mismas cosas una y otra vez. Uno las sufre profundamente, pero esa repetición, mirada desde afuera, con la frialdad de una cámara, causa gracia", explica Roth.

Puestos a interpretar sus papeles en Tratame bien, a pesar delos años de experiencia, los actores se encontraron con un par de sorpresas que cerraron el círculo en el lugar menos pensado.

"La primera vez que le dije a mi hijo en la ficción «hijito», me empezaron a transpirar las manos y me agarró una emoción tan grande... Me di cuenta de que es una palabra que mi naturaleza necesita construir. Yo empecé a estudiar teatro por esto. Cuando era chico, una compañera en un campamento me dijo que fuera a estudiar teatro y yo le pregunté qué hacían ahí. Me lo explicó muy simple: «Vos me matás y yo me hago la muerta». Y yo pensé que era lindo eso de tener un lugar donde podía matar a alguien sin consecuencias", dice Chávez, y se ríe mientras Roth revisa su propio arcón de los recuerdos: "Yo le decía a mi hermano menor que jugáramos a que él me mataba y yo me hacía la muerta durante horas, y el pobrecito se quedaba pagando. Porque yo convertía en verdad ese juego. Y aquí estamos: convirtiendo en verdad a esta familia; convirtiendo en verdad un hijo para Julio; convirtiendo en verdad una hija, este departamento...".

EL MUNDO SEGÚN CASCIARI


Leí una vez que la Argentina no es mejor ni peor que España, sólo más joven. Me gustó esa teoría y entonces inventé un truco para descubrir la edad de los países basándome en el 'sistema perro'.

Desde chicos nos explicaron que para saber si un perro era joven o viejo había que multiplicar su edad biológica por 7. En el caso de los países hay que dividir su edad histórica entre 14 para saber su correspondencia humana. ¿Confuso?

En este artículo pongo algunos ejemplos reveladores.

Argentina nació en 1816, por lo tanto ya tiene 190 años. Si lo dividimos entre 14, Argentina tiene 'humanamente' alrededor de 13 años y medio, o sea, está en la edad del pavo.

Es rebelde, pajera, no tiene memoria, contesta sin pensar y está llena de acné (¿será por eso que le dicen el granero del mundo?

Casi todos los países de América Latina tienen la misma edad y, como pasa siempre en esos casos, forman pandillas.

La pandilla del Mercosur son cuatro adolescentes que tienen un conjunto de rock. Ensayan en un garaje, hacen mucho ruido y jamás han sacado un disco.

Venezuela, que ya tiene tetitas, está a punto de unirse a ellos para hacer los coros. En realidad, como la mayoría de las chicas de su edad, quiere tener sexo, en este caso con Brasil, que tiene 14 años y el miembro grande.

México también es adolescente, pero con ascendente indígena. Por eso se ríe poco y no fuma ni un inofensivo porro, como el resto de sus amiguitos, sino que mastica peyote, y se junta con Estados Unidos, un retrasado mental de 17, que se dedica a atacar a los chicos hambrientos de 6 añitos en otros continentes.

En el otro extremo está la China milenaria. Si dividimos sus 1,200 años por 14 obtenemos una señora de 85, conservadora, con olor a pipí de gato, que se la pasa comiendo arroz porque no tiene -por ahora- para comprarse una dentadura postiza. La China tiene un nieto de 8 años, Taiwán, que le hace la vida imposible.

Está divorciada desde hace rato de Japón, un viejo cascarrabias, que se juntó con Filipinas, una jovencita pendeja, que siempre está dispuesta a cualquier aberración a cambio de dinero.

Después, están los países que acaban de cumplir la mayoría de edad y salen a pasear en el BMW del padre. Por ejemplo, Australia y Canadá, típicos países que crecieron al amparo de papá Inglaterra y mamá Francia, con una educación estricta y concheta, y que ahora se hacen los locos. Australia es una pendeja de poco más de 18 años, que hace topless y tiene sexo con Sudáfrica; mientras que Canadá es un chico gay emancipado, que en cualquier momento adopta al bebé Groenlandia para formar una de esas familias alternativas que están de moda.

Francia es una separada de 36 años, más puta que las gallinas, pero muy respetada en el ámbito profesional. Tiene un hijo de apenas 6 años: Mónaco, que va camino de ser puto o bailarín... o ambas cosas. Es amante esporádica de Alemania, camionero rico que está casado con Austria, que sabe que es cornuda, pero no le importa.

Italia es viuda desde hace mucho tiempo. Vive cuidando a San Marino y al Vaticano, dos hijos católicos idénticos a los mellizos de los Flanders. Estuvo casada en segundas nupcias con Alemania (duraron poco: tuvieron a Suiza), pero ahora no quiere saber nada con los hombres.

A Italia le gustaría ser una mujer como Bélgica: abogada, independiente, que usa pantalón y habla de política de tú a tú con los hombres (Bélgica también fantasea a veces con saber preparar espaguettis).

España es la mujer más linda de Europa (posiblemente Francia le haga sombra, pero pierde espontaneidad por usar tanto perfume). Anda mucho en tetas y va casi siempre borracha. Generalmente se deja follar por Inglaterra y Después hace la denuncia.

España tiene hijos por todas partes (casi todos de 13 años), que viven lejos. Los quiere mucho, pero le molesta que, cuando tienen hambre, pasen una temporada en su casa y le abran la nevera.

Otro que tiene hijos desperdigados es Inglaterra. Sale en barco por la noche, se tira a las pendejas y a los nueve meses aparece una isla nueva en alguna parte del mundo. Pero no se desentiende de ella. En general las islas viven con la madre, pero Inglaterra les da de comer. Escocia e Irlanda, los hermanos de Inglaterra que viven en el piso de arriba, se pasan la vida borrachos y ni siquiera saben jugar al fútbol. Son la vergüenza de la familia.

Suecia y Noruega son dos lesbianas de casi 40 años, que están buenas de cuerpo, a pesar de la edad, pero no le dan bola a nadie. Cojen y trabajan, pues son licenciadas en algo. A veces hacen trío con Holanda (cuando necesitan porro); otras, le histeriquean a Finlandia, que es un tipo medio andrógino de 30 años, que vive solo en un ático sin amueblar y se la pasa hablando por el móvil con Corea.

Corea (la del sur) vive pendiente de su hermana esquizoide. Son mellizas, pero la del norte tomó líquido amniótico cuando salió del útero y quedó estúpida. Se pasó la infancia usando pistolas y ahora, que vive sola, es capaz de cualquier cosa.

Estados Unidos, el retrasadito de 17, la vigila mucho, no por miedo, sino porque le quiere quitar sus pistolas.

Israel es un intelectual de 62 años que tuvo una vida de mierda. Hace unos años, Alemania, el camionero, no lo vio y se lo llevó por delante. Desde ese día Israel se puso como loco.

Ahora, en vez de leer libros, se lo pasa en la terraza tirándole piedras a Palestina, que es una chica que está lavando la ropa en la casa de al lado.

Irán e Irak eran dos primos de 16 que robaban motos y vendían los repuestos, hasta que un día le robaron un repuesto a la motoneta de Estados Unidos y se les acabó el negocio. Ahora se están comiendo los mocos.

El mundo estaba bien así, hasta que un día Rusia se juntó (sin casarse) con la Perestroika y tuvieron como docena y media de hijos. Todos raros, algunos mongólicos, otros esquizofrénicos.

Hace una semana, y gracias a un despelote con tiros y muertos, los habitantes serios del mundo descubrimos que hay un país que se llama Kabardino-Balkaria. Un país con bandera, presidente, himno, flora, fauna...y ¡hasta gente!

A mí me da un poco de miedo que aparezcan países de corta edad, así, de repente. Que nos enteremos de costado y que, incluso, tengamos que poner cara de que ya sabíamos, para no quedar como ignorantes Y yo me pregunto:

¿Por qué siguen naciendo países, si los que hay todavía No funcionan?

martes, 7 de abril de 2009

lunes, 6 de abril de 2009

Carta de Jorge Lanata a los lectores del diario


Debo ser una de las personas que más se ha despedido en los medios. Hay quienes lo han visto como una postura dandy. Seguiré vinculado a Crítica de la Argentina y vuelvo a la TV.

Debo ser una de las personas que más se ha despedido en los medios. Me despedí de Página/12, de Veintitrés, de la radio. Me despidieron de la televisión. Me he despedido como víctima de la fatalidad o como ejercicio de libertad. Hay quienes lo han visto como una especie de postura dandy: -Se aburre y se va - dicen, etiquetando.

Hace muchos, muchos años decidí vivir de acuerdo a lo que pienso. Vivo, entre otras
contradicciones, la de levantar empresas sin decidirme a ser un empresario: no creo que el dinero otorgue la razón, ni siquiera que sea un mérito tenerlo. Siempre me causó gracia esa costumbre que lleva a los demás a felicitar al dueño de un auto o una casa nueva, “Te felicito”, dicen. Nunca te felicitan por tener una idea. Dirigir un diario exige no sólo luchar para captar lectores, tener buenas notas, comunicarlas con ingenio, pelearse con los otros medios, el poder, etc., sino también desvelarse por la distribución, el costo del papel, los ajustes de salarios, la falta de publicidad, las estrategias de crecimiento, los bancos y las cuentas. Comencé esta empresa con un veintiocho por ciento de su propiedad y después de volver –otra vez– a vender una casa y poner mis ahorros pero el vértigo del primer año paralelo al crecimiento del proyecto, llevó a que el necesario aporte del resto de los socios redujera mi participación a un 5%. Una empresa, claro, no sólo depende del dinero para comenzarla, sino del flujo para mantenerla mientras se estabiliza. Vivo de mi trabajo, no tengo capital y realmente no soy útil en la desgastante pelea entre quienes disponen del dinero y quienes lo gastan en la producción.

En acuerdo con el resto de los accionistas decidí dejar la dirección periodística de Crítica de la Argentina, aunque seguiré vinculado al diario escribiendo cada domingo el panorama político junto a Luciana Geuna y Jesica Bossi. Marcelo Figueiras, el presidente de la empresa, Antonio Mata, el resto de los accionistas y los editores de la redacción continuarán con su trabajo de siempre en un diario que crece y se consolida en el camino hacia su segundo año en el mercado.

Nuestro contacto, de todos modos, seguirá siendo cotidiano: desde el próximo martes 14 vuelvo a la televisión con Después de todo, un ciclo diario de 20.00 a 20.30 en el Canal 26. Y los domingos en Crítica de la Argentina. Sigo buscando, como ven, motivos para complicarme la vida.

PD: Párrafo aparte merece la reacción de ayer de algunos medios al informar con verdadera mala leche sobre esta noticia. Es gracioso y patético verse corrido por izquierda por Clarín: que el diario que convivió e hizo grandes negocios con los militares (Papel Prensa, junto a La Nación), gerenciado por la señora que se sospecha apropiadora de hijos de desaparecidos, que implementa el terror como política laboral (no tiene, por ejemplo, comisión interna) sostenga en un artículo sin firma que Crítica “moderó últimamente su posición sobre Kirchner” es tan torpe que resulta cándido. “Lanata se va por la caída en las ventas” dice Clarín luego de aclarar que no tiene cifras del IVC sino afirmaciones del mercado. Crítica tiene, sin embargo, cifras del IVC: en febrero Clarín cayó 61.875 ejemplares los domingos y 26.213 de lunes a viernes. Cifras altas incluso para los 250.000 ejemplares promedio de Clarín. El diario que montó ilegalmente Radio Mitre, que obtuvo Canal 13 del menemismo y logró la fusión monopólica del cable con Kirchner nos acusa de falta de independencia. Clarín no soporta que no le tengan miedo. Me hubiera gustado, al menos, dar esta pelea con Roberto Noble, su creador, y no con su lobbista Héctor Magnetto y el genuflexo señor Kirschbaum, cada día más encorvado por decir que sí. Nada de lo que digan sobre nosotros cambiará la imagen que ustedes tienen al mirarse al espejo.

miércoles, 1 de abril de 2009

El grupo Animalario vuelve a triunfar en los Premios Max


Animalario, el grupo más controvertido y polémico del teatro español, se ha hecho adicto a las estatuillas de Joan Brossa con las que se otorgan los Premios Max de las Artes Escénicas y además le da risa serlo. Se hizo con cuatro de las cinco a las que aspiraba el pasado lunes por la noche (director de escena Andrés Lima, mejor adaptación teatral Alberto San Juan, mejor actor protagonista Javier Gutiérrez y mejor productor privado, galardón éste último que se lleva por cuarta vez en cinco años) y dejó para el Teatre Lliure la de mejor espectáculo teatral por 2666, impactante y bellísimo montaje dirigido por Àlex Rigola e inspirado en el texto de Roberto Bolaño, que también se hizo con el Max a la mejor escenografía de Max Glaenzel y Estel Cristià. Cabaret líquido de Lavi e bel obtuvo el Max al mejor espectáculo musical y Sirena a la plancha, de Sol Picó, el de danza. Los hubo que se llevaron las estatuillas por partida doble como Carles Santos (dirección musical y composición); Germanes (Carol López, autor catalán, y Paul Berrondo actor de reparto); Teresa Nieto (coreografía e intérprete de danza); La tortuga de Darwin se hizo con los dos premios a los que optaba (Juan Mayorga, autor en castellano, y Carmen Machi, actriz protagonista); Barroco (iluminación de Juan Gómez Cornejo y figurinista Angelina Adlagic).

El Max de Honor fue para el director Miguel Narros, que lo recibió con una calurosa ovación del público; el hispanoamericano, para el autor argentino Roberto Cossa, y el de nuevas tendencias, para Escena Contemporánea . El Premio de la Crítica que concede un jurado de expertos teatrales recayó en El mes de la danza, de Sevilla.

Hubo otros galardonados en la gala de los XII Premios Max celebrada en el Teatro Cuyás de Las Palmas, con aromas humorísticos y de teatro independiente. Fue más grata de seguir en directo que por TVE y en ella destacaron Sexpeare, Ángel Ruiz, Ron La La y Leo Bassi.

El momento más emocionante llegó con la intervención de Alberto San Juan, que pidió más apoyo para los emigrantes, como el argelino de su obra, porque "no se está haciendo una guerra contra la pobreza, sino contra los pobres".